Observa a la
humanidad. Obsérvala muy bien. Haz un ejercicio de abstracción. Compara el
curso de la vida de la humanidad con la vida de un solo ser humano. Observa su origen,
su cacareado crecimiento, sus heridas no curadas, sus avances tecnológicos, sus
ciclos no completados. Mira cómo sus contradicciones, su mejor y peor cara, se
muestran alternativamente una y otra vez, creando la incertidumbre como modo de
sobrevida. Ve toda la energía que dedica a destruir en supuesto favor de sus
intereses. Fíjate que provoca catástrofes y no toma responsabilidad. Invade territorios
que no le pertenecen y extermina lo que allí encontró, hasta devastarlo todo a
su alrededor… claro, en nombre de su libertad y seguridad. Dime, ¿ya lo
hiciste, ya lo imaginaste? Ahora dime, si te dijera que al final de la historia
la humanidad, encarnada en un solo ser así de inestable e irresponsable, esta desaparece
para siempre… ¿no te parecería lógico y hasta justo?
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
miércoles, 12 de julio de 2017
martes, 11 de julio de 2017
Aquí chico, sin propósito
Me quedé
sin propósito. Pensándolo bien, creo que nunca lo tuve. Caminar sin propósito,
se me antoja, es caminar sin rumbo; y cuando uno camina sin rumbo, parece a
veces que uno llega al destino, aunque sea con mapa prestado. Pero uno se da
cuenta más temprano que tarde que ese no es el destino de uno, que tal vez es
el destino de otros que también andan por ahí, sin propósito, tal vez sin saberlo,
tal vez parados ya en el lugar correcto. Y así sigue uno, vagando de un lugar a
otro, de una brega a otra, de una ilusión a otra, quemando los minutos de vida que
nos fueron regalados, sin acercarse al sueño propio, a ese que quizás se
escondió tanto entre la maleza de la necesidad, de lo cotidiano, de lo urgente,
que creímos perdimos para siempre. Ya sentado aquí, en esta piedra al margen
del camino ajeno, cuando siento fuerzas internas, invisibles, mudas, pero que
golpean de adentro para afuera, como susurrando un sentido, una dirección. Creo
que estas fuerzas raras, sospechosas, fueron las que siempre acallé con la
torpeza infantil de antaño, pero que ahora, con humildad y mucho oído estoy
dispuesto a recibir para ver qué me cuentan. Espero entonces que no sea así
como muy tarde para tener el propósito ese, del que pocos me han conversado
antes.
lunes, 10 de julio de 2017
Porque me de la gana
Porque me da la gana. Esa es mi respuesta ante tanta preguntadera
necia. Porque quiero, les diré cada
vez. Porque siento que debe ser así,
contestaré en cada oportunidad. Entiendo tu inquietud, tu preocupación por mis
cosas; el cariño que dedicas a fijarte en mí. Es solo que creo que llegó el
momento de accionar luego de tanto hablar. Es que me resulta oportuno este
instante para incluso equivocarme y pasar al próximo paso, en el que todo será
mejor, en el que todo será más fácil, en el que el misterio original se
desvanecerá y dejará apreciar los recursos con los que cuento ahora. Pero eso
lo sabré luego, no por ahora; eso lo sabré cuando haya recorrido cierto camino
adelante, cuando el aprendizaje me regale mis llagas bien ganadas… mientras,
chico, es porque me da la gana.
viernes, 30 de junio de 2017
Rebelión pendiente
Aquí vivíamos. Nos sentíamos
bien. Todos mostrábamos un patrón de conducta uniforme, más que conforme. Estábamos
contentos con lo poco que nos dieron a leer y practicar para ser felices. Un pasito
pacá, un pasito pallá. Y así íbamos al compás de quienes nos hablaba desde el
escalón. Pero uno nunca puede estar tranquilo. Siempre sale alguien que quiere
perturbar el orden, ese orden aprendido y seguido a pie juntillas. Al parecer
había uno de nosotros que comenzó a hacerle caso a esas sensaciones vulgares, a
respetar otras cosas, a dibujar formas, caminos distintos al resto… y se armó
el lío. El pobre loco sufrió primero la burla, luego la cayapa de argumento en
contra y, finalmente, la retaliación de los del escalón. Afortunadamente,
parece que lo lograron acallar y sus locuras ya no tienen efecto en el resto,
que por un momento se fijaron en él para luego volver a su carril. Mira, creo que
podemos estar tranquilos, aunque porái escuché que un grupo de curiosos se habían
subido a la misma ventana a mirar la extraña luz que él miraba… germinando.
