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viernes, 20 de mayo de 2016

Se fue la luz

Ya medio aliviados, terminándonos de recostar en los sofás y sillones alrededor, ya nos comenzamos a sonreír por la experiencia bizarra de perder el principal motor de la vida moderna. Se fue la luz. No había cómo distraernos de estar con nosotros mismos. No había cómo huir de la presencia familiar. No hubo cómo escapar de estar a menos de dos metros de quienes eran el lubricante para la vida. Estábamos atrapados en medio de la presencia simpática y amorosa de quienes crecieron y vieron crecer todo lo que somos ahora. Los comentarios del apagón fueron inteligentemente manufacturados por mi hermano, por mi padre, por mi hijo… quién sabe. El viejo comenzó con un cuento de sus años en su pueblo, que ahora es ciudad. Contaba de los días que comenzaban y terminaban pronto, que colgaban de la luz del día. Con la mirada de los jóvenes clavada en sus ojos bonachones y sonrientes navegaba entre sus vivencias sin luz, sin esa electricidad que fue llevada luego; sin ese instrumento tan impactante que luego, con el progreso tan cacareado arrancó la juntura de quienes se amaban y los puso a mirar para otro lado. Contaba de caricias a veces disimuladas, de complicidades, de camaraderías en lo que ahora llaman solo “pobreza”, pero que sin dejar de serlo, regalaba el espacio franco para vivir una vida de amor prehistórico, de defectos y virtudes no tan elaborados, de esperanzas tímidas de que a los míos les irá mejor. De repente, como se fue, ¡vino la luz! Y quedamos mirándonos entre todos, con el ojo encandilado, y diría que casi con la nostalgia de seguir escuchando cómo era todo cuando no nos podíamos rehuir. Diez minutos después, todos los aparatos estaban encendidos y cada uno de nosotros volvimos a la hipnosis del bienestar que sí logramos, ese, que el abuelo nos deseaba... al menos eso nos dijo mientras lo rodeamos como nunca antes. Entonces deseé con toda mis fuerzas que se fuese la luz de nuevo.

lunes, 9 de mayo de 2016

Del traficante, con amor...

Tardé en darme cuenta y hasta creí que sería más difícil lograrlo, pero ya en estos tiempos desperdigados logré entrar a tu hogar y comunicarme más efectivamente con tus hijos. Eso de que no hay que ser amigo de los hijos solo puede ser cierto si te va a dar la gana de orientar a tus vástagos, darle con todo a esa tarea. Pero como no eres capaz —ni quieres hacerlo —, yo sí que soy todo oídos, los entiendo y luego ofrezco mi producto sin mucho esfuerzo. Me reúno con ellos, los llamo, los escucho sin juzgarlos, nos vamos de farra y ahí: ¡zas! Que si el diablo, que si la cigüeña, que si la semillita, que si Dios bravo, pero de ahí no pasaste, papi. El miedo, el hastío y demás basura de esa que les has inyectado los trajo derechito para acá… ¡Felicitaciones! Te has ganado una vida entera para quejarte de tu suerte, del abandono futuro de tus hijos y preguntarte qué cosa misteriosa e ingrata de la vida fue lo que te pasó. Mientras, disculpa que te deje aquí, perplejo y solo, pero es que debo atender a los hijos de tu vecino, el perfecto, el que sí les dio lo que a él siempre le faltó cuando pequeño.

jueves, 5 de mayo de 2016

¿Qué coño quieres, vale?

Si se te dice que hay un ser supremo y que confiando en él como en el pasado estás salvado, no lo crees. Está bien. Si por otro lado te dicen que la conciencia superior está a tu alcance si abandonas el ruido embrutecedor de tus pensamientos alienados por los mensajes cotidianos, tampoco lo crees. Se respeta eso. Si tu familia te acompaña en tu compunción y se ofrece para ser la solución a tus problemas, no te fías tanto en eso. Tú sabrás. Tu consorte de vida te ofrece su existencia para compartirla, para batallar, si es lo que quieres, viendo a ver si te puede ayudar en eso de ser feliz, pero ya veo tu cara suspicaz en ese respecto. Es tu decisión. De tus hijos ni hablaré. El único amigo que te aguantó desde tu niñez porque admiraba tus pocas, pero evidentes virtudes, te acaba de tender la mano para levantarte de esta, tu más reciente caída; y por lo que veo, tu testarudez se impondrá de nuevo. No me queda sino preguntarte desde esta esquina, desde la que temo decirte nada, ¿qué coño es lo que tú quieres, vale?

