La temporalidad se asoma de vez en cuando y me sacude con sus avisos constantes e ignorados. “Todo pasa”, me dice con su calma inamovible. Pasa el día, pasa el acontecimiento de moda, pasa el día más importante de mi vida. Se van despidiendo uno a uno mis seres amados, mis ocasiones únicas, como en una fábrica en la que todo va por un carril imparable, que trae y se lleva cosas sin miramientos, sin considerar que me he prendado de cada una de ellas como un niño, como un niño caprichoso, insoportable, que no comprende aún cómo es que se bate el cobre por estos lares. Pasa una sonrisa, pasa la oferta en el centro comercial, pasa el personaje admirado, y como todo pasa, pasa la vida, eso único que parecemos poseer y sobre lo cual somos quienes decidimos. Pasó también la pasión, pasaron la niñez y la juventud; pasaron igualmente la irresponsabilidad y la superficialidad. Pasaron muchos años. Y después que pasó todo eso, aquí estoy, sin comprender todavía que todo pasa, esperando por la próxima cosa emocionante que me llene… hasta que pase también y me deje desolado en este banquito tan odioso.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
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martes, 15 de diciembre de 2020
sábado, 13 de abril de 2019
La paz, el equilibrio y el bamboleo
Paz.
Equilibrio. Con alegría como poblador y todo. En el centro, en el medio,
aparentemente firme, mientras no exista empujón alguno. Sin fuerzas aparentes
que hagan bambolear de un lado a otro o de atrás para adelante. No se sabe si
ese balance es el inicio o el final. Pareciera el final, el final deseado con
desesperación por muchos. El final después de años de bamboleo e incertidumbre.
Después de años de cargar inconscientemente con pesares y emociones destructivas
que hacen del bamboleo, un vaivén insostenible, un zigzagueo que lleva finalmente
a la mortificación, a la desolación. Quién sabe cuándo comenzó el bamboleo en
nuestras vidas. Quién sabe cuándo se asomó la primera necesidad de algún equilibrio.
Parece remoto. Yo digo que es imposible saberlo, porque esas sacudidas abrumadoras se
convierten, por el efecto de los mensajes incansables del entorno, en el ritmo
a seguir; a seguir para lograr el sueño perturbador y bamboleante ya inyectado;
a seguir hasta que te mueras, muertito de miedo y lamentando no haber escogido
el equilibrio hace decenas de años como la forma de estar.
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