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martes, 18 de junio de 2024

La conducta amorosa hacia el prójimo

Uno de los preceptos de la tradición cristiana es amar a tu prójimo como a ti mismo. Por otro lado, no he escuchado claramente, de los “voceros” de esta tradición, cómo es “amarse a uno mismo”. Lo que percibo a primera y segunda vista es que amarse uno mismo es algo egoísta, que siempre la conducta amorosa debe apuntar hacia el otro, hacia ese prójimo. Pero tomando al amor como el recurso más importante del universo, si alguien no lo alberga, si no lo practica, si no lo conoce, entonces no lo podría dar, no podría practicar con otro algo que no posee o incluso que no conoce. Desde el punto de vista de uno mismo, la conducta amorosa se desdibuja como todo concepto susceptible de ser interpretado, como la felicidad o la libertad. Lo que uno podría llamar conducta amorosa hacia el prójimo se va convirtiendo entonces en empresas enrarecidas, como favores, como acciones sin propósito claro o como publicidad de lo buena gente que somos, dejando al un lado el flujo de una bondad cristalina, en la que todos somos iguales, compasivos, amorosos y hasta productivos.

miércoles, 20 de julio de 2022

¿Prójimo? ¿Cuál prójimo?

"Amar al prójimo como a nosotros mismos" ya se nos fue de las manos, y no porque haya exceso de bondad, sino porque se perdió el sentido que, de algún modo truculento, asoma el Libro (digo “truculento” porque de una manera aparentemente unánime todos lo entendieron así). Quitando de la escena el odioso egoísmo de algunos para quienes el prójimo es realmente un fastidio, algo externo, ajeno, gente que floja, que no se conoce o, en el peor de los casos, no importa, por el otro lado queda un grupo de mejores gentes que malentendió el precepto y anda por ahí rajándose el cuero, según ellos, amando al prójimo. Pero ahí está el asunto: si usted no sabe lo que es "amar", le caerán encima las consecuencias de un error fundamental. Amar al prójimo no significa dejar de amarse a sí mismo. Amar al otro no implica abandonar la propia salud, la propia familia, el propio sentido de la vida. Está clarísimo que en el caso de muchas personas "amarse a sí mismos" encierra una conducta egoísta que va en contra de la doctrina, pero me resulta claro, mis muy estimados sacrificados, que abandonarse para atender a otros es un sinsentido que hasta a la propia vida amenaza y que, en términos prácticos, resulta una estupidez: si no me cuido, llegará el momento en que tampoco pueda cuidar a nadie más. La compulsión del autoabandono y la infelicidad inducidos por demostrar una supuesta santidad indica más bien falta de amor y va más allá de la demencia, de lo que se pueda entender, y claro, de lo que otros puedan aprender sanamente. Cuídate.

lunes, 27 de septiembre de 2021

Ama sin palabras

Ama sin palabras. Intenta, como novedad, dar amor sin usar las palabras, sin pronunciar etiquetas, sin considerar conceptos. Deja atrás esas representaciones de la realidad, de los sentimientos, de las emociones porque solo son eso: representaciones. Procura brindar afecto de una manera directa, que se haga realidad mientras lo haces. Deja de prometer, de hablar de las cosas importantes de la vida y sumérgete en la experiencia misma. Vive, de manera incontrovertible, lo que sientes, lo que das, lo que recibes. Deja de pensar en las palabras necesarias y acomete las acciones necesarias, por sencillas o irrelevantes que parezcan, incluso por ridícula que las consideres. Compartir con quien lo necesita sin caer en la trampa de esperar la palabra “gracias” cambio puede ocurrir sin abrir la boca. Besar, abrazar y acariciar a la persona de tus afectos puede abrir una puerta interesante y hermosa para vivir. Vivir no es hablar de la vida. Vivir no es describir o mostrar la experiencia o la expectativa ajena. Deja de usar palabras porque, entre otras cosas, es la mejor manera para crear mentiras.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Querer a mamá

 

La razón para querer a la madre es la misma que para querer al país: porque sí, por que es la nuestra, porque nos da la gana. Es tentador haber deseado que nuestra madre hubiese sido una maestra de preescolar con posgrado en crianza de gente consciente, pero no; nos tocó esta loquita que calla o que vocifera, que presiona o abandona, que leyó un libro rapidito para ver cómo es que es ser madre o incluso que no quiso saber nada de nosotros. Es lo que hay. Hay que honrarla porque sí, porque sale de las tripas, porque es inevitable y la mayor parte de las veces, no se quiere evitar. Así que palante es pallá con esa mujer que en medio de sus planteamientos silenciosos disfrazados de reprimenda te recuerda como su muchachito de siempre, el tímido o el loco desbaratado, el que siempre necesita; la que te considera como su continuación, como una parte de sí, como el amor verdadero aunque sea a carajazos. Por eso, por el detallito de darnos la vida y todo lo demás, feliz día de las madres.

viernes, 11 de octubre de 2019

Cada quien ama como puede

 “Cada quien ama como puede”, escuché por ahí. Y me parece cierto. Creo que nacemos con una tendencia natural a hacer el bien, pero luego la vamos tapando con un basural que dificulta su expresión libre, su gestión sin miedo. El temor infundado que vamos adquiriendo va menoscabando la confianza en la vida de que todo, de alguna manera, se resolverá en el camino y no hay que cargar con cañones de la precaución y su violencia para esperar durante toda la vida el enemigo que inventaron por nosotros, “por nuestro bien”. La obediencia a ultranza es otro de esos fantasmas que se nos troquela en la cabeza y cuando viejos seguimos obedeciendo sin resistirnos, ahora sin saber siquiera a qué cosas obedecemos o a qué cosas tememos; somos esclavos funcionales que no conocimos la libertad, la noción de responsabilidad que esta otorga. El camino silenciosamente inducido está repleto de obstáculos a sortear; ¿y cómo no lo va a estar, si no es nuestro camino natural? Levantamos una infinidad de falacias a combatir, vencer y luego nos llenamos de orgullo por tal hazaña; pero son todas patrañas, guiones invisibles que seguimos con una energía prefabricada muy loca. Es como ir por un camino plano y despejado, y por un “consejo sabio”, por “sentido común” y nuestra percepción antinatural de las cosas, salirnos a la maleza y la sinuosidad innecesarias para realizarnos y engrandecernos con el resultado de esa jornada demente. Con este panorama enrevesado, con estos extravíos y despropósitos, y en medio de nuestra humanidad, por supuesto que cada quien ama como puede.

viernes, 26 de abril de 2019

¿Amar al prójimo? ¿En serio?

“Amar a tu prójimo como a ti mismo”. Trillado, ¿no? Seguro lo has escuchado. Es decir, “ámate a ti mismo, siéntete amado y luego ve cargado hermosamente a amar al otro”. No puedes dar lo que no tienes. Parece verdad para el amor, para el calor. Dos mendigos que se juntan para pedirse entre sí. Eso lograrás. Un intento entusiasta en nombre del amor que no tienes, que no entiendes. La promesa apuraíta de hacerla feliz para siempre, usando espejismos como herramientas; corriendo de aquí para allá adivinando qué hacer, qué decir, qué comprar; rajándote el pellejo para que diga sentirse bien cuando preguntes. Y será entonces, en ese momento de derrota, cuando exhausto por no saber en qué te metiste, que te darás por vencido —otra vez— y levantarás la vista para buscar al culpable de no llenar tus agujeros sin fondo: el prójimo, claro.