Deberías darte duro por la jeta si alguna vez tuviste quien te diera afecto y lo despreciaste. Deberías darte con una piedra en los dientes si en algún momento pusiste cara de fastidio cuando se te acercaron para ayudarte, para acompañarte. Deberían encerrarte por haberte burlado, por haber embestido contra la bondad del otro. Creo que hasta ahora no te has dado cuenta del asunto porque estás ensimismado en tus arrollamientos colectivos, pero a tu pesar, como todo busca un equilibrio en la vida, en algún momento se te presentará un momento precioso de revelación… te lo garantizo. Solo espero, chico, que para entonces quede alguien que haya sobrevivido para que se siente a tu lado.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
sábado, 12 de diciembre de 2020
viernes, 11 de diciembre de 2020
Cuando no quede nada
Cuando no quede nada, entenderás todo lo que sobró. Cuando el tiempo apremie, te enterarás, por fin, con la urgencia del testarudo, de todo lo que tuviste a tu alcance y no te diste cuenta. Cuando llegue la sentencia final, comenzarás a hacer el inventario de las cosas pendientes, de todo lo que te faltó por hacer y caerás de rodillas. Cuando no queden más fuerzas para mentirte a ti mismo, hará su entrada, inexorable y dolorosa, tu honestidad, tu reconocimiento de la realidad. Ante la ausencia de un mañana, súbitamente se activará el presente y cada minuto vivido será un triunfo sobre la adversidad. En esos momentos, en esos aparentemente ingratos instantes de vida finita, disfrutarás de la riqueza que siempre tuviste en tus manos, esa, de amanecer vivo, pero que con la necedad heredada, incrustada en tu pecho, dejaste que el miedo se apoderara y te hiciera cuidarte de la vida misma, de eso que ahora respiras con tanta frescura, con colores impactantes, nuevos. Tal vez todo está escrito para ser de esa manera apasionada, sobresaltada, bastante imbécil, de lanzar a la basura lo valioso, lo que llena de verdad durante toda la vida para salir corriendo detrás de la fantasía anhelada que alguien nos contó, solo para caer en cuenta, a poco tiempo de la partida, del tesoro que echamos por el barranco.
sábado, 5 de diciembre de 2020
Conciencia sin libido
No puedo revestirme de sabiduría si pasas por delante de mí vestida así. No puedo practicar el Ser mientras te veo lavar los platos en esa faldita. No puedo llegar al estado de elevación deseado si cuando pasas a mi lado me acaricias la espalda o me picas el ojo. Deseo tanto conjugar esas dos cosas en mi vida, pero mi atracción hacia ti es tal que siempre abandonaré mis prácticas trascendentales para caer en finalmente en tus brazos. Mejor entonces espero unos añitos para que se me pase todo este vaporón y así poder entrar, finalmente, en ese tan necesario mundo de conciencia pura.
miércoles, 2 de diciembre de 2020
Ya soy yo mismo
Ya soy yo. Yo mismo, sin agregados colectivos ni condicionamientos pasados. Ya pude eliminar la basura imperceptible acumulada durante años y las creencias paralizantes, dejando el camino abierto ante mí. La claridad para sentir sin remordimiento, para decidir si hacer o no, sin mucho análisis, sin tanta teoría, sin la intelectualidad pretensiosa, se pasea por mi casa como si fuera de ella. La casi mágica capacidad para examinar lo que pasa por mi cabeza, lo que mi pasado trata de impedir o mi futuro intenta poner en duda, me otorgó un poder inesperado sobre mis días, sobre lo que puede o no calar en mis asuntos pendientes. Ya puedo ver, sin tantos lentes prestados, lo que en realidad aparece enfrente de mí, sin prejuicios, de una manera fresca y abierta, tocarlo o disfrutarlo, si fuese el caso, sin magnetismos patológicos y después colocarlo en la misma repisa de la que lo tomé sin apegos dolorosos. Perdí el temor. Perdí el temblor. Todo ha cambiado mucho y aunque el torbellino de paz me aísla del resto de mi entorno amado, creo que al menos por ahora seguiré, responsablemente, aquí, así.
martes, 1 de diciembre de 2020
Cada quien tomó su decisión
Ya cada uno tomó su decisión. De alguna manera ya lo hicimos. No importó Dios, no importó el partido, no importó la policía o la conciencia: ya está decidido. Después de un rato bien sufrido, después de crisis continuas o condiciones distintas a las que solemos experimentar, se abrió una puerta en nuestras percepciones e independientemente del concepto de sensatez que tengas los demás, establecimos lo que íbamos a sentir, lo que íbamos a hacer o a omitir. Aunque estemos condenados a desperdiciar lo que poseemos o a anhelar lo que no tengamos, me subí a esa ola sin remordimientos, sin tapujos, sin objeciones válidas y decidí vivir, o bien en la locura de la pasión o bien en la locura del silencio de la resignación… lo que sí me queda claro es que me subí oficialmente en la locura colectiva contra la cual no pude resistirme más.
sábado, 28 de noviembre de 2020
¡Paren esta vaina!
