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viernes, 21 de junio de 2019

Descansa un poco

Saber tu pasado no me ayuda para nada. Yo solo veo y siento lo que tengo enfrente: a ti. Que me quieras contar sobre tus “años terribles” no agregará nada a lo que ya sé, y que me parece suficiente. Más bien quiero que te relajes, que te sientes a mi lado en silencio. Quiero que comprendas que no te estoy pidiendo nada. No quiero tu moral trabajada ni tu maleta llena de esfuerzos por “salir adelante”. Solo quiero que seas lo que el día te lleve a ser. Quiero que desde un nuevo y total equilibrio abras los ojos y sientas tu entorno de un modo distinto, nuevo, sin prejuicios, sin resistencias, porque no hay nada qué resistir. La vida no es lucha, sino flujo. Acepta y déjate llevar por la pureza de lo que eres realmente. Sin bueno ni malo, porque son solo etiquetas que colocaste durante años y que solo te sirvieron para sentenciar a tu semejante. Duerme un rato. Cuando te despiertes, nos tomaremos un cafecito y nos sentaremos en el afuera para respirar un poco del cerro y seguir en esta paz que solo produce movimientos acertados, amorosos, sin apegos. Hazme caso y verás cómo desaparecen esas gríngolas absurdas para ver, al fin, todo lo que te ofrece la vida y no apenas esa limosna que has aceptado hasta ahora con desatinada gratitud.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Perro equilibrio

Desgraciado el balance que debo mantener para poder dormir en paz. Perro equilibrio que tengo que cuidar para caminar sin miedo. Es un promedio calculado entre altas y bajas de un carrusel que no solicité. Es navegar entre emociones ingobernables que empujan para arriba y luego halan hacia abajo, no se sabe con qué aparente despropósito. Tengo pereza de luchar contra mis problemas apenas aparecen y estos luego forman una ola que se estrella contra mi pecho y me deja tirado en el suelo cada vez, lamentando no haber actuado, como dicen, “correctamente”. Me caen recetas del cielo, prescripciones impelables de las viejas cacatúas, panaceas invencibles de los entendidos en el tema, pero nada: no agarro ánimo. Aunque estoy harto de las sustancias y las personas nocivas, estas son las que saltan a mi lado cuando chasqueo mis dedos. ¿Qué no son buenos? ¿Y quién lo es? No encuentro otras válvulas de escape para lograr el nivel adecuado de silencio, manquesea por un ratico, para evitar reventar por la presión del camino. Que vivo distraído de la realidad, dicen, pero mi realidad parece ser esta, la de correr y correr sin parar, la de cerrar los ojos por un rato, buscando una trinchera para el reposo anhelado, arriesgándome, lo sé, a que se convierta en mi tumba.