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lunes, 6 de enero de 2020

De la inconciencia a la acción

Dormitando en la IGNORANCIA permanezco inmóvil, inamovible, desinteresado… casi muerto. En este quieto torbellino de la INCONCIENCIA en el que pudiera no dañar a nadie, seguro estoy engrosando el saco de joyitas que no ayudan a mejorar las cosas y que llevan esto directo al hueco. Al observar alrededor veo situaciones en las que no quiero involucrarme por fastidio y sigo caminando, haciéndome el loco lo más que pueda. Tratando de aplicar la INDIFERENCIA, me tropiezo con uno de los escenarios de los que huía y ante la flagrancia y la inevitabilidad, no puedo más que integrarme a medias y actuar con la NEGLIGENCIA por un rato, a ver si al fin me despiden y me liberan de la empresa de turno. De repente, algo me llama la ATENCIÓN y surge en mí el INTERÉS, la CURIOSIDAD, y me acerco para ver de qué se trata. A pesar de mi inercia constante, algo en el camino me resultó interesante. Observo y observo y se van formando figuras en mi cabeza sin usar y se van definiendo espacios, ideas; se va reconociendo al prójimo y van apareciendo relaciones entre todos. Un nuevo universo aparece ante mí y súbitamente me siento parte de algo mucho más grande, de algo complejo en lo cual tengo un rol que desempeñar. Tengo CONCIENCIA. Es entonces cuando miro el panorama completo, mi nuevo escenario de vida, que tomo la DECISIÓN de hacer un plan que levante la calidad de mi interior y de mi entorno. Con las herramientas adquiridas, con mi nueva visión del mundo y con un impulso que no conocía hasta ahora, salgo a la calle, salto a la ACCIÓN, para llevar afuera lo que hasta ahora tenía para dar.

domingo, 11 de agosto de 2019

¿Un milagro? no te creo

¿Un milagro curativo, un milagro repentino? No te creo. Lo que ocurrió fue solo una vuelta a una normalidad olvidada, a un equilibrio perdido, al estado inicial perfecto de las cosas. Milagro no. Es otra cosa. Nuestra percepción, sumergida desde hace años en una rutina demente, en un declive imperceptible pero constante, se acostumbró a ver hacia el suelo, a esperar menos de nuestro cuerpo. Nuestra mente, en busca de un espejismo de bienestar, se guindó en nuestra verdadera calidad de vida y la dobló hacia abajo, separándola de ese funcionamiento inmaculado que constituye en sí mismo un milagro constante, y por lo tanto imperceptible. Durante décadas fuimos minando la máquina perfecta sin remordimiento alguno hasta casi lograr su destrucción, y es cuando aparece un mecanismo “milagroso” que nos acerca de nuevo, a una velocidad increíble para nuestros empobrecidos estándares, al funcionamiento perfecto del que nos alejamos ya hace tiempo, gritamos con desvarío que se trata de un milagro. No ocurrió el milagro. Nos alejamos inconsciente y progresivamente del milagro de vivir en plenitud y ahorita lo podemos sentir de nuevo, súbitamente, como un fantasma amigable, sin tomar jamás la más mínima responsabilidad en lo que haya ocurrido. No cabe duda de que la inercia nos hará caer de nuevo en el sopor de siempre, que nos apartaremos, cada vez, del camino de la conciencia y haremos un bochinche de nuevo con nuestra salud… hasta que aparezca el próximo milagro.

jueves, 18 de julio de 2019

Todo se jode en el camino

Todo se daña en el camino. Todo se jode después de comenzar. Ya tu compañía no me llena. Ya no quiero estudiar esto. Ya no me gusta tu cuerpo. Ya me aburro en esta casa. Ya los coloraos y sus amigos agarraron el gobierno y la plata y no puede ser peor. Ya los azules y sus amigos agarraron el gobierno y la plata y no puede ser peor. Parece que no hay visión. Parecemos ciegos porfiados y de esperanza irresponsable escogiendo camino. Somos necios egoístas defendiendo una decisión sin futuro ni rentabilidad. Somos los dignos opuestos de Midas, convirtiendo en estiércol y abandono todo lo que tocamos. ¿Qué nos pasa? ¿Qué hay dañado dentro de nosotros? ¿No sería más sencillo decidir vivir mejor en colectivo? ¿Qué cosa tan poderosa hace que intentemos infructuosamente violar el curso de nuestra propia naturaleza, solo para luego tragarnos el golpe de frente? ¿Qué estupidez empecinada subyace en esa ceguera inducida que luego se endurece y se disfraza de “criterio” aplaudido? La superficie del planeta puede dar cuenta de nuestra eficiencia en la administración de los recursos. Somos, parece, imbéciles que viven en islas mentales que se vuelven más pequeñas cada vez; criminales inconscientes con fuerzas y ganas infinitas de juzgar, resistir y apegarse a lo temporal. Todavía no es tarde, pero mira, ese reloj no para.

domingo, 19 de mayo de 2019

¿De qué quieres sufrir?

