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domingo, 16 de febrero de 2025

La creencia como instrumento

En este mundo material y de conceptos en que nos manejamos es imposible ver la realidad de cerca, por lo que la búsqueda de la verdad resulta una aventura infructuosa desde cualquiera de las perspectivas. Cuando jóvenes arrancamos con algunas teorías aparentemente sólidas que la experiencia y el aprendizaje va minando, terminando cada uno lejos de donde arrancó. La solución ante la imposibilidad de tocar la realidad con la mano son las creencias. Resulta cada vez más evidente que las creencias son el instrumento indicado para establecer una verdad usando nuestra voluntad y el grado de conciencia a la que podamos acceder. Eso sí: sin dramas ni escándalos. Las creencias tienen mala prensa porque se han restringido a la religión y a un sector de la política, sin tener en cuenta que cada conocimiento no comprobable por nosotros es una creencia. Esta vez no serían estorbos que impidan reflexionar. Por el contrario, nos servirán para establecer los temas y sus perspectivas con la mayor coherencia posible. Saber que manejamos creencias y no el conocimiento definitivo nos liberará de los dogmas autoimpuestos y nos permitirá mantener el oído, los ojos y el corazón abiertos al crecimiento personal serio y a perfeccionar, ¿por qué no?, cada una de nuestras creencias para seguir trabajando en el marco ético en el que queremos fluir, cada vez, con mayor tranquilidad y sintiendo que hemos hecho lo correcto.


lunes, 23 de mayo de 2022

Mi verdad resultó creencia

Mirando alrededor, revisando historias, comparando resultados e identificando incoherencias, mi opinión hasta ese el momento se debilitó hasta desaparecer ante mis ojos y me vi de repente entre un grupo de gente que predica y no practica, de esos que dan con una muy honesta conclusión que nunca llega a hechos concretos que produzcan la felicidad. Descubrí que mi verdad era solo mi creencia. Sin embargo, y por sobre esa reflexión, no tengo nada mejor en qué creer y tal parece que así seguiré, escudriñando, tejiendo mi propio criterio, pero esta vez sabiendo que tengo una opción entre muchas, un instrumento conveniente para sentirme bien conmigo mismo, una puerta abierta al respeto a los demás. Tal vez sea un alivio saber que mi creencia no tiene el peso agotador de la verdad absoluta, pero que sí me produce un bienestar digno de mis necesidades particulares y que me traerá esa felicidad siempre tan escurridiza.

viernes, 10 de abril de 2020

Creando la creencia

Cada quien crea la creencia en la que le gustaría creer, en la que necesita creer. Cada uno, en su soledad, en su intimidad, trama consciente o inconscientemente el lente con el que mirará a lo que se enfrente en la vida. Algunos son originales y tejen su propia manera de ver la existencia, tomando en cuenta sus experiencias y su visión personalísima, y de verdad que de ahí puede salir cualquier cosa. Otros toman creencias que ya existen y las ajustan disimuladamente a sus patrones mentales. De ahí, pues, que hay un Dios que te da permiso para caerte a palos, a juzgar esto o aquello, o bien, un universo que está girando a tu derredor —y de más nadie— y te da el poder de declarar bienestares o malestares sobre quienes le rodean. Otros, no menos creativos, tomarán las enseñanzas de algún gurú de moda e instalarán dentro de sus cabezas ciertas sentencias no digeridas aún con una torsión sumamente rara y conveniente para el discurso, las cuales terminarán en un patuque con el que fastidiará a quien se atreva a sentarse a su lado, eso sí, esperando que el otro crea en lo mismo que él.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Quiero médicos catires

Quiero un médico catire. Bueno, cuando menos, uno blanco y de pelo negro que me explique cómo es que funcionan la salud y las medicinas. No quiero negritos, tipos con pinta de indiecito o señoras arrugadas que no estudiaron nada explicándome cosas de salud o bienestar: esa gente no sabe nada. No quiero maticas sancochadas, compresas caseras ni nada que huela a sospecha, a duda, incluso a negligencia de gente iletrada. No. Yo quiero clínica, yo quiero batas blancas, quiero secretaria bonita; yo quiero aire acondicionado y musiquita. No quiero la factura, claro, pero como esa gente es tan bonita y debe saber mucho, qué se le va a hacer… ¡Quítame ese guarapo de enfrente!