Si no eres tú, es
alguien más. No te creas quien salvó mi mundo. No creas que tu ausencia es
irremediable. No pienses más que sin ti me quedaría varado, estancado, porque
la vida nunca es tan canalla. No te ilusiones con ser con quien sueño, con
quien anhelo estar cada día, irremediablemente, lapidariamente. Quítate de la
cabeza las imprendicibilidades infundadas, falsas, inexistentes a mediano
plazo. Dame crédito en lo que te digo; no durarás demasiado como fantasma al
acecho, como espectro enterrado en mi pecho. La vida evoluciona, los días tejen
nuevos inventos; cada minuto es un pescador de sucesos, de casualidades, y si
dudas de las posibilidad de una casualidad, aquí me tienes, nacido de una
mirada, de un dejo de ansiedad, de un paseo por donde, aparentemente, no debía
ir. Como en el dominó, se pierde y se gana y luego se baraja la mano… y se
comienza de nuevo, con más o menos puntos, pero se comienza. Ya basta de
regocijarte en las posibilidades de mi dolor, en la certeza de mi sufrimiento
sin tu sombra acobijándome. No hay manera de quedarse atorado en el mismo hueco
para siempre; no soy ese tipo de sinvergüenza, aunque reconozco que si lo soy
de algún otro tipo. Entonces, su merced, me despido con algo de sonrisa, con
mucho de esperanza, y con la certeza de que lo que viene será bienvenido por
ser necesario, por ser otro punto de crecimiento. Au revoir.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
jueves, 12 de julio de 2012
Si no tú, alguien más
Si no eres tú, es
alguien más. No te creas quien salvó mi mundo. No creas que tu ausencia es
irremediable. No pienses más que sin ti me quedaría varado, estancado, porque
la vida nunca es tan canalla. No te ilusiones con ser con quien sueño, con
quien anhelo estar cada día, irremediablemente, lapidariamente. Quítate de la
cabeza las imprendicibilidades infundadas, falsas, inexistentes a mediano
plazo. Dame crédito en lo que te digo; no durarás demasiado como fantasma al
acecho, como espectro enterrado en mi pecho. La vida evoluciona, los días tejen
nuevos inventos; cada minuto es un pescador de sucesos, de casualidades, y si
dudas de las posibilidad de una casualidad, aquí me tienes, nacido de una
mirada, de un dejo de ansiedad, de un paseo por donde, aparentemente, no debía
ir. Como en el dominó, se pierde y se gana y luego se baraja la mano… y se
comienza de nuevo, con más o menos puntos, pero se comienza. Ya basta de
regocijarte en las posibilidades de mi dolor, en la certeza de mi sufrimiento
sin tu sombra acobijándome. No hay manera de quedarse atorado en el mismo hueco
para siempre; no soy ese tipo de sinvergüenza, aunque reconozco que si lo soy
de algún otro tipo. Entonces, su merced, me despido con algo de sonrisa, con
mucho de esperanza, y con la certeza de que lo que viene será bienvenido por
ser necesario, por ser otro punto de crecimiento. Au revoir.
¿La felicidad? ...tremenda esclavitud
Tremenda la esclavitud
que brinda perseguir lunes, 9 de julio de 2012
Viviré en el dolor
Viviré con ese dolor. Sin disparadores, sin explosiones que diseminen su
desolación a la superficie, su destrucción alrededor. La pelea está perdida,
por lo que conviviré con el verdugo. Los derrumbes serán controlados, en
soledad. El sollozo no verá el sol. La gente se preguntará qué es ese ruido en el
sótano, pero seguirán su camino como si nada; nunca se enterarán del cuento
completo, de la historia que aún hoy no deja de ser tortuosa, espinada. Mientras
tanto, por el momento, una mirada al espejo, una sonrisa fingida y la falsa empresa de pasarla bien.
