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lunes, 27 de enero de 2020

El propósito es el meollo

El propósito es la motivación válida, el objetivo ponderado, la meta trazada; pero también es lo que define nuestra dirección de hoy mismo, es el origen de la fuerza que aplicamos en este minuto: de donde deberían salir las ganas. El propósito es lo que hay que recordar cada día para para no dormirse, para no hastiarse y dejar el camino. El propósito es el recordatorio diario de para qué estamos aquí, lidiando con esto. El propósito es lo que ayuda a examinar si lo que se hace cada día vale la pena o es un desvío desechable, prescindible, un estorbo tal vez. Hay momentos oscuros en los que se pierde de vista el propósito, y con él, el sentido real de la vida y sus detalles, sus momentos, su belleza, su gozo. Si al final del día no se acerca unos centímetros hacia su propósito, mi pana, vaya lavándose la cara y afine la vista para dibujar su mapa… eso sí: calmadito, pues.

PD: Si no definimos el propósito en la conversa, no tiene sentido seguir tropezando como ciegos iracundos.

lunes, 19 de agosto de 2019

Despropósito

“¿Para qué casarse?”, “¿Para qué tener niños?”, “¿Para qué estudiar esa carrera?”. Muy probablemente la respuesta a este tipo de preguntas obedezca a una receta preconcebida, a recomendaciones de otros o a “porque todos lo hacen”. Es normal, pues; es generalizado. Pero como tantas cosas que navegan a la deriva y sin la motivación adecuada para responder, para saber, para sentirlo, el propósito es el protagonista ausente. Nos perdemos entre tanto esfuerzo, entre tanto ruido, entre tanta mecánica, que nos despertamos un buen día en un sitio distinto al soñado, bastante desviado del que trazamos cuando todavía teníamos claridad en el objetivo, ese objetivo que dejamos a un lado, que dejamos atrás, para estar ahora en este adefesio que logramos en su lugar y que, a pesar de los aplausos recibidos, tanto nos agota, tanto hastío nos produce.

lunes, 27 de mayo de 2019

Buscar el propósito

Tener un propósito. Buscarle el propósito a todo, a lo que hago o a lo que ocurrió. “Lo mejor es lo que pasa”, dicen algunos. Yo no sé si lo mejor es lo que pasa, pero definitivamente es lo que pasa y comenzamos a jugar peligrosamente con el “no debería ser así”, pero lo es: siempre lo es. Con tan pocas cosas que dependen de nuestro control, de nuestra decisión, como que es mejor buscarle la vuelta, tratar de ver más allá de la emoción, buscar un propósito. ¿Que parece acomodaticio? Tal vez. ¿Que estoy tratando de que las cosas no me afecten tanto? Puede ser. ¿Qué estoy inventando? Quizás no. Lo cierto es que todo se siente mejor si se le atribuye un propósito. Todo cuadra, todo encaja. Nada queda desperdigado. Si le viésemos el propósito a todo lo que ocurre, si pudiésemos detectar una alineación tanto en los elementos de la vida diaria como en los acontecimientos extraordinarios, sería casi como participar en el milagro. Si no quieres hablar de la autoría, de creencias o de cualquier predisposición establecida por el humano, estoy de acuerdo, pero debes admitir que cuando hablamos de casualidades, las lanzamos inmediatamente al cúmulo infinito de misterios aparentemente inconexos que no estamos preparados para entender en este momento. A fin de cuentas, el propósito implícito de las cosas viene dado por un orden que se escapa a nuestra limitada comprensión del universo y de sus leyes aún no develadas. Estamos tan acostumbrados a descomponer con afán todo en sus partes y en concentrarnos en cada una de ellas, que normalmente olvidamos que hay un todo que las contiene y les da sentido… que les otorga un propósito.