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jueves, 17 de mayo de 2018

La próxima vez que quieras salvarme...


Cuando quieras salvarme, avísame primero. Cuando te entre ese ímpetu poderoso de ser útil y salvarme, te ruego que me expliques, con detalles, cómo es que piensas hacerlo. Antes de exigírtelo, te pido encarecidamente que revises el entorno, los alrededores, todos los elementos que están a tu favor y en contra para llevar a cabo esa tarea tan loable que es salvarme. Por supuesto, debo pedirte también que revises tus aspiraciones personales, los dictámenes de tu ego, los sueños que de chiquito abarrotaban tu cabeza y que ahora deseas honrar solemnemente. Si notas que te pido mucho, te pediré además que me disculpes, porque es que en estos últimos años, mis años, los años de mi tierra, han aparecido varios con ese mismo discurso de salvación y la verdad, nos ha ido mal. Pero solo puedo hablar por mí. Siento que debo respetar que mucha gente se identifique con las ideas que expresas en la tarima, en el canal de televisión, por los pasillos. Entiendo que cada quien procesa su experiencia a su modo, a su paso e incluso, a su conveniencia. No me mire así. No te pongas así. Solo trato de transmitirte mi precaución con el mayor respeto posible, tú sabes… así no quedo como otro detractor de esos que te grita cosas en la calle. Solo trato de precisarte, porque quiero saber si es que en tu camino de logros visualizas ahorita o serás capaz luego de sacrificarme a mí y a la tranquilidad de mis seres queridos en pos de lograr, como sea, tus objetivos, ¿recuerdas?, esos que vienes acariciando desde niño y que es ahora o nunca para eso de “ser alguien importante”, “hacer historia” o simplemente para que no te olviden por un buen rato a costa de perder tus propios afectos, a costa de que las familias ajenas se despedacen o a costa de cualquier cosa valiosa para mí que esté fuera de tu alcance o tu interés. La verdad, de pana, y ahora sí te exijo que me expliques cómo es que me vas a salvar, porque tal vez, estimado y diligente amigo, no quiera yo que me salves.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Vive en la calle


Vive en la calle. Su techo es circunstancial, improvisado. Su refugio a veces no lo es. Lo tomó prestado a algún proyecto urbanizador del pasado, de cuando estaba del lado de los que “aportan algo valioso a la sociedad”. No sabe a qué hora comienza su día; algunas veces sus días parecen noches eternas en las que pasa desapercibido, en las que el sol le niega, según él, su luz. Sentado o acostado detrás de algo, debajo de algo, ve pasar los pies apurados de quienes cargan con sus respectivas metas, sus respectivos pensamientos, sus demonios correspondientes. Por supuesto, son metas, pensamientos y esos demonios muchos más refulgentes que los de él, que yace en silencio, casi sin respirar, exigiendo lo mínimo necesario de su entorno marginal, despreciable para otros, la mayoría de las veces invisible. De vez en cuando algún niño extraviado lo encuentra con la vista, se acerca y se presenta sin miedos, sin prejuicios, sin argumentos brillantes de por qué las cosas son como son “y te jodiste”. En esos pequeños momentos de milagrosa apertura, en los que se ve a sí mismo a esa edad, en los que se permite recordar los paseos con su mamá, las fiebres atendidas, el Niño Jesús; en esos momentos en que se deja llevar a los días en que pertenecía a algo suave, cálido, perfumado, de besito de buenas noches, es que reflexiona fugazmente lo afortunado que es su visitante… lo feliz que era él antes de que se quebrara todo y comenzara esta etapa. El grito repentino de la madre que lo retira con aprensión rompe con el instante extraordinario y todo vuelve a ser como es, como ha sido por años, como no quiere que deje de ser en medio de una extraña libertad y control sobre el territorio que lo cobija a espaldas del resto, y mira, sin mucho problema aparente.

