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miércoles, 19 de junio de 2013

Hay magia suelta


Hay magia suelta. Hay chispas de misterio que vuelan y a veces se les ocurre aterrizar de inverosímil forma sobre cada uno de nosotros. Unos se esconden, otros fingen que no vieron. Unos le brindan un rincón en casa y otros le ponen nombre, local, reglamento y uniforme. Unos la pueden atribuir