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lunes, 24 de junio de 2019
Ahora sí cae
Y siguen
pasando los días, las semanas, los meses y años. Cada posible buena noticia se
desinfla sin mucho sorprender con la prontitud ya acostumbrada. Da igual ver o
no las noticias, porque la verdad sigue en la calle. Los argumentadores de
oficio y los salvadores chamuscados aparentan seguir en funciones y abriendo
puertas. “Viene Bachelet”, dicen ahora. Otros, con otro estilo de ilusión, permanecen
ondeando banderas de las que no conocen historia ni propósito. Parece un
desfile de muertos, de figuras fantasmales que a diario hacen fila para
aparecer en los noticieros, para aparentar que hacen su trabajo. El chismecito
diario, “el primo de un pana que conoce a un general…”, la invasión y el cargamento
de trigo o medicamentos; todo se va poniendo piche, se va descomponiendo hasta
oler a lo mismo todo. Las malas noticias, por su parte, no paran, y en ese
transcurso de días, fingen ser cada vez menos a fuerza de desgano, de fastidio,
de la indiferencia que da la repetición sin efectos, la vieja promesa rota, el
vandalismo con factura. Muchos buscaron afuera, otros dentro y otros más
adentro. A veces, sin aviso y sin protesto, nos embiste la muerte, la
enfermedad o la escasez y se renueva la queja, el “maldito sea” que yacía ya dormido,
quitando de golpe otro ladrillo logrado en buena lid en un pasado que
insólitamente luce mucho mejor, para dejarnos, muy lentamente, más a unos que a
otros, en esta tristeza y desesperanza aprendidas, a veces imperceptibles, que
siguen arropando a esta tierra.
jueves, 20 de junio de 2019
¿La verdaíta? no
sábado, 15 de junio de 2019
¿Quién dijo pasión?
¡Pasión!
¡Pasión! ¡Se vende pasión! Se vende mucha pasión. Si prendes el televisor, si
te metes en internet, si vas al cine, si vas al bar, si vas a la fiesta. Dondequiera
que te enchufas, salen unos pompis espectaculares, unos pechorales inigualables,
unos ojos bandidos invitando al baile, a la farra. Los videos musicales
juveniles —sobre todo de reguetoneros— son el modelito a seguir en eso de
mostrar pasión perpetua, de vender el producto rápido ese que ofrecen. No solo
ha sido en esta época; basta con recordar los videos de los cigarrillos y licores
antiguos para que se te pegaran las ganas de rumbear. Pero, ¿cuánto te dura esa
pasión encendida? ¿Cuánto tiempo te acompaña esa energía para bailar toda la
noche, meterte en la piscina y seguir bebiendo hasta amanecer? ¿Cuánto es que
me dices que duran tú y tus amigos en la playa, trasnochados, llevando sol, sin
comer, perdido en ese mundo alegre y ligero, sin tanto fastidio de tus viejos fastidiosos
o de los policías? Dime tú, semental, ¿cuántos días es que nos dijiste que
duras teniendo sexo sin parar? La verdad no quisiera yo parecer un hipócrita
aguafiestas para los muchachos, pero les tengo una pregunta: y después, ¿qué? Porque
eso no tiene chance de ser eterno… ni siquiera prolongable a varios días sin
que les dé una vaina rara y que tu viejo fastidioso tenga que recogerte en
algún hospital, si es que llegas. ¿Después qué? ¿Aquí nadie come sentao, estudia
o tiene que ir a trabajar? ¿Ninguno? Solo preguntaba, por que es que sacando
las horas aguantables de brincadera semanales, quedan cientos de horas todavía,
¿para hacer qué? Solo preguntaba, porque es que mirándote así de emocionado y
perdiéndote con tu nuevo grupo de amigos, parece que mandaste al resto de tu
vida para el carajo. Solo digo…
martes, 7 de mayo de 2019
Inteligencia estúpida
Dices
que eres inteligente porque sabes sumar “2 + 2”, porque sabes resolver una
ecuación matemática. Afirmas, vehementemente, que puedes encontrarle la vuelta
a cualquier situación que involucre la lógica más avanzada. La verdad es que
exiges muchas reivindicaciones por tus notas y tu academia ‒y tal vez las
merezcas‒, pero es que a la hora de resolver situaciones serias, te vuelves una
pantaleta. Ciertamente, abordas el enunciado con gracia y con soltura, mientras
tartamudeas al conversar. Argumentas con brillantez sobre las probabilidades de
un evento de la naturaleza, mientras posees una empresa depredadora de
recursos. Con rayar durante dos minutos sobre un trozo de papel, te bastará
para venir con una propuesta a largo plazo sobre alguna propuesta rentable
destinada al próximo buitre, mientras mantienes a raya, tal vez con algo de
fobia, a la solidaridad con el vecino. Desde lejos se me antoja que la llamada
inteligencia no tiene mucho qué ver con las habilidades mágicas o los malabares callejeros asombrosos, sino con el criterio
de por qué estas cosas despampanantes deberían ejecutarse en lugar y por encima
del desarrollo, la dignidad, la solidaridad y la compasión humanos. Te digo, mi
pana, que desde aquí no pareces un ser agraciado con posibilidades infinitas de
bienestar… desde aquí, solo me pareces un primate entrenado para el espectáculo.
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