domingo, 8 de julio de 2012
Qué necio, pana
No tiene sentido nada. Todo
está abierto. Nada nos detiene para apreciar o actuar. Por consiguiente, queda
de mi parte la responsabilidad de avanzar, de establecer mi bienestar de gozar
a plenitud. Pero qué va, no estamos para eso. Levantaré una pared entre ese
espacio mágico y yo, y luego de un tiempo, reclamaré por mi encierro. Con mucho
esfuerzo, más de lo que planeaba al inicio, abriré una ventana inmensa para
mirar cómodamente, desde lejos, lo que dejé escapar sin mucha queja. Pero no
será suficiente, y poco a poco me daré cuenta de que todavía puedo sacar medio
cuerpo y tocar aquella libertad con la que he comenzado a soñar con desesperación.
Colocaré algunos barrotes para asegurarme de no tener mi destino de nuevo sobre
mis hombros. Y entonces llegará el momento del romanticismo trágico y comenzará
la lucha por la liberación desde mi cautiverio autoconfeccionado, escupiendo
culpas al prójimo, vociferando que daría mi vida por la libertad plena. Qué ganas de joder, ¿no?¿Cambiar o permanecer?
¿Qué
debe cambiar y qué quedar siempre igual? ¿Qué debe modificar su forma por
necesidad, por fastidio, porque debe evolucionar o porque sí? Por otro lado, ¿qué
debe permanecer igual por sagrada tradición, por flojera, porque ya evolucionó
o por conveniencia? Probaré cambiar las cosas porque no soporto más, porque tal
vez lo otro sea mejor, sólo porque es distinto y la moda y la inconstancia
dictan que variar es bueno, es rico, es necesario. También probaré, por
supuesto, conservar todo como está. Esas cosas tan divinas, tan placenteras,
tan bien hechas, se quedarán como están; no tienen coyuntura, lado flaco, nada
qué arreglar. Y tampoco cambiarán porque eso cuesta mucho, por falta de
conciencia, porque nadie me ayuda, porque no estoy bien convencido… porque sí. Total,
que después de tanta prueba sin control, quedé muy enredado. Por lo pronto, el
tostón con ajo y el guarapo de papelón con limón me los dejas igualitos, que
están muy buenos: no inventes, no me los evoluciones ahora, no me los declares non gratæ
aún.sábado, 7 de julio de 2012
Ah vaina: ¡Es en serio!
Y
fue así como las corporaciones farmacéuticas y las cadenas de comida rápida a
nivel mundial se pusieron de acuerdo e hicieron el esfuerzo que estábamos
esperando. Ellos se avocaron a la salud colectiva. Las comidas rápidas
invertirían una millonada para reformular sus platos y bebidas con el fin de
lograr comidas saludables que contribuyeran positivamente al desarrollo físico de
sus clientes. Las farmacéuticas, por su parte, orientarían sus fórmulas para
curar lo más rápidamente posible a los pacientes y coordinar luego con las comidas
rápidas la estabilización de la salud pública, tradicionalmente afectada por
sus productos. Ambas iniciativas validarían la antigua conseja de que la mejor
medicina es la comida. Debido a la nueva empresa de esas organizaciones,
volcadas al bien común por decisión propia, y aún a costa de sus ganancias
tradicionales, hubo una revolución en el bienestar de todos los ciudadanos
afectados hasta ahora, con la consecuente mejora en la percepción de la
colectividad de la imagen de estas grandes corporaciones. Es decir, estos
grupos económicos dejaron de preocuparse por sus propias y exorbitantes
ganancias, para aportar bienestar al ser humano al que le debían sus altos
puestos en la sociedad.¿Tú crees en esa vaina?
