Eres la dulce distracción en medio de
la crisis. Eres una apetecible invitación a sentarme, en lugar de
emprender el camino urgente, necesario. Eres la fronda que acobija de
la lluvia, y que atrapa con su tibiesa. Eres un pedazo de vida que
cuadra perfectamente por un lado, mientras se posterga el itinerario
cesudamente prescrito por el otro. Quitas de mis manos los
instrumentos de búsqueda y te colocas en sus lugares, arrancando con
ternura y pasión la frialdad y el cuadriculado de mis notas. Eres el
obstáculo azucarado a mis comprensiones, la posposición disimulada
a la que me pliego sin la menor resistencia, con el mayor deleite.
Pero cuando te retiras, quedo de nuevo con el laboratorio
desarreglado, con las maletas desechas de nuevo, reubicando mis
tareas pendientes caídas debajo de alguna silla, de las copas vacías, del candelabro humeante. Es cuando estás lejos que la neblina rosa
y aromática desaparece y se impone la idea recurrente de pensar en el
camino, de planear, de hacer; nunca sin dejar a un lado a esa dulce
aparición que ahora poseo, y que se interpone en la puerta de salida...
aunque al final, afuera, no haya mejor paisaje qué perseguir.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
jueves, 7 de junio de 2012
Dulce obstáculo
Eres la dulce distracción en medio de
la crisis. Eres una apetecible invitación a sentarme, en lugar de
emprender el camino urgente, necesario. Eres la fronda que acobija de
la lluvia, y que atrapa con su tibiesa. Eres un pedazo de vida que
cuadra perfectamente por un lado, mientras se posterga el itinerario
cesudamente prescrito por el otro. Quitas de mis manos los
instrumentos de búsqueda y te colocas en sus lugares, arrancando con
ternura y pasión la frialdad y el cuadriculado de mis notas. Eres el
obstáculo azucarado a mis comprensiones, la posposición disimulada
a la que me pliego sin la menor resistencia, con el mayor deleite.
Pero cuando te retiras, quedo de nuevo con el laboratorio
desarreglado, con las maletas desechas de nuevo, reubicando mis
tareas pendientes caídas debajo de alguna silla, de las copas vacías, del candelabro humeante. Es cuando estás lejos que la neblina rosa
y aromática desaparece y se impone la idea recurrente de pensar en el
camino, de planear, de hacer; nunca sin dejar a un lado a esa dulce
aparición que ahora poseo, y que se interpone en la puerta de salida...
aunque al final, afuera, no haya mejor paisaje qué perseguir.miércoles, 6 de junio de 2012
Quiero tentaciones
Hoy quiero tentaciones.
Quiero otras cartas, otro colores aparte de los que ya he escogido. Quiero tener opciones que me
traten de seducir para convalidar mi perspectiva de hoy. Es fácil recostarme, defender mi única posición, la que me tocó, y quedarme atascado neciamente. Quiero saber de mi
conciencia, de haberla. Quiero el circo completo, la degustación completa, el concierto
completo y así paladear de nuevo, y decir con los ojos cerrados lo que he de
tomar. Si resulta lo mismo, me consideraré un tipo coherente; si no, me
consideraré, simplemente, honesto. Claro, en ninguno de ambos casos, hablaré de la tristeza que permanecerá. Me las sé toditas
Ahora soy audiencia. Ahora soy yo quien
debe escuchar, quien debe prestar atención. Sin embargo, me doy
cuenta de que ya sé mucho de lo que me dicen y me siento orgulloso;
tanto, que parafraseo frecuentemente al orador. Tanto, que miro al
resto de los oyentes y quiero dejar clarito, a todos ellos, que yo
estoy allí por una jugarreta de los días y no porque me haga mucha
falta. Levanto la mano, me adelanto a la clase, aclaro conceptos que
seguro al resto se les hace difícil entender. En fin, después de
esta relajada “clase”, sentado con la pierna cruzada, recostado y
con los brazos cruzados, mi sonrisa no cuadra tanto con la cara de
arrechera que cargan los demás.lunes, 4 de junio de 2012
¡Yo no te lo pedí, coño!
Una
concesión no solicitada. Un favor no requerido. Una ofrenda hecha sin
consentimiento del destinatario. Una delicadeza dedicada, con mucho afecto, a
quienes pensamos que lo necesitaba. Con arrojo, sin ataduras, nos entregamos a
nuestras buenas intenciones, sin saber que el pretendido del grupo de dos se
henchía sólo en nuestra cabeza. Del otro lado, quien con sorpresa agridulce miraba el inesperado presente, sólo
sufría una asfixia sutil en aceptación de aquel regalo que resultó desatinado.
-Pero no fue gratis, ¿oíste? Te lo di con todo mi
amor porque creí que con eso te ayudaba; que con ese gesto de mi parte te
sacaba de un aprieto. Creí que era desinteresadamente, pero eso es pura paja. Ha
llegado el momento para que me agradezcas, para que te pongas a la altura de nuestra
situación. Me sentaré aquí enfrente, con la mirada altiva para darte tiempo a
que recapacites y comprendas que sentimos lo mismo, que somos el uno para el
otro ¡y no pongas cara de fastidio! ...¿Cómo? ...¿Que cómo me llamo?
No te encuentro
Te busco. Te busco por ahí y no te encuentro. Te
busco entre la gente, en la calle, pero no estás. Te busco. Escudriño
profundidades detrás de las miradas, pero sólo encuentro escudos temblorosos,
espejos deformados. Trato de situarte, pero mis ojos, como en un costoso juego
fallido, desatinan con dolor y estrépito. Doy largas a mis intentos de
reengancharte con la esperanza ya no tan firme de completarme, pero finalmente
caigo de rodillas, esta vez, para siempre.
Lo siento, Doñita
Doñita, quisiera darle mi puesto, pero elijo no
hacerlo. Me duele la espalda, el cuello y tengo los pies desechos. Yo sé que Ud.
está en la edad de ser atendida, pero hoy no. Antes de hacerme el dormido, el
tonto o quedármele mirando raro, prefiero confesarle mi intención de quedarme
sentado enfrente de su bamboleo corcoveante, entre todas estas damas que
parecen mucho menos caballeros que yo.Un asiento vacío
El insospechado lugar estaba
vacío. Era impensable que estuviese disponible. Resultaba increíble que
estuviese solo, sin un ocupante de esos, de los que pululan a diario, agotados,
por estos lares. Sumaba y restaba y no me cuadraba la cuenta. Pensé: "y
qué tal si...?" pero no, qué va; sería una locura, un regalo milagroso
para un mero pecador fatigado. Me fui acercando a lo que parecía un lugar
rodeado de gente, pero sin ocupante. Tal vez había un niño al que nadie miraba
ahora. Quizás era un paquete invisible desde la distancia. Seguía yo avanzando,
y ante la espectativa de posible la burla de la audiencia, del encuentro de un
derrame o una mancha fresca, me lancé al vistazo final: estaba vacío. Estaba
limpio. Estaba esperándome... y yo que estuve a punto de abandonarlo. “Seguramente”,
me dijo sonriendo un anciano que me observaría desde hacía rato, “…el mérito no
fue tu optimismo, sino, a pesar de ridículamente difícil de la tarea, nunca dejaste
de avanzar”.
domingo, 3 de junio de 2012
Algo en qué creer
Dame un símbolo,
muéstrame una figura, para creer. Háblame de otros mundos mejores, de uno o
varios seres superiores, contralores, para asir mi pensamiento. Despliega tu
discurso vehemente, señala el cielo y el suelo, hazme historias de tiempos
inmemoriales, para entrar en tu onda de fe. Hazlo, por favor, porque ya no creo
en mí. Ya no me dejo guiar más por mi pensamiento, usando la parálisis como
instrumento predilecto. Ya amordazo a lo que solía llamar “mi intuición” y la
amarro a cualquier poste disponible. Oídos sordos a las voces del interior que
claman por una segunda oportunidad. Por eso, por fallar tan estrepitosamente,
le sale sentencia de incredulidad al coro que acostumbraba ser mi séquito, a
las equivocaciones grupales que solían venir a mostrarme el camino, la senda perdida.
Estimado ridículo
Nuestro estimado sentido
del ridículo. Estimado, oportuno, genial, risible. ¿La mejor arma? Reírse
primero. Fugaz comprensión del resbalón y su inocuidad. Veloz mirada alrededor
a ver quién conforma la audiencia, y entonces soltar Enseño aprendiendo
Enseño,
practico
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