martes, 15 de mayo de 2018

Nunca moriré


Nunca moriré. Nunca. Mi cuerpo sí, claro; así debe ser para un estuche temporal. Cuando mi cuerpo muera saldré de él y me iré por ahí, a flotar, seguramente donde flotaba antes de mi nacimiento. Al momento de mi escape de lo material, dejaré mi cuerpo recostado donde me agarre el campanazo. Lo irá a encontrar quien pase por el sitio y seguro habrá alguna conmoción —anhela mi ego—. Espero que quienes vean mi cuerpo sin mí se den por enterados de que solo es el guante vacío con el que claro, me identifiqué, me identificaron desde siempre. Ya no seré eso que yacerá en el cajón. Yo seguiré siendo lo que ahora ocupa este cuerpo vivo, pero sin incertidumbres, sin miedo, sin opinión emocionada. Al fin habré logrado eso de no juzgar más a nadie, de no identificarme con lo físico, con la tendencia del momento. Lo que casi podría asegurarte con alguna precisión es que estaré muy cerca de ti en ocasiones, moviendo alguna de tus rizos, soplando alguna de tus orejas, rozando la punta de tu nariz o induciendo algún recuerdo que te lleve a cierta sonrisa, que te guíe hacia algún aprendizaje juntos ya olvidado. Ya lo sabes: soy más de lo que puedes ver, de lo que puedes tocar, escuchar, y será eso lo que quede libre de ataduras cuando alrededor, todos afirmen con vehemencia... que ya morí.

viernes, 11 de mayo de 2018

En retrospectiva, todo cuadra


En retrospectiva, parece que todo cuadra. Tomar algo de distancia aparenta nunca ser contraproducente. Una vez que todo transcurre, que baja el polvero y se asientan las emociones, se pueden comenzar a delinear cuestiones que antes no se dejaban ver, y que en su transcurso estaban todas muy por encima de nuestras posibilidades de discernir, de precisar, de atrapar. En retrospectiva, todo comienza a parecer un retrato más o menos estático, observable con toda la calma y desparpajo que permita el momento. Podemos vernos desde lo alto a nosotros mismos en ese pasado infantiloide, perdidos, desorientados, echando plomo a cualquier cosa que se nos apareciese enfrente. Pero hoy, mirando de nuevo la vieja escena, resulta que éramos una caricatura confundida de lo que somos ahora. A la distancia, solo vemos la vieja piel que acabamos de mudar y de la que parece que nos deshicimos con el dolor respectivo. Deriva todo en una especie de pase de página, de apertura, de bienvenida sin drama, sin esa miopía —tan cómoda ella—, sin la justificación de quien se recuesta en los hombros de su misma historia para poner siempre la torta. Hoy siento que, a pesar de haber dejado trozos de mí en el camino, he podido crecer.

jueves, 10 de mayo de 2018

Las emociones se apoderan de mí


Las emociones se apoderaron de mí. Soy un amasijo desordenado de pensamientos agudos y repetitivos que hacen ruido mientras trato infructuosamente de tranquilizarme y avanzar. Camino para allá y para acá y no logro apagar las voces, ideas o figuras extrañas que desfilan frenéticas en mi cabeza. He sido colonizado poco antes de lograr el objetivo: la paz, el equilibrio. Repaso la receta otrora efectiva para bajar la presión, pero no cede; la verdad es que parece conservar toda su fuerza fastidiosa y sigue goteando sobre mí su sustancia pesada, viscosa, indeleble por ahora. La imagino con cierta sonrisa de sadismo, con el puntaje a su favor. Trato de estar por encima de la situación, pero un techo duro, infranqueable, invisible, evita muy fácilmente que salga de esta mortificación. Dicen por ahí que saber de la enfermedad es el comienzo de la curación, pero al menos por ahora, para mí, eso no es verdad. No puedo despertar…


sábado, 5 de mayo de 2018

Tan sereno que arrechas

Eres tan sereno, tan tranquilo, que me inquietas. Las cosas pasan y tú así, tan quieto, tan de lentos parpadeos y sonrisa desdeñosa. El mundo se está incendiando y miras todo como con una lupa gigantesca y analítica que te hace llegar rápidamente a tus conclusiones desenfadadas de mierda. Uno anda alerta, corriendo con las noticias, brincando con los anuncios, mientras tú y tu cacareada percepción tan solo echan un vistazo y manoteas con desdén al emisor de la calamidad, te das la vuelta y sigues leyendo esas vainas raras que tanto te entretienen. Ya no sé qué hacer. Creía que eras mi amigo, alguien que se interesaba por mí, por mis problemas; pero cada vez que te vengo a contar de mi nueva inquietud, me pones muy amablemente la mano en el hombro y me cacheteas con una frase de esas sacadas de alguno de los pasquines de esos que te la pasas leyendo… ¡qué arrechera, vale! Ojalá se te pudran todas esas frases cuasi-célebres que inventas cuando estoy cerca y te estallen en la cara los problemas de la realidad real… no de esa entelequia a la que llamas existencia.