Coño,
chamo, ¿cómo vas a creer en esa vaina? Tú si eres pendejo y fastidioso. Yo que
creía que eras más inteligente, pero por lo que veo también te falta un
tornillo. De verdad que no lo puedo creer… ¿Desde cuándo andas en eso? Hace tiempo,
¿no? Pero dime, ¿por qué crees en eso? Mmm entiendo. Tienes derecho a creer lo
que tú quieras, pana, pero coño… ¿Cómo? Que ¿en qué creo yo? Mira en lo que yo
creo, ¿no te parece qué así son las cosas? ¿No? Dime tu argumento… Ya veo. La
verdad es que viéndolo desde ese punto de vista no es tan descabellada la vaina,
de verdad que no. Pero fíjate, de estos cinco argumentos sólo puedes rebatirme
uno, ¿no?… bueno, cuatro, está bien. Yo creo en lo que te dije porque así crecí
y he podido cotejar muchas de esas cosas con lo que ocurre cada día –no sé tú-.
¿En serio? Ah, caramba. Siendo así… ¿Y dónde pudiste ver eso? ¿Dónde? Interesante ¿Y eso
queda lejos? No, yo no quiero ir; recuerda que yo no pienso como tú, pero dime
dónde queda sólo para saber; tú sabes, siempre hay gente a la que eso le podría
orientar y ayudar a ser feliz… pero a mí no, claro.Llegó el terremoto
El terremoto llegó y acabó con todo. Esa fue
la impresión. El movimiento sacudió todo lo que se presumía bien puesto y lo
tiró al suelo. El mundo parecía acabado, y el dolor se hizo cargo de todo. Pedazos
rotos. Retazos inéditos regados por todo el lugar. La desolación reinó por unos
instantes que parecieron sin fin. Pero eso fue hace mucho. No acaban los
terremotos al día de hoy, pero están previstos. Por muy sorpresivos que puedan
parecer, sus cartas bajo la manga y sus atajos son avistables desde este punto.
No dejan de romperse algunas esquinas para redondear lo escabroso, y los
retazos salen en su último desfile con sus sentencias de muerte en la mano,
como si previeran su desaparición. Los movimientos son más continuos, encierran
cada vez menos dolor y quizás llegan a brindar algún disfrute. Ahora todo es
más refrescante, más conversable. Ya no hay tabúes. El libro abierto puede ser
leído por los transeúntes y hasta resultar aburrido. Ya el bosque se abre a la
vista y se ve el camino torpe que me empeñé en enderezar en mi ceguera. La frustración
entra en la comprensión. La desesperanza de otrora está enmarcada y colgada
cerca, por si acaso se quisiera olvidar la lección. Ahora los sismos son invocados
chasqueando los dedos en un gesto irreverente con el pasado. Ahora, aunque no
soy invencible, me siento invencible.
Pequeña convicción
Me
hablarás con convicción de tu nueva reflexión. Vendrás con cierta urgencia a
manifestarme tu nueva comprensión de las cosas. Me harás sentarme cómodo porque
la conversa da para un rato, y te quieres asegurar de que entienda bien lo que
me cuentas. Con los dedos en la sien y con los ojos sonreídos, te escucho y voy
dibujando mentalmente, en mi viejo mapa, ese paisaje que recuerdo claramente. Tu
entusiasmo despierta el mío. Tus miradas al techo, a la ventana, como buscando cómo
decirlo. No hay novedad para mí en lo que dices; sin embargo, escuchártelo a ti
es tremenda novedad, es tremenda satisfacción. Comprendo bien lo que dices; he aprendido
algo más… abrázame.Fue repentino el cataclismo
Fue
repentino el cataclismo. Se desató el sentimiento y las lágrimas en
amasijo con la sonrisa exhalada, disparada por ese gatillo inesperado que
irrumpió en mi tranquilidad tan elaborada. No me dio la gana de calmarme. No me
importó el público, boquiabierta audiencia que veía a un raro animal llorando
de amor redescubierto. No hubo palabras, aunque quería gritar. Sólo sollozos
desesperados y unos ojos que no paraban de pedir y pedir era lo que pude
proferir. Como un mudo con ganas de dar un explosivo discurso anduve vagando
por el callejón, ya recuperándome de aquella escena ajena que me dio de comer
por unos instantes, que me confirmó como ser vivo, luego de tanto silencio, de
tanta oscuridad disimulada con lucecitas de mentira, con reflexiones prefabricadas: Estoy vivo… te buscaré.
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