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lunes, 21 de febrero de 2022

Nada en común

Caminos transversales. A veces nos encontramos, pero por poco tiempo, con poco tema. Normalmente, andamos por ahí tan perpendiculares, sin entender mucho lo que siente o hace el otro. Entiendo que muestras comportamientos particulares por algún motivo válido para ti, pero no deja de resultarme desconsiderado, impensable, absurdo. Creo que solo queda respetar sin pensarlo mucho —tal vez una cortesía marginal— y alejarse en esta órbita de contacto antes de agarrar otra arrechera más.

miércoles, 26 de junio de 2019

Hoy se casan

Hoy se casan Ana y José. Se casan dos visiones distintas del mundo. Se casan dos paquetes de situaciones no resueltas. Se casan “para hacerse felices”, aunque solos no conocieron la felicidad. Se casan para que todo cambie, para que todo mejore.  Se casan sin llegar a acuerdos, sin negociar quién hará qué y quién no lo hará. Se casan “para toda la vida”, sin saber qué es la vida. Se casan dos para ser como uno, pero siguen siendo individuos distintos con inquietudes distintas que aparecerán y reclamarán lo suyo después de la luna de miel. Se casan para cambiar al otro, aunque sin saber nada del otro. Se casan, pues, con la imagen propia que tienen del otro, sin saber que el verdadero “otro” existirá siempre y siempre estará allí para recordárselos. Se casan, finalmente, para identificarse con la relación, para colocar todos los huevos en una cesta, para temer la separación, para “morir si se me va”. A pesar de todo, vayan nuestras felicitaciones para Ana y para José… ¿un tequeñito?

jueves, 13 de junio de 2019

Que cualquier dios te bendiga

Entonces hubo un dios amoroso, uno vengativo, uno permisivo, uno alcahueta y otro con barba; todos ellos desfilando en las cabezas de las personas, uno para cada quien, claro, dependiendo de la propia percepción de la divinidad, de la cosa superior, del todo. Personalmente, conocí a un cristiano que afirmaba que su dios le daba permiso para tomarse unas cervecitas. Puede que hasta risa produzca esta afirmación, pero creo que hay que reconocer que, al menos, estuvo dispuesto a decirlo —con desparpajo y todo—, a diferencia de quienes conciben a un “Dios” autoconfeccionado según sus propias medidas, necesidades y conveniencias, y lo tienen bien escondidito donde nadie les pregunte. Y así es como cuando van al culto semanal, cuando el pastor dice “Jehová”, cada uno se concentra en la deidad que fabricó hace algún tiempo y que se podría comportar más como su padre terrenal y no como el creador del universo. La iconografía católica tradicional, la interpretación no discutida de la Palabra, el parecer del pastor o el cura de turno, así como el maquillaje personalísimo que le aplica cada individuo, forman todos juntos un plato tan variado y desvirtuado que quién sabe si, finalmente, cada uno de los que sale del templo el domingo al mediodía lo relaciona con la espiritualidad, con esa conexión íntima y poderosa que a cada uno de nosotros nos gustaría tanto experimentar.