Me prepararé para el
arrepentimiento final. Con algo de fortuna, tendré algunos años para sentar las
bases para la mayor prueba del fraude que fue mi vida. He ido sembrando vientos
por mucho tiempo, con cada uno que se me atraviesa, con mucho tesón, con
insomnios incluidos. Pues mis tempestades finales, como dicen las estadísticas,
serán vertidas sobre parte de quienes me soportaron una vez, mayoría de gente
que me amaba: ahí les va el cierre. Cuando obtenga el diagnóstico, en mis fases
de negación, furia y etcétera, estos ingenuos cercanos seguirán pagando muy
caro estar a mi lado. En mis caídas, mis reclusiones y mi estadía final en el
lecho, se abrirá el telón para comenzar, in crescendo, la lloradera, la
jaladera de manos y el ruego porque no me dejen solo. Luego vendrá la meseta
fastidiosa de recordarles pasajes de la vida en común que, con mucho tino, yo
les jodí. Ante la muerte anunciada, sus buenos corazones desintegrarán sus
rencores sutiles para despedirme. Pero ahí no termina el cuento; una vez
ausente en cuerpo, se me tratará de recordar con amor, mientras tras bambalinas
el odio latente entristecerá el momento para “no hablar más del tema”. Es pronto
para el final mencionado, pero en lugar de enderezar el camino ahora y
brindarle a ese manojo de amados de siempre un buen transcurso de vida juntos,
no sé… seguiré jodiendo hasta el final, total: parece que el arrepentimiento
arregla todo.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
miércoles, 12 de abril de 2017
domingo, 5 de marzo de 2017
Se disparó el bicho...
La crisis solo
multiplica lo que hay dentro, escuché. Como sabemos, si se multiplica por cero,
dará cero. Si no hay nada dentro, al empujar la crisis, no resultará ninguna
tara, retorcijón o crimen a la superficie evidente. El pobre es delincuente por
su necesidad desmedida, ¿cierto?... ¿Y qué tal si hay un pobre diablo que resulta
honesto, consecuente, auténtico? ¿Qué tal si existe lo contrapuesto? El germen
reside dentro, al parecer. El factor multiplicable durante la crisis, según
cuentan, no depende de la cuenta corriente. Según dicen, el bicho inoculado
durante la historia compleja es susceptible de crecer por el efecto
multiplicador de cualquier variable del ambiente. Aparentemente, no es solo una
anécdota, un cuentico. Según dicen, es un sedimento que convive y que está
dispuesto a asomarse para tomar el control cuando sea oportuno y expresarse
ensordecedoramente al ser llamado a la acción. Entonces, ¿cómo quedamos con la
moral aquella, con el cuentico aprendido, con los principios inyectados a
carajazos, con lo que aprendimos y estamos dispuestos a defender?
Mejor nos olvidamos del tema…
Nada qué conquistar...
Llegué a ti y no hubo
nada qué conquistar. La aproximación fue, en segunda instancia, errática,
temblorosa, torpe por todo el cañón. No era que yo iba a adueñarme de algo que
me pareció deleitoso, apetecible… un objetivo, pues. Llegué con barcas y
armaduras, y me encontré con un jardín inofensivo. Quise clavar la bandera en
la playa, pero más bien la solté antes lo que se descubría ante mis ojos. No había
nada qué conquistar. Fue, simplemente, un sitio abierto a la paz, a dejarse
caer en la arena. Sentí que la percepción de pertenencia significó entregarse. Sentí
que las armas, las ropas, las intenciones, caerían al suelo húmedo y me
dejarían dispuesto a recibir las caricias de quien bien me recibió. Cualquier esfuerzo
por apertrecharme y resistir era inútil enfrente de lo que parecía acogerme sin
condiciones, sin argumentos, sin peros… Después de un rato intenso para mis
convicciones, para mis criterios firmemente establecidos, no pude sino dejarme
caer y sentir las caricias destinadas a mis mejillas, a mi pecho, a mi cuerpo y
más adentro... Después de unos instantes no pude seguir en mi estupidez y
decidí que debía escuchar algo de lo que se decía.
Más nunca salí de allí…
martes, 28 de febrero de 2017
Jugaré a ser Dios
Jugaré
a ser Dios, pero no en eso de estar creando mundos, hacer florecer la vida o
hacerle mantenimiento al universo. No. Eso sería mucho para ponerse en eso. Mejor
es ponerse a juzgar, a condenar… eso sí que es más fácil. Es más fácil dar el
último empujón a quién por voluntad o fingiendo no tenerla, se ha colocado al
borde del barranco. Es más fácil meter toda la vida de alguien, masticarla con
infamia y escupirla con morbo hacia el basurero de la ligereza… esa, que tanto nos
emociona usar. Pienso en armar un catálogo propio, bien acomodadito, brillante,
de los niveles de moral que la gente practica y, ¿por qué no?, asignar el
castigo al que se hacen susceptibles de recibir la gentecita que anda
quitándole la tranquilidad a los vecindarios, a las familias, a mí, por
supuesto. Apuntaré con este dedo, este que ya tiene experiencia en el oficio de
señalar al culpable, lo comentaré con mis círculos sociales y, tal vez, hasta
gozaré recitarlo al propio condenado. Algo que se me vino la mente en una
revelación hace poco y que servirá para acometer esta nueva y encomiable tarea,
es hacer que todos ignoren, inventen o al menos callen la historia, el relato
de vida de quien nos ocupe. Hay que eliminar la posibilidad de que, siquiera,
existan pistas que indiquen que las infracciones fueron cometidas de buena fe, con
distracción o sin contar con las herramientas que la misma sociedad debe
proveer por medio de sus instituciones, por medio de su amor. Eso hay que
borrarlo del mapa y reescribir la historia del malo definitivo, del
irresponsable cabal, absoluto. Si no logramos esto último, habremos fallado y
todos creerán que todo tiene una buena razón para ocurrir; que hasta el más
terrible de los crímenes tiene una razón de ser cobijada por la hipocresía y el
olvido voluntario de quienes tenemos la tarea de construir una mejor sociedad.
sábado, 25 de febrero de 2017
El viaje lento
El viaje se hace cada
vez más lento. La vida se asemeja a cada momento a un viaje en tren, uno que
comenzó con la luz y el ruido enceguecedores de la mañana de la partida. En medio
de apuros, túneles y lluvia ocasionales, los descarrilamientos han quedado
atrás, parece. De una velocidad casi descontrolada, brincos y luego de
vibraciones alarmantes, la bulla de la incertidumbre va amainando y deja
escuchar de pronto algunos sonidos suaves, pausados, agradablemente
inteligibles. Ya después de varios años, de un viaje que se torna en
retrospectiva, puedo avizorar el ocaso de esta interesante expedición. El paso
sobrio y sin apuro bajo el cielo en violeta anaranjado deja ver las estrellas,
las más grandes, esas de las que cuentan los libros; pero también las más
pequeñas, las que parecían inventadas por mí a cada minuto de contemplación a
medida que el encandilamiento del pasado iba cesando. Ahora ese tren que
pretendía eterno se va deteniendo, y en medio de una noche espectacular puedo
sentir los pájaros despedirse, los grillos susurrar, la brisa pasar… en fin,
ahora sí que puedo saber de lo fundamental de la vida, después de derrochar,
apasionada, inmadura e irrevocablemente toda la energía que alguien supuso que
debería invertir, más bien, en descubrir, a paso sosegado, lo esencial de esta
preciada jornada.
martes, 21 de febrero de 2017
Se me fue la vida pensando
miércoles, 18 de enero de 2017
Un ser que no Es
Y sigues horadando el
regalo original. Y continúas, pequeño ser de ínfulas agigantadas, destruyendo
el cobijo que se te ha concedido. Yo te miro desde aquí, desde todos lados,
desde mi totalidad, mientras entretenido en tu pequeñez vas haciendo maromas con
lo poco que entiendes del entorno, con toda esa basura intelectual que te
caracteriza, con las minucias que logras acumular para tu provecho efímero. Yo estoy
tranquilo. Yo siempre estoy tranquilo. La verdad es que ahora no tengo mayor
razón que antes para “asustarme” porque estés gozando en tu emprendimiento de
autodestruirte. Meciéndome a veces, he visto pasar cataclismos flotantes de
magma, heladas que me destiñen por un rato, visitas nucleares de objetos
celestes que llegan, barren y se integran a lo que soy. Desde aquí, eres como
la hormiga multitudinaria que se adueña de lo común, y en el delirio de que es
ajeno, crees robarlo para tus cofres huecos. Eso, mientras llega la migración
de mastodontes y en su paso indetenible, pausado, pero seguro, diezma tu
cantidad y petulancia a cero. Si yo cayese en tu juego, en tu chantaje, en tu
consabida extorsión, estaría temblando de miedo y hasta rogando por tu ayuda
para salvarme. Pero esa fantasía está solo en tus sueños de grandeza, de pertenencia
enloquecida, en el engaño que te dices, te escuchas y te crees cada día que te
doy para habitarme... pendejo.
lunes, 28 de noviembre de 2016
Llegó la pérdida
Llegó la pérdida. Llegó
el dolor. Llegaron muchas cosas juntas tras el cortejo de oscuridad. Hay
confusión, hay rabia. Pero es tan pronto que ni siquiera ha llegado la
tristeza, el sosiego, el momento de sacar cuentas. Es tan pronto que ni
siquiera se asoma el agradecimiento por los momentos vividos, por las miradas
cómplices compartidas, por la presencia “sin costo adicional”. Por ahora el
sufrimiento es el jefe, pero sé que es cobarde y se irá, dejando el espacio debido
para la paz y la nueva forma de presencia.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
Ya me harté
Ya me harté. Ya no
seguiré tratando de hacerme el bueno, el que intenta, por todos los medios, cumplir
con las reglas, con las leyes, con lo convenido. Ya me cansé de ser el
comprometido del grupo, el que se queda un rato más, al que le explota su
propia honestidad en la cara. Me quitaré esto que ya parece un disfraz, pero
que fue durante todos mis años el empeño por establecer una diferencia, por
aportar para el cambio del todo desde mi humilde esquina. Pero se acabó. Correré
como el agua en medio de un cauce contaminado; fluiré sin miramientos en la
basura moral que tanto critiqué y que acaba de tomar el control de mi
existencia. Diré que sí a recibir mi muy merecida comisión por el trámite que
facilitaré sin dudar. Abriré mis arcas y vacías para que al fin se abarroten
con riquezas sucias, con bienestar culpable, ya que con civismo y decencia solo
permanecieron en el abandono. Seré el caimán en la boca del caño de las
oportunidades. Saltaré al fin por sobre los hombros y cabezas de quienes haga
falta pisar para quitar del camino. En fin, tantas cosas por venir… y si
quieres argumentar en contra, fíjate cómo lo digo ahora: “NO ME IMPORTA”.
martes, 27 de septiembre de 2016
No creo en casi nada
-¿Tú no piensas que
existe Dios?
-No.
-¿De verdad no crees que haya un dios?
-no.
-¿Pero nada, nada? ¿No piensas que hay un poder
superior en todo esto?
-La verdad que no.
-¿No sientes alguna duda, algo que te haga pensar
que el universo sea algo más que materia?
-Ya te dije que no.
-¿Crees en el amor?
-Ah, en el amor sí.
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