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viernes, 17 de enero de 2014

Aparecieron manchas



Hay manchas. Manchas regadas por todas partes. Manchas que se mueven, que parecen ir de un individuo a otro; que se aprenden, crecen y se mudan. Que parecen no terminar.
En medio de mi cacareada inmunidad, observo y observo. Veo en la cara de los otros la limpieza que me garantiza el haber compartido con ellos algunas cosas mías. De repente, en un movimiento imprevisto, veo que en el otro lado de su rostro hay una mancha. Una mancha que no veía, que no sentía, que no imaginaba. Una mancha que desconcierta y, antes de querer una explicación, sólo quiero sentarme y tratar de pensar... y luego descansar un rato.
Tal vez no son manchas absolutas; quisiera pensar que no es así. Quisiera pensar que son territorios negros con los cuales se me hace sencillo guardar distancia y que sólo atacan a parte de la persona... que no es un ataque masivo, pero de todas maneras espero una explicación, una razón para lo que parece una payasada de la vida. ¿Será que esa debilidad es imprevisible? ¿será que existe en cada uno de nosotros esperando la oportunidad de presentarse? ¿será que la distancia entre lo bueno y lo malo se recorta inexorablemente ante algún artificio maléfico de circunstancias? ¿será que sólo no hemos tenido la oportunidad? ¿será que jugamos a juzgar? ¿será que jugamos a perder? ¿cuánto valemos? ¿tan poco que sería mejor regalarnos o perdernos? ...la vaina está jodida.

miércoles, 15 de enero de 2014

Somos sólo adjetivos

No somos personas. No somos una experiencia única. No somos un hecho irrepetible. No somos un cúmulo de felicidades, de logros; de drama y frustración. Somos adjetivos. Somos una palabra que denota a otra, al parecer, ninguna de las dos mejor. “El Negro ese”, “El loco ese”, “El mendigo ese”, “El terrorista ese”, “El viejo ese”, y un etcétera vergonzoso. Siempre inventaremos un adjetivo que funcione como un saco de basura en el cual meterte, y así separarte de mi cuestionado mundo rosa. No te concederé expresiones de respeto. No  te llevarás ni un solo calificativo que afirme tu humanidad. En caso de grato acercamiento entre tú y yo, no pasará de ser una aventura exótica, algo raro que permitiste que ocurriera. En caso de acercamiento no habrá intercambio, sólo tu presunto aporte a mi miseria… dices tú.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Adita en Poltergeist

LA CREDIBILIDAD EN LAS PANTALLAS (o “Tremendo mojón”)

Sabemos de sobra que las historias representadas en el cine y TV tienen, por encimita, dos componentes: la historia misma y la manera en la que se desenvuelve. Respecto a la manera en que se desenvuelve, puede ser que una que otra cosa no creíble pase por debajo de la mesa porque el fondo del cuento es tan interesante que no hay ojos para detalles odiosos. Pero, indudablemente, hay detalles que dejan de serlo para convertirse en un trancazo para el flujo de la trama y nos arranca la conocida expresión: “Si son mojoneros”. La situación empeora cuando quien manufactura el filme cree que esa escena le otorga colorido al resto de la historia y hasta la jolivudiza. “Esa gente cree que uno es pendejo” se convierte en la piedra de tranca al resto de los minutos por desenvolverse, y entre gestos remolones, entre brazos y piernas cruzados, uno termina de darle rentabilidad al boleto que acaba de pagar allá afuera.

Soy muy justo

Soy justo. Soy muy justo. Soy tan justo, que rayo en lo aritmético cuando determino el punto exacto de justicia, de balance entre lo bueno y lo malo. Sin embargo, por alguna razón que desconozco, estoy aislado. Es una situación en la que quien se cuida tanto cayó en un punto muerto de rechazo general. Muchos dicen que es porque soy fastidioso, empecinado y hasta inhumano. Otros dicen que rompo la dinámica divina del universo de dar y recibir, represando lo que debo liberar y no aceptando lo que considero sólo un regalo sin justificación. Yo, reflexionando mucho, sacando mis cuentas y viendo los resultados, considero que lo justo es que mande a todos al carajo… ¿qué saben los demás de justicia?

domingo, 13 de octubre de 2013

Y ahora cuéntame una de Franskestein

Y entonces le dijiste al niño que no entendería tu explicación, que era sólo un niño. Y entonces, con todo el inmenso poder de tu ignorancia, de tu indiferencia, de tu distracción, abandonaste el hilo constructor de su carácter, de su personalidad, de su futuro bienestar, de su papel como miembro de una sociedad justa. Y ahora te encuentras en la calle con ellos: con el injusto, con el indiferente, con el corrupto. Y en estos tiempos otoñales te luces hablando de cómo es que esa gente es despreciable, excecrable, mala; que son un lunar a exterminar de tus dominios, de tu selecto grupo. Ahora estás ahí, en ese cafetín del bulevar, debatiendo vehementemente con las madres y los padres de un grupo incalculable de quienes una vez fueron aquellos niños descuidados, abusados, sutil o abiertamente humillados.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Rentabilidad de una decisión


La rentabilidad de mi decisión me está matando. Siento demonios sobrevolando por encima de mi cabeza, burlándose de las condiciones en las que me encuentro. Tomé la decisión y ahora me hinca en las costillas, en los pies, en el corazón. Debí decidir. La circunstancia y mi percepción de la fatalidad no me dejaba respirar y creí que saltando de la embarcación caería en otra mejor, pero caí directo en el agua y ahora siento que me estoy ahogando. Miro a los lados y nada; no hay tabla de salvación a la vista. Pero nada, aquí sigo, así sigo. Trataré, hasta el último momento, de que nadie note que quiero desistir del esfuerzo al que me comprometí. Siento que compré un refresco de varios litros y debo beberlo todo sólo porque pagué por él. Pero aquí voy, carajo, reventándome, firme o casi, rumbo al triunfo previsto, sin la “rectificación” de los que se equivocan... ¡porque primero muerto que echarme pa'trás!

viernes, 27 de septiembre de 2013

Después de tanta chatarra

Si supiera el esfuerzo exacto para descubrir lo que necesito, para saber lo que quiero, no daría tanta vuelta. No aprendería tanta chatarra, no cargaría con tanto peso muerto que me quita impulso y que me estorba. Si la brújula estuviese más afilada, no aprendiera tanta cosa inútil, tanto artificio extenuante, tanto truco barato. Después de aprender las artes, las ciencias, las tecnologías que recita el credo social, me veo perdido entre toda esta maleza que amenaza con extraviarme para siempre de lo que sería, hipotéticamente, mi razón en esta vida.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Me devolví al espejo


Me devolví a verme en el espejo y ya no era yo. No era el rostro esperado. Era, más bien, una vieja caricatura del que fue y ya no era. No había brillo en los ojos, que trataban de no ser cubierto por aquellos párpados cansados de no sé qué cosa recurrente, ya inevitable. No sabía si eran arrugas o laceraciones. No sabía si ese rictus de hastío era de ahora o de siempre, si gratis o merecido. Total que me encontré con ese carajo en el cristal, ese lamento silente, ese esperpento que ahora se dejaba ver. No sé si esa mañana amanecí con la honestidad revuelta, inevitable, pero sí sé que pude ver cosas en mí que normalmente oculto a todos y a mí mismo. No lo hubiese hecho... me hubiese hecho el loco, como suelo hacer, y así seguir sobreviviendo con la falsedad como mi primera postura.