Tener sexo, hacer el sexo, hacer el amor. No es cualquier cosa. Es nada menos que dos cuerpos desnudos juntos, desabrochándose la mente, de sus argumentos y complejos, ejerciendo las ganas y dejándose llevar. Es tomar tu aliento, oler tu piel, saborear con atrevimiento lo que ahorita se siente tan mío. Es, después de un rato y a pesar de tanto acuerdo y aclaratoria ilusa, comenzarme a meter en tu cabeza, en tu corazón, en tu vida. No es cualquier cosa, aunque sea solo una vez, aunque se indique que no tendrá consecuencias que desbarajusten tus planes. No es cualquier cosa, y tan no lo es, que todavía pienso en ti en la oscuridad, que todavía me gustas como la primera vez, cuando nos dijimos, con autoengaño compartido, que no pasaría de aquella tarde.
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miércoles, 16 de septiembre de 2020
miércoles, 17 de julio de 2019
¿Mi hija? ¿Sexo? ¡Qué va!
Tu mamá tuvo sexo. Tu tía también tuvo sexo. Tu
esposa, obviamente, tuvo sexo. Adivina: tu niña va a tener sexo. En algún
momento de su vida va a ocurrir. Tu tesorito, al crecer, va a desarrollar las
ganas de estar con un hombre y debes acostumbrarte a la idea. Lo que ahora es
una negación categórica de tu parte, tendrá lugar y no estarás cerca –esperemos
que no− para impedirlo. Ojalá no te vuelvas muy loco desde ahora. Ojalá no
salgas corriendo a implementar métodos medievales para impedir que lo que es
natural tenga su lugar. Ojalá no la encierres o la espíes. Ojalá no le inyectes
la moral pacata que le saboteará la plenitud que ofrece el momento, cuandoquiera
que este ocurra. Ojalá no destruyas, cada vez, la ilusión de estar con quien ella
escoja con el corazón para vivir su momento especial. Lo que sí podrías ir
adelantando es la conversa sobre lo que es y lo que implica una relación
íntima. Lo que puedes ir haciendo es cultivar la confianza en que tu muchacha
vivirá con responsabilidad las primeras apariciones del amor. Lo que puedes
intentar es ver la vida sexual futura de tu hija como algo natural, como algo
inevitable. ¿Qué no lo haga la primera vez con el príncipe ese que mencionan en
la revista? …eso no vendría siendo tu problema. Tu “problema” debería ser contribuir
para darle las herramientas, el discernimiento y la oportunidad de quererse
ella misma, de decidir, de ser, en lugar de agitarle en su cara, cada vez que
sientas la amenaza de que “un desgraciado toque a tu princesa”, la bandera del
pecado y la moral como instrumento lamentable de amedrentamiento, solo porque eres
un troglodita moderno lleno del miedo machista de perder algo que no es tuyo.
Podría ser, ahora que lo pienso, mi querido papá, que solo temes que tu
repollito se encuentre en la calle con tipos como tú.
miércoles, 1 de mayo de 2019
Papás pillados
Con la
luz del amanecer deslizándose por el balcón. En pleno acto. En plena pasión
loca. En ese exacto momento cuando parece que todo va a explotar, entró
Danielito. Nos paralizamos al instante, como si nos fuésemos desenchufado, y
con los ojos clavados en la silueta madrugada de la luz de nuestras vidas,
sentíamos cómo todo se desinflaba, cómo todos los engranajes se detenían en
medio del calor, y cómo se desprendía el humo prematuro y residual de nuestros
cuerpos en shock. Poco a poco, quienquiera que estuviese arriba, se bajó
lentamente, como serpiente avergonzada, jadeante y sin quitarle la vista al vástago
que todavía se frotaba los ojos —quién sabe si por efecto del sueño o para
confirmar la novedad—. Nuestra risa de “hola, mi amor, ¿te levantaste temprano?
Ji, ji” intentó distraer la atención de aquellos ojos ya bien abiertos y todavía
sembrados en un gesto de asombro. Si no fuese nuestro hijo, hasta pensaría que
había algo de morbo en su presencia. Unos segundos después, ya sentados y con
la cobija a media asta, tal vez se nos ocurriría la primera estupidez para
salir del enredo, por ejemplo: “tu papi y yo estábamos jugando al caballito”. Danielito,
al escuchar semejante cosa, cerraba la puerta y, justo antes de irse, sonrió y
dijo: “Yo sé qué estaban haciendo. Tranquilos, que ya tengo 17 años”. Después
del portazo, desde el pasillo, se escuchó inmediatamente: “Por cierto, ¡feliz
aniversario!”
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