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miércoles, 21 de agosto de 2019

Representaciones

Representaciones. La foto de la manzana no se come. Un recuerdo no se vive. Lo planeado no existe. Pero mientras, siguen pasando los segundos y el apuro y la ceguera no nos deja ver la vida disponible ahorita, que es, por cierto, la única que existe. Representaciones. Rezamos a una imagen, hablamos con una foto, mandamos un emoticón. Creamos una ilusión más allá del objeto que tenemos enfrente y para fabricar a carajazos una vida que no existe, unos valores que no valen, creaciones desesperadas de lo que nuestra cabeza quisiera que fuera todo esto. Representaciones. Le pegamos una etiqueta a cada persona que conocemos y reducimos la grandeza de una existencia a solo esa representación mezquina y embustera que solo nos facilita revisar el catálogo de conocidos, enemigos o intolerables. Pero más tarde o más temprano se desbarata el cuento y quedamos enfrente de ese espejo tan ingrato del que se escurre la miseria que hay detrás de la representación que pretendíamos mantener de nosotros.

jueves, 13 de junio de 2019

Que cualquier dios te bendiga

Entonces hubo un dios amoroso, uno vengativo, uno permisivo, uno alcahueta y otro con barba; todos ellos desfilando en las cabezas de las personas, uno para cada quien, claro, dependiendo de la propia percepción de la divinidad, de la cosa superior, del todo. Personalmente, conocí a un cristiano que afirmaba que su dios le daba permiso para tomarse unas cervecitas. Puede que hasta risa produzca esta afirmación, pero creo que hay que reconocer que, al menos, estuvo dispuesto a decirlo —con desparpajo y todo—, a diferencia de quienes conciben a un “Dios” autoconfeccionado según sus propias medidas, necesidades y conveniencias, y lo tienen bien escondidito donde nadie les pregunte. Y así es como cuando van al culto semanal, cuando el pastor dice “Jehová”, cada uno se concentra en la deidad que fabricó hace algún tiempo y que se podría comportar más como su padre terrenal y no como el creador del universo. La iconografía católica tradicional, la interpretación no discutida de la Palabra, el parecer del pastor o el cura de turno, así como el maquillaje personalísimo que le aplica cada individuo, forman todos juntos un plato tan variado y desvirtuado que quién sabe si, finalmente, cada uno de los que sale del templo el domingo al mediodía lo relaciona con la espiritualidad, con esa conexión íntima y poderosa que a cada uno de nosotros nos gustaría tanto experimentar.

lunes, 6 de mayo de 2019

No quiero ser flaco

No quiero ser flaco. Me veo feo. Ya lo hice una vez y me causó problemas con quienes me veían. Perdí los pantalones, las camisas se me veían fatales y la expresión de la gente al encontrarme era de escrutinio profundo, de delineación de mis facciones ahora expuestas, para pasar finalmente a una mueca de lástima. La verdad es que no me importan las mejoras del sueño, la desaparición de la hipertensión y la recuperación del tono muscular; no importa mucho que me haya puesto al nivel físico de cuando tenía 20 años. Lo que importa es que los demás no se me queden viendo como si estuviesen apreciando a un enfermo, a un fantasma, a una figura rara de pómulos prominentes y mejillas colgadizas. Lo importante de todo es que los demás se sientan agradados con mi figura rolliza de rodillas en peligro, con esa barriguita tan simpática y con ausencia de ánimo… todos esos detalles que me hacen ver tan importante, tan de la buena vida, tan de postín.