domingo, 24 de abril de 2016

Amores del pasado

Zumbarse con ganas y los ojos cerrados. Soltar el sustento vital y lanzarse directo al espejismo. Enjabonarse con la sonrisa perenne, con la esperanza eterna sin mañana ni malicia. Perderse entre los colores inventados por uno mismo, por el buen deseo y sin consultar. “Toda una payasada”, piensa uno después del carajazo que hace despertar. “Qué imbécil fui… ¡esto no me pasa más nunca!”, replica uno a la vida que cree que tiene. El guayabo se parece más a una resaca que duele más arriba del estómago y que no pasa mañana. Aun así, e igualito que con el alcohol, el episodio se repetirá y hasta la experticia ganará uno en el camino, donde pisa, ahí abajo, donde se podrán recoger eventualmente la autoestima y la dignidad amortajadas por los locos proyectos en los que se invirtió todo el ahorrito emocional. Medio muerto y medio enterrado se pudo seguir adelante. Pero la esencia quedó. La supervivencia prevaleció, con todo y redundancia. El gusto no lo quita nadie, como dicen de lo bailao. Quién sabe si fue necesario tanto barullo, pero me agrada el producto más silencioso, de pocos faros, de extinguidos sobresaltos. Prefiero lo que quedó del doloroso tamizado de años de incertidumbre. Me voy a dormir.

jueves, 21 de abril de 2016

No soy experto, pero quiero hablar

No soy experto, pero quiero hablar. No quiero salir harto de información para poder salir y dar mi experta opinión. No quiero venir y lanzarte en la cara los años de estudio tesonero, de diplomas, de pehachedés y demás certificados para que te quedes callado y me escuches. Quiero decir lo que siento, lo que se me ocurre, sin tener que elaborar una tesis y escribir un libro en ese respecto. Quiero, más bien, mirar alrededor con atención y sacar mi propia conclusión. Necesito rayar en mi cuaderno, tomar mis propios números y establecer yo mismo los patrones, las tendencias. Quiero escuchar, aunque sea de mi propia manufactura, la causa de lo que veo, lo que produce nuestra situación de vida. Quiero, si fuese posible, desmentir a quienes se acercan con malabares aprendidos, con retorcijones verbales, con cristales y espejitos académicos a conquistar nuestra buena voluntad.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Te vas a morir

Te vas a morir. Y es mucho más: todos moriremos. Entonces dime, ¿qué vas a hacer? ¿Te vas a quedar ahí mirándome? ¿Te vas a quedar preso de tus miedos, de tus prejuicios, de tu historia? Que te mueras no es un problema; es solo el paso final de la bendición otorgada para deambular por el mundo. Si fuese un problema, tuviese solución... pero no la tiene. Puedes retrasarla, pero eso no la decarta. Deja ya de hacerte el pendejo, porque igual te vas a morir. No importas dónde te metas, porque llevas la muerte por dentro. Pero por dentro llevas también la vida. Por dentro llevas también la energía para sentir, para lograr, para sonreír. Siempre has tenido la opción para escoger, pero siendo honestos, con los ojos cerrados no es fácil. Así que levántate, acércate, acompáñame. Comienza a vivir manquesea desde ahora. No te lamentes. Agradece, más bien, la nueva oportunidad dada hoy.

Eres la fuente

Eres la fuente. Eres el origen. Eres eterno. Eres el flujo indetenible de ideas y flores que permanentemente nos beneficia con su existencia. No importa que se pretenda desechar lo que va de tu obra. No importa que traten de detenerte. Eres torrente porfiado, empecinado. Te miro con sonrisa y agradezco que estás cerca, y aunque sé que tu nube viajará, aprovecharé muy disimuladamente tenerte ahora sentado a mi lado.

domingo, 27 de marzo de 2016

Soy el genio

Soy el genio. Tú no. Yo soy el que saca conejos del sombrero. Yo invento a partir de mis ideas originales o de ideas ajenas, quién sabe; igual, la combinación es mía y es original. Puedo elevarme delante de quien sea y disertar con brillantez mientras doy vida a nuevas realidades. Aunque no me interesa el dinero como la prioridad que me gobierna, es muy sencillo saber que llegará solito, dentro de poco, a muy placenteras cantidades. Mientras, tejeré una organización. Ahora yo soy quien provee el ingreso a gente como tú. Ahora soy yo quien ve con agrado cómo se expande mi pequeño terreno a la hectárea inicial, a mi punto definitivo de partida. Aunque ahora reposo para recoger un poco la idea de todo esto, estoy cuadrando con la gente que me acompañará para armar el prototipo de lo mío y poner el mantel. Me encuentro haciendo malabares con objetos, con ideas, con conceptos, con argumentos, con criterios. Formulo hipótesis increíbles, llego a conclusiones insospechadas para la gente de la calle. No solamente conozco la manera en que actúa mi mente, sino que puedo dar fe de cómo trabaja la mente colectiva. Dado eso, no tengo duda de que puedo inducir acciones en ustedes apalancándome en los estímulos que tan fácilmente me dieron a conocer. Ya tengo logo, silla y ego bastante altos. Doy trabajo, hago favores, genero deudas morales. Atraigo miradas, simpatías y hasta admiración. Es estupendo todo desde un punto de vista… el mío. No faltan, claro, los envidiosos, a esos que no me llegan a los talones, a aquellos que solo saben recostarse de los árboles frondosos. Ya soy todo lo que podía ser. Ya tengo todo lo que podía tener. Ya sé todo lo que me ha interesado saber. Nada ha detenido mi surgimiento en el ámbito universal, y nada parece poder hacerlo. Solo tengo una pequeña objeción a todo lo construido, y es que siempre me parece que hablo solo, que mi audiencia anda en otra onda; que soy como esas maquinitas monederas elegantes, boyantes de tecnología, a las que les sacas un dulce pero que luego de obtenerlo te marchas y no la quieres ver hasta que te vuelven las ganas. A veces siento ese pequeño corrientazo que ya estoy eliminando, ese que me dice que soy solo una disfunción que floreció hasta más no poder.

viernes, 11 de marzo de 2016

Verte en bata de casa

Verte en bata de casa. Eso es lo que quiero. Quiero verte sin ganchos, sin pinturas, sin zarcillos. Si fuese posible, quisiera verte sin los atavíos acostumbrados en los sitios donde te me presentas. Necesito saber si brillas sin luces alrededor, si embriagas sin refuerzos, si despampanas de cerquita. Quiero verte sin zapatos, comiendo papitas o tirada en el piso, mirando mala TV. Muero por mirarte picar una cebolla, barrer con flojera, pasarle un trapo a tus propias regueras. Ya basta de concesiones, de créditos a plazos increíbles. Llegó el momento de ser sincera con tu admirador número uno. Te quejarás de la cola, del calor, de bañarte todos los días. Irás bajando lenta, temeraria y tortuosamente a mi nivel, a este tierrero en el suelo en el que todo se ve grande, a esta cochinada de jornada. Por último —y hasta como un favor lo aceptaría— quisiera saber de tu sudor, de tu saliva, de tu aliento de madrugada, cuando al fin me descubra a tu lado… al lado de alguien igual que yo, pero que ostente toda mi atención enfermiza.

domingo, 28 de febrero de 2016

La tortuga en el árbol, por supuesto.

Alguien dijo que había llegado un desconocido. Alguien más mencionó que sabías cosas que no sabíamos nosotros y que venías relucientemente ataviado. Como es natural, no me interesó. Pero siguieron diciéndolo hasta que la curiosidad me embargó y al final estuve cerca de ti por un rato para saber de qué se trataba toda aquel barullo a tu alrededor. Pero no. Nada de lo que pude ver, oír, sentir, me atrajo como a los otros. No pasó mucho tiempo sin sentir la presión de mis iguales por unirse a tu causa, a tus gustos, a tus necesidades. A mi pesar, luego de pocos años, comencé a ataviarme como tú, como ellos, que habían adoptado tus maneras con solo conocerte. Me acostumbré y fue inevitable, como con todas las costumbres, el dolor al tratar de separarse. Por eso seguí, para no sentir que fallaba en el intento. Pasaron más años y hasta de tu representante fungí; quien no te presentase sus respetos tenía la indiferencia asegurada. La vida siguió con esa piedra en el zapato convertida en simpatía insospechada, en piel de mi piel, en mí mismo. Pero en estas noches desperté sobresaltado, desconociendo todo lo que me rodeaba desde que llegaste; lamentando todo lo que mi flamante hipocresía me empujó a hacer. Me sentí el imbécil que parezco ser entre quienes conocieron al verdadero yo. Sentí con rabia que me embarqué en tu lógica, que traté de ser como tú por aclamación popular, y de repente, como no era tú, resultó que fallé. Ahora tengo arraigadas necesidades que no fueron mías y hasta camino como tú. Me siento como la tortuga montada en el árbol. Ahora soy incompetente según tus reglas, en el tipo que no fue capaz de tener el éxito mínimo que los demás esperaban de mí, en lugar de seguir siendo el ignorante resuelto y feliz que dicen que hubo en mí hace ya algún tiempo.