De qué quieres sufrir, sería una pregunta pertinente al momento del nacimiento, pero nadie la hace. Igual, sería una pregunta con respuesta azarosa porque nadie ha vivido. Pero luego, al pasar los años e irse definiendo los acontecimientos por voluntad propia, ya sería el momento de responder a esa pregunta. ¿Quieres sufrir de soledad, del estómago, de nostalgia? Por muy autosuficiente, preclaro o experimentados que seamos, la inconciencia parece tener su espacio en nuestra vida y no seremos estrictos con ella. Se podría decir más bien que protegemos ese pequeño espacio que damos al actuar ligeramente, desdeñando las consecuencias de ciertos actos que sabemos que nos harán daño o a otros. Pero lo dejamos así y más adelante, hasta aparentaremos la sorpresa ligada al yo lo sabía juntos. No habrá explicación racional posible. No podremos echar mano a las herramientas retóricas o académicas bien afiladas para dar a entender por qué dejamos que todo ocurriera. “¿De qué quieres sufrir?” es una pregunta absurda porque nadie quiere sufrir intencionalmente ‒eso sería locura‒, pero mira que con qué urgencia necesitamos preguntárnosla, y, en principio, contestarla para comenzar el proceso de curación y dejar de incurrir en comportamientos dementes y autodestructivos.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Flor de alcantarilla

Flor de alcantarilla. En la oscuridad, lejos de la vista de quienes te necesitan. En el silencio, apartada de quienes necesitan escuchar de tus días. Al margen, en medio de tanta pestilencia que no deja distinguir tus aromas. Ya todo cambió. Ya nada es como cuando aparecieron las flores. El entorno se volvió tan turbio que todos miran hacia otros lados más brillantes, con más colores que los tuyos, con sonidos confusos, comparados con tu consabida quietud. Ya nadie te admira, ya nadie sabe que existes en su realidad; de hecho, la mayoría solo te conoce por las gráficas parpadeantes y acomodaticias de los fabricantes de ilusiones. Eres uno de los seres que insiste, sin saber, con tu existencia azarosa, en mostrar un mensaje implícito e ininterrumpido sobre las posibilidades que siempre existirán de vivir en un mundo de equilibrios mágicos, de flujos milagrosos que dejarían pasmado a cualquiera de los pensadores de siempre, a los vendedores de verdades retorcidas y embusteras. Sabemos que hay muchas como tú. Ya confirmamos que están dispersas por todo el mundo y que, sin la intención de resistir, les basta emitir ese mensaje silencioso, perfumado e iluminado que la gente hastiada aguarda con esperanza. Pero también sabemos que el cambio no vendrá escondido entre la pasión desmedida, con venganzas ni con imposiciones. Por eso, lo delicado de la misión. El avance de los acontecimientos se verá permeado por la torpeza, por la desmesura, por la presión de lo inmediato. Una y otra vez se repetirá la historia hasta que las flores se junten, silencien las mentes atosigadas y se produzca, al fin, el darse cuenta, lo sencillo de todo el cuento y el gozo sin complejos, sin esfuerzos ni resistencias. Será el comienzo de todo. Tendremos una oportunidad más. Será una vuelta más de esta ruleta de miles de años que ya no puede más. Pero, por ahora, no te entusiasmes mucho. Por ahora, queda camino por andar, sensateces por conseguir, heridas por sanar. Por ahora, queda bastante locura por ejercer e ingentes recursos por malgastar. Por ahora, no se conoce la solución y deberán seguirse quemando los cartuchos a la mano. Por eso es que, aún dormidos, allá afuera todos tomarán una bandera distinta cada día y seguirán matando a sus hermanos.

jueves, 21 de febrero de 2019

¿Honesto yo?


Ya casi no me hablo. Me miro y paso de largo. Me da una ladilla pesaísima decirme mis cosas en la cara. De hecho, a veces me pregunto cuál es el peo, pero, pensándolo bien, no lo sé o no quiero saberlo. Mientras mi silencio se prolonga y el corte de la comunicación conmigo mismo va a las mil maravillas, me va dando gripe, luego sarpullido y finalmente el divorcio. Debo hablarme de nuevo. Debo reintentar saber en qué ando internamente. Escuchar a tanta gente allá afuera no me ha servido de mucho, a pesar de la buena intención de algunos. Durante dos noches que llegué a la casa solo y antes de dormir (solo) apagué la luz para ver qué salía, pero solo salieron las canciones nuevas de reguetón, mientras me acordaba de las rumbas buenísimas a las que iba. Pero no quiero hablarme. No quiero escucharme. El diálogo sigue roto. La peor separación es conmigo mismo, y siento que voy a reventar si no resuelvo esto. La inconciencia me partió en dos: en el que jode y en el que sufre, y mientras estos dos mequetrefes no aprendan a quererse de nuevo, creo que estaré irremediablemente jodido.