Traigo el impulso, la fuerza, la inercia… la carga. Los motores recalentados no se han enterado de que ya todo pasó, de que el propósito se cumplió y siguen mandando vueltas al eje. Ahora necesito que se vayan apagando, calmando y le cedan el lugar a la tranquilidad, al silencio, al espacio dispuesto para lo de antes, lo que queda tapado por el barullo, aunque preferiblemente para la nada. Necesito volver a ser yo en función de mí mismo, a sentir, a reubicarme y dejarme ser de nuevo, a caminar por mi propio camino… a ver qué cosa honesta sale.
martes, 24 de noviembre de 2020
No puedes salvarlos a todos
No puedes
salvarlos a todos. Es totalmente imposible. A pesar de la necesidad que te
rodea, del dolor de tu alma, tu vocación extraordinaria y de tu gran corazón,
no puedes. De hecho, no debes creer que puedes. Mientras tu tendencia a
favorecer a los demás se desenvuelve de una manera aparentemente ilimitada, tu
mente y tu cuerpo comenzarán eventualmente a resquebrajarse, a flaquear, a
negarse a seguir el camino que le has impuesto. “Amar al prójimo” no significa
autodestruirse. Sacrificarse por el bien de los demás no implica abandonarse a
sí mismo. De hecho, si te fijas bien y te pones práctico, los días de
sufrimiento por agotamiento, enfermedad o lesión propios no permiten que puedas
brindar el mejor servicio a quienes lo necesiten con la energía y la alegría
necesarias. Así que ponte las pilas. Deja el frenesí por los demás y pon orden
en casa antes de salir a rasgarte el pellejo en la calle.
viernes, 20 de noviembre de 2020
Fuiste ejemplo
No hubo mucha interrupción en tu sufrimiento. Muy poco receso, al parecer. Nacer sin herramientas y con la consecuencia lógica de no adquirirlas durante una vida de agobio, signaron tu existencia, según reza el cuento de camino. Anécdotas sobran de tus salidas, de tus desmanes, de tus golpes a la mesa. Al parecer, no tuviste tiempo de tranquilizarte lo suficiente como para recostarte en tu conciencia siempre saboteada por el entorno y acomodar el nido. Hasta tus últimos días todavía parecían asomarse los viejos y violentos fantasmas, las condenas, la mala fama fortalecida. Sin embargo, yo disfruté de tus otros días, de tus ratos de descanso en la vejez, de tu sabiduría malhablada. Yo tengo los mejores recuerdos de tu sonrisa, esa que se escapaba de los berrinches en cuestión; de tu picardía, incluso en tus días finales. Fuiste el indiscutible ejemplo de autosaboteo, de ceguera vertiginosa, de propagación de tempestades y, al mismo tiempo, el ejemplo de quien pudo llevar adelante un proyecto que lucía imposible, invisible, pero que manquesea a carajazos, salió adelante entre nosotros. Bendición.
lunes, 16 de noviembre de 2020
Fui solo un rol
Fui solo un rol. Fui solo un rol y ahora no encuentro qué hacer, cómo sentirme. Fui padre abnegado y cuando mis hijos se fueron e hicieron sus propias vidas, solo me quedó la frustración de no poderlos ayudar más. Fui trabajador incansable, el mejor dispuesto, pero al quedar finalmente sin empleo, solo me quedó la ansiedad y el ridículo cheque. Fui uno de los atletas más destacados de barrio, reconocido hasta en los medios locales: toda una figura. Pero al pasar de los años, el declive normal de las energías, los achaques y las dificultades me dejaron en casa sin poder ganar ni un trofeo más. También fui joven. Enérgico, apasionado, portador de la irresponsabilidad y el desdén asociados, de los sueños y las grandezas siempre pendientes por las que podía arriesgar cualquiera de mis bienes físicos o mentales. Pero ahora estoy en el atardecer de mis días, con más frustraciones que satisfacciones por haber corrido con los ojos cerrados y resistiéndome cada día a la idea dejar de ser el tipo capaz de levantar una familia o un bulto pesado al mismo tiempo. Hoy, mirando por la ventana y con la taza de café en la mano, me di cuenta de que el tiempo pasó y me atasqué en el rol más prometedor, sufriendo la confusión que deja ser un disfraz y no quien decidió usarlo.
jueves, 12 de noviembre de 2020
Nunca es solo una cosa
Nunca es una sola cosa. Nunca el remedio es uno, por lo que hay que olvidar totalmente las tan cacareadas panaceas. Hasta lo más simple tiene más de un origen. Hasta el más nimio efecto tiene varias causas. No es tan simple tapar el huequito con un solo dedo, porque se comienza a chorrear por otros lados. Puede ser que haya una causa poderosa, pero no será la única y es por eso que después de “solucionar” algo con el remedio recomendado por los sabihondos, seguirán saliendo los fantasmas inexplicables. Los patrones de comportamiento de la situación revelan varios caminos a tomar, pero los genios que somos nos hacemos los pendejos y tomamos uno solo, “¡El Definitivo!”, gritamos, anticipando ridículamente el triste final, el nuevo fraude protagonizado por nuestra percepción borracha, por nuestra ilusión imbatible.
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