Germina el amor
Hónrame, anda...
jueves, 29 de junio de 2017
Pero todavía no
domingo, 18 de junio de 2017
Felicitaciones a los que no corrieron
Felicitaciones a los que no corrieron. Felicitaciones a
quienes se quedaron cerquita después de la noticia. Felicitaciones a los que
reconocieron su cuota de responsabilidad ante el asuntito. Felicitaciones a
quienes lo planificaron y a quienes nos sorprendió. Felicitaciones a quienes,
por encima de la distancia, las dificultades y hasta el plano en el que andan,
permanecen presentes. Felicitaciones a quienes lo hicieron como pudieron, como quisieron. Y si existiese una mención especial en el rubro,
felicitaciones a los que, en medio del amor que sentían, asumieron el rol de
padres y lo echaron palante.
Felicitaciones, a esos tipos.
martes, 13 de junio de 2017
El Cerro no está
Se tapó el cerro. No se
ve. Se cubrió con neblina y lluvia, pero ahí está. Cualquiera que venga y mire
dirá que no hay nada ahí, que es solo vacío; pero yo lo he visto, es más: lo he
subido, y desde arriba, mirado el sitio desde donde estoy hablando ahora de él.
Nadie que no conozca a esa maravilla daría una moneda en una apuesta “ganada” a
que no está allí, a que no existe. Es entonces, después de tanto estar
pensando tonterías mañaneras, cuando percibiendo mi camino diario, me pregunto:
¿cuál es mi cerro cotidiano, ese que no puedo ver aunque esté, aunque determine
mis pensamientos, mis acciones, mis creencias? ¿Cuál es mi neblina, esa que no
me deja ver lo que está, lo que llamaríamos “realidad”? ¿Dónde está mi lluvia, la
que es solo temporal y cómplice de otros factores al esconderme un
trozo del panorama? Mire usted, ahora no lo sé, pero tengo buena idea de ello…
lunes, 12 de junio de 2017
ALGO ESTÁ MAL
Algo malo debe estar pasando, cuando vemos que
preferimos lo que nos afecta negativamente, en lugar de lo que nos favorece. Algo
patológico debe estarse gestando en nosotros para preferir lo que nos va a
golpear en la cara en algún momento, y no lo que nos ayude a construir francamente
desde nuestro interior. Tal vez sean estos cristales de lentes que por sucios,
manchados o rotos no nos dejan ver bien lo que nos rodea, fabricándonos una
realidad retorcida a la que no podemos resistirnos sin gozar de buena visión de
lo que tenemos enfrente. Quizás no sean los lentes, sino nuestra interpretación
de LO QUE ES. Podría ser que percibimos la bondad, la solidaridad o la
compasión con suspicacia en lugar de con agradecimiento. Puede ser que no
logramos descifrar los mejores mensajes, los que nos llevan de la mano para crecer,
para obtener el equilibrio que trae paz, y los rechazamos a priori, corriendo
luego a los brazos del bullicio y el gozo afectado, superficial, como para
quedarnos a vivir para siempre en ese sitio que arde solo a ratos, a costa de nuestro
tiempo y oportunidades de vida… tan combustibles ellos. Algo debe estar mal si
nos sentimos solos, aún si provenimos de un entorno repleto de personas con el
derecho y hasta el deber de amarnos, de sembrar en nosotros la semilla
constructiva, reflexiva y crítica –cómo no–, pero al final amorosa. ¿De dónde
cipote salió este colador de agujeros tan grandes que deja entrar en nuestros
espacios sagrados lo más vulgar que desfila por una pantalla, lo más grueso de un
discurso burdo y ridículo que receta progreso a ultranza? ¿Cómo es que somos el
repetidor sin filtro de mapas ajenos, de intereses extraños que nos usan como
difusores así de efectivos? Arrancados de raíces, parece. Ya no somos más nosotros.
Somos algo más, una pésima copia incapaz de reproducir maneras propias, cultivadas
en el patio de la casa, que brillen con los colores particulares de estos lares.
Lo que más me arrecha de todo esto es que seguramente hay ojos que miran desde
la barrera, frotándose las manos con nuestros temas irresolutos, golpeándonos entre nosotros con pasión de adolescente, con nuestra ceguera casi selectiva para, al final, caer exhaustos y darnos cuenta de para quiénes
trabajamos.
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