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jueves, 1 de agosto de 2019

Tengo planes... para ti.

Ya tengo planes. Tengo unos excelentes planes… para ti. Yo soy tu padre. Yo soy mucho mayor que tú, tengo más vivencias. No estoy diciendo que soy mejor o más capaz que tú, pero yo sé lo que te conviene. Por eso y más, he confeccionado mi proyecto de vida… para ti. Vas a hacer esto, esto y lo otro. Cuando estés en esta situación, tienes varias opciones, pero tomarás esta. Así lo hice yo. No protestes, que yo sé de eso y tú todavía eres muy carajito. No estamos hablando de mis logros o de mis errores, estamos hablando de tu futuro; así que presta atención ¡y no seas respondón! Yo no quiero que seas cualquier pelafustán, como el vecino o como tu primo. “Yo sé” que tú eres capaz y puedes dar mucho de ti, así que ponte las pilas y hazme caso, que “vas a ser todo lo que yo no pude ser”, ¡perdón!, quise decir: vas a ser un tremendo profesional y demás. Fíjate que mi papá no sabía nada de lo que yo quería y yo tuve que escoger mi camino propio, ¡y por eso que es que yo sí sé cuál será tu camino! Oye a la voz de la experiencia para que no te arrepientas después… porque es que te vas a arrepentir, ¿oíste? después no digas que no te dije. ¿Qué? Sí, ya te entendí, vale: haz lo que te dé la gana.

miércoles, 17 de julio de 2019

¿Mi hija? ¿Sexo? ¡Qué va!

Tu mamá tuvo sexo. Tu tía también tuvo sexo. Tu esposa, obviamente, tuvo sexo. Adivina: tu niña va a tener sexo. En algún momento de su vida va a ocurrir. Tu tesorito, al crecer, va a desarrollar las ganas de estar con un hombre y debes acostumbrarte a la idea. Lo que ahora es una negación categórica de tu parte, tendrá lugar y no estarás cerca –esperemos que no− para impedirlo. Ojalá no te vuelvas muy loco desde ahora. Ojalá no salgas corriendo a implementar métodos medievales para impedir que lo que es natural tenga su lugar. Ojalá no la encierres o la espíes. Ojalá no le inyectes la moral pacata que le saboteará la plenitud que ofrece el momento, cuandoquiera que este ocurra. Ojalá no destruyas, cada vez, la ilusión de estar con quien ella escoja con el corazón para vivir su momento especial. Lo que sí podrías ir adelantando es la conversa sobre lo que es y lo que implica una relación íntima. Lo que puedes ir haciendo es cultivar la confianza en que tu muchacha vivirá con responsabilidad las primeras apariciones del amor. Lo que puedes intentar es ver la vida sexual futura de tu hija como algo natural, como algo inevitable. ¿Qué no lo haga la primera vez con el príncipe ese que mencionan en la revista? …eso no vendría siendo tu problema. Tu “problema” debería ser contribuir para darle las herramientas, el discernimiento y la oportunidad de quererse ella misma, de decidir, de ser, en lugar de agitarle en su cara, cada vez que sientas la amenaza de que “un desgraciado toque a tu princesa”, la bandera del pecado y la moral como instrumento lamentable de amedrentamiento, solo porque eres un troglodita moderno lleno del miedo machista de perder algo que no es tuyo. Podría ser, ahora que lo pienso, mi querido papá, que solo temes que tu repollito se encuentre en la calle con tipos como tú.

sábado, 15 de junio de 2019

Padre

Te metiste por la baranda interior y llegaste de primero. Indiscutible tu lugar en el podio. Llegaste más que a tiempo para dejar la huella necesaria. Te aprovechaste de lo grandote que me resultabas y de esa voz que retumbaba para dictar algunas reglas claras, confundirme con otras no tan claras y dejar sembrada la semilla de la observación, la crítica y hasta a permitirme algunas ligerezas al hablar. Desbancaste alguna creencia profunda y dejaste que comenzara pronto y desde cero a plantearme cuestiones trascendentales. No olvido tu gesticulación, esa sonrisa leve antes de dar tu opinión con tremendo postín, esa opinión que había que escuchar, tuviese el tinte que tuviese. No olvido tu caminar pausado, tus consejos pícaros ni las escasas prácticas de béisbol que compartimos —no puedo olvidar ni entender todavía esa fanaticada loca por los muertos de los Tiburones de La Guaira—. Aún como líder silencioso, respetado, obedecido, provocabas una sonrisa al demostrar ternura a tus mujeres. Tal vez te he idealizado por lo pronto de tu partida y por tanto tiempo sin ti, pero no me pesa; el amor y el agradecimiento me permiten jalar todo el mecate que me dé la gana sin consideraciones adicionales. Tal vez los recuerdos no dan como para hacer un inventario exacto de las ganancias de tenerte, pero lo que sí estuvo muy claro entre tus ejemplos y tu legado, fue el valor del compromiso. Todavía ahora converso contigo en sueños, gratos sueños que transcurren como si nunca te hubieses ido… debe ser porque, realmente, nunca te fuiste.