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miércoles, 2 de diciembre de 2020

Ya soy yo mismo

Ya soy yo. Yo mismo, sin agregados colectivos ni condicionamientos pasados. Ya pude eliminar la basura imperceptible acumulada durante años y las creencias paralizantes, dejando el camino abierto ante mí. La claridad para sentir sin remordimiento, para decidir si hacer o no, sin mucho análisis, sin tanta teoría, sin la intelectualidad pretensiosa, se pasea por mi casa como si fuera de ella. La casi mágica capacidad para examinar lo que pasa por mi cabeza, lo que mi pasado trata de impedir o mi futuro intenta poner en duda, me otorgó un poder inesperado sobre mis días, sobre lo que puede o no calar en mis asuntos pendientes. Ya puedo ver, sin tantos lentes prestados, lo que en realidad aparece enfrente de mí, sin prejuicios, de una manera fresca y abierta, tocarlo o disfrutarlo, si fuese el caso, sin magnetismos patológicos y después colocarlo en la misma repisa de la que lo tomé sin apegos dolorosos. Perdí el temor. Perdí el temblor. Todo ha cambiado mucho y aunque el torbellino de paz me aísla del resto de mi entorno amado, creo que al menos por ahora seguiré, responsablemente, aquí, así.

jueves, 29 de agosto de 2019

Soy la emoción

Soy la emoción. Soy el sobresalto, el sube y baja malcriado. Soy la alegría incontenible, la depresión total, la pasión que cabalga, la tristeza que acongoja. Vuelo atrapado en una nube inestable que me deja caer y me hala hacia arriba cuando le da la gana, cuando le sale. Soy el títere esclavo de una fuerza que se parece a mí, pero que muchas veces desconozco, que otras muchas rechazo con las pocas fuerzas que me deja el berrinche. Es todo muy agotador, repetitivo, frustrante. Esta mañana, por suerte y sorpresivamente, durante uno de los rebotes de mi prisión zigzagueante, me salí… caí afuera. Y bueno, aquí estoy mirando la nube loca, sentado, en medio de una calma que no conocía, de un gozo muy distinto a la carcajada o a la certeza de un premio. De alguna manera extraña, veo de lejos cómo la nube de emociones efervescentes que se rumian y se muerden la cola, me obedece con solo levantar mi mano. Es muy extraño, pero parezco ahora tener el control relajado, después de este afortunado accidente, sobre lo que antes era un torbellino de inestabilidades y pesadillas.