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miércoles, 16 de septiembre de 2020

Amarse de retruque

Amarse a sí mismo. Esa pacífica sensación de escucharse en el silencio y responder con compasión hacia el propio yo. Sin drama, sin usar la tan gastada bandera del merecimiento, sin reclamos a la vida, a los demás; dejando de ser parte de una red intrincada de egos rellenos de ese drama, en el que el sacrificio, el pobrecito yo y el a mí nadie me jode tienen un lugar atornillado que no deja fluir las situaciones, que se enredan casa vez más,  que no dejan de morderse la cola para generar nuevas situaciones, nuevas soluciones, nuevas paces... Amarse a sí mismo, hacer la aritmética adecuada y descubrir el verdadero impulso que se necesita para ayudar al otro, para no sufrir, para no cagarla.

martes, 8 de octubre de 2019

Matrimonio conmigo

Decidí terminar el bochinche que tenía desde hace rato. Decidí acabar con ese amancebamiento de pasión y desdén que traía a cuestas. Decidí casarme conmigo. Sé que suena raro, pero creo que es lo que debo hacer. Debo prepararme en serio para el compromiso… no es cualquier cosa. Creo que el concubinato debe terminar lo más pronto posible y convertirse, al fin, en un proyecto adulto. Para que el asunto tenga mayor rigor, meditaré y escribiré los votos para conmigo y los recitaré el día de la ceremonia. Ustedes me disculparán, pero esto se efectuará en tales condiciones de intimidad, que ni siquiera la familia o los amigos estarán invitados.  Lamentablemente para los aficionados a los bailes y los tequeños, el acto no tendrá ese carácter mundano de siempre. Llegó el momento de sincerarme y decir, de una vez por todas, cuáles son mis verdaderas intenciones en esta relación conmigo. Se acabó el zigzagueo entre el aburrimiento y la embriaguez que esconde mi fracaso parcial por no encontrar mi camino. Así que, bañadito y entalcadito, haré la promesa solemne de amarme y respetarme a mí mismo, así como obrar en favor de mis más constructivos intereses, porque miren la cosa es hasta que la muerte me separe.

jueves, 21 de febrero de 2019

¿Honesto yo?


Ya casi no me hablo. Me miro y paso de largo. Me da una ladilla pesaísima decirme mis cosas en la cara. De hecho, a veces me pregunto cuál es el peo, pero, pensándolo bien, no lo sé o no quiero saberlo. Mientras mi silencio se prolonga y el corte de la comunicación conmigo mismo va a las mil maravillas, me va dando gripe, luego sarpullido y finalmente el divorcio. Debo hablarme de nuevo. Debo reintentar saber en qué ando internamente. Escuchar a tanta gente allá afuera no me ha servido de mucho, a pesar de la buena intención de algunos. Durante dos noches que llegué a la casa solo y antes de dormir (solo) apagué la luz para ver qué salía, pero solo salieron las canciones nuevas de reguetón, mientras me acordaba de las rumbas buenísimas a las que iba. Pero no quiero hablarme. No quiero escucharme. El diálogo sigue roto. La peor separación es conmigo mismo, y siento que voy a reventar si no resuelvo esto. La inconciencia me partió en dos: en el que jode y en el que sufre, y mientras estos dos mequetrefes no aprendan a quererse de nuevo, creo que estaré irremediablemente jodido.