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martes, 14 de enero de 2020

¿Aceptan por esposos? ¿En serio?

¿Aceptan por esposos a ella y a él? ¿Juran respetar, acompañar en salud y en la enfermedad, ser fieles de mente y cuerpo, etc.? ¿En serio? ¿Aceptan, adicionalmente a la cartilla que le leen frente al escritorio o el púlpito, perder su individualidad para siempre? ¿Aceptan abandonar todos los proyectos personales que tenían antes del matrimonio para dedicarle cada día a sus compañeros, a sus demandas incesantes, a su desconfianza permanente? ¿Aceptan también abandonar los acuerdos mutuos como vía de solución de diferencia y entregarse a la “magia del amor” como única salida para todo? ¿Aceptan, muchachos todos, casarse hoy sin haber conversado antes de cómo sería tan solo un día juntos?: ¿A qué hora se levantarán de la cama, quién preparará la comida, quién lavará la ropa, quién limpiará la casa, quién decidirá, a quién visitarán, cuándo descansarán? ¿Aceptan ustedes perder el derecho a visitar a sus familias, a encontrarse con sus amigos, a salir solos a la calle? ¿Aceptan, por Dios santo, acoger un estado de ánimo mucho menos prometedor del que tuvieron cuando eran novios o estaban solos? ¿Aceptan quejarse amargamente más delante de las cosas que pudieron haber hecho si no fuese por el matrimonio? ¿Sí? ¿Aceptan?

martes, 8 de octubre de 2019

Matrimonio conmigo

Decidí terminar el bochinche que tenía desde hace rato. Decidí acabar con ese amancebamiento de pasión y desdén que traía a cuestas. Decidí casarme conmigo. Sé que suena raro, pero creo que es lo que debo hacer. Debo prepararme en serio para el compromiso… no es cualquier cosa. Creo que el concubinato debe terminar lo más pronto posible y convertirse, al fin, en un proyecto adulto. Para que el asunto tenga mayor rigor, meditaré y escribiré los votos para conmigo y los recitaré el día de la ceremonia. Ustedes me disculparán, pero esto se efectuará en tales condiciones de intimidad, que ni siquiera la familia o los amigos estarán invitados.  Lamentablemente para los aficionados a los bailes y los tequeños, el acto no tendrá ese carácter mundano de siempre. Llegó el momento de sincerarme y decir, de una vez por todas, cuáles son mis verdaderas intenciones en esta relación conmigo. Se acabó el zigzagueo entre el aburrimiento y la embriaguez que esconde mi fracaso parcial por no encontrar mi camino. Así que, bañadito y entalcadito, haré la promesa solemne de amarme y respetarme a mí mismo, así como obrar en favor de mis más constructivos intereses, porque miren la cosa es hasta que la muerte me separe.