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lunes, 26 de junio de 2023

Me estoy poniendo viejo

Me estoy poniendo viejo. Creo que está llegando un punto en que el cuerpo ya no le puede seguir el trote a la mente. Llegaron las dolencias físicas y las resistencias mentales ya no pueden seguir como antes. Se está haciendo difícil ser indiferente ante detalles de los que antes era menester escapar. El argumento de que “yo siempre he sido así” o “yo siempre lo he hecho de esta manera” se está cayendo a pedazos. Los atentados continuados contra la salud ya no tienen esa reserva de juventud que permitía su impunidad. En la calle, el “señor” y la “señora” ya lucen menos canas que yo. Las que antes eran muchachas atractivas pasaron a ser “muchachitas”. La imposibilidad de mantener la testarudez y la resistencia al paso del tiempo asoman nuevos escenarios a los que hay que ajustarse con cierta urgencia. Las viejas maneras, las de siempre, ya no están disponibles. Sin embargo, no todo es malo. Las tentaciones de antes comienzan a desaparecer, dejando ver un nuevo súper poder. Se van instalando nuevas certezas que, paradójicamente, se apoyan en la incertidumbre. Ya se hace más fácil trabajar en equipo, con propósito y por acuerdos. La contemplación llegó para quedarse y descubrir nuevas tranquilidades. Va surgiendo ahora la necesidad de bajarle el ritmo al físico y, sin descuidarlo, invertir las fuerzas restantes a mejores momentos. La verdad es que me estoy poniendo viejo y se me antoja que podrían ser los mejores tiempos de mi vida.

viernes, 10 de abril de 2020

Estos viejos locos

Qué viejos tan locos. Al primero lo escuché dándole las gracias “muy amablemente” a la contestadora que da la hora por teléfono. Me le quedé mirando para ver si me estaba echando vaina, pero no: le dio las gracias a una máquina. Creo que no tiene salvación ya. A la segunda, la vi aplaudiendo al final de un concierto de la filarmónica. Me asomé cuando escuché el ruido y de verdad se veía emocionada, sonreía y estuvo ovacionando por poco menos de un minuto. La verdad es que se le cayó un tornillo y se le perdió bien lejos. El otro tiene una maña rara, pero en este caso es social: cuando lo llaman por teléfono y es una llamada equivocada, busca conversa sin importar quién sea. He visto que la entabla efectivamente, afablemente, y profundiza en el tema de las llamadas equivocadas, sobre sus causas y saca sus anécdotas a pasear. Cuando tranca y le pregunto quién era, me dice que no sabe. Este sí que perdió la material gris para siempre. La verdad es que me choca ver este tipo de comportamientos raros, fuera de lugar, muy locos y me pregunto por qué lo siguen haciendo, así de emocionados, sonriendo, amables con los desconocidos… como si fuera algo bueno. En cambio yo, tan serio por sobre todas las cosas, inteligente, analítico, intelectual, prudente, ya no aguanto esta pose rígida, esta amargura pegajosa, esta pertinencia inútil: esta soledad que me mata.