No sabía de eso, "Villam"

Tu talento brinca por encima de tu ingenuidad y se deja ver, se deja apreciar. Tu ingenuidad es manifiesta, y aunque se podría alguien afirmar que entorpece el arte terminado, la verdad es que más bien le aporta color, le da la forma que no podría lograr la academia. Sale de las tripas, de un berrinche, de no me importa qué. Se manifiesta inundando el sentir por medio de la vista y avanza como el agua en una pendiente estropeada: simple y pura, natural y sin pretensiones ocultas, sin subterfugios elaborados… solo es, solo se manifiesta como se le antoja, como sale de la fuente y se muestra. Ese ha de ser tu sello, tu firma, la manera de expresar lo inmanifiesto que vive en ti… lo que te mantiene así de vivo.
Breve homenaje a mi amigo Manuel Villamar, artista.

lunes, 23 de abril de 2018

Ciencia tu madre


Cuando mi madre me arrullaba, la Teoría de la Relatividad no se veía por ningún lado. Cuando mi abuela reflexionaba conmigo, la Teoría de las Cuerdas no se notaba para nada. Cuando mis tíos me aupaban y me animaban para que hiciera algo, el Big Bang no se sintió. Cuando nacieron mis muchachos y pude verlos, acariciarlos y olerlos por primera vez, las aproximaciones del Principio de Incertidumbre de Heisenberg no pudieron darse. Cada vez que amé con locura a una mujer, ni Isaac Newton ni sus leyes me dieron la receta para hacerlo mejor. Y por supuesto, al encontrar a un viejo amigo y pasar un rato con él para ponernos al día y recordar viejos tiempos, la Flotabilidad de Arquímedes no logró movernos del sitio. Así ha sido. Aunque en muchos momentos se sintieron explosiones, expansión, crecimiento y hasta suspensión en el medio en que me encontraba; así como supe que todo era relativo y mucho de lo que pesaba en la vida está en los detalles, en lo micro, debido a la atracción y a veces a la inercia, ninguno de estos genios aburridos y ocupados hasta el hastío pudo inspirar mi existencia. Tal vez, digo yo, que es por la creencia de que la ciencia y la tecnología solo han permitido, a través de los siglos, que las luces y los espejitos nos distraigan la vida en lugar de dedicarnos a lo que realmente importa, a lo cotidiano, a lo amoroso. Parece algo insalubre.

domingo, 22 de abril de 2018

Ayer murió


Ayer murió. El día de ayer murió. A su alba nació, nos despertó y avisó que había otra oportunidad. Tuvo su apogeo, su declive y el gran final en la noche. Hubo para todos. Nadie podrá decir que no tuvo su parte para vivir, para crecer. Así fue. Pero veo que, como todo muerto, puede volver en forma de fantasma a aparecerse en el futuro. Por como veo los rostros hoy, es seguro que ayer seguirá entre nosotros. Tedioso, como aprendizaje, como escenario de terror o tristeza, quedó en la cabeza y en el corazón de muchos. Y pasarán los días y las noches y ayer seguirá siendo el punto de partida de todo lo que hagamos y dejemos de hacer hoy y mañana. Entonces comenzará a ser una carga, un lastre tan pesado que no podremos descolgarlo de cada acción, de cada omisión, de cada decisión que tomemos en adelante. Será una cárcel de la que no podremos salir así tan fácil. Será un álbum macabro que se abre en la misma página para siempre. Será, coño, tremendo fastidio.

miércoles, 4 de abril de 2018

Salvaré a uno solito

Salvaré solo a uno en esta vida… es decir, además de mí. Después de pasar décadas observando las conductas del ser humano, viviendo entre el torbellino de pasiones inevitables, de emociones ineludibles; ideando planes para armar el equipo soñado y ser mejores entre todos para cambiar al mundo, me cansé. A todas estas, luego de sintetizar monstruosamente el asunto, he concluido que no puedo. Después de haber llegado a esa sentencia, también pasé por otro sufrimiento por culpa de la frustración del momento de revelación. No puedo. Ya está. Así de simple. Por eso, ya entendiendo el nuevo rumbo, escueto, preciso, objetivo, iré a enseñar a leer a un niño, sacaré de la depresión suicida a quien ya no vea la luz al final del túnel, extenderé la mano a quien sufrió un refalón imprevisto, o bien, me alejaré y dejaré vivir a quien la pasa tan mal conmigo que ya no le queda gracia a su existencia. Cualquiera de estas será la acción adecuada. Alguna de ellas, por sí sola, sola solita, me servirá para servir de algo a esta humanidad que, a todas luces, no se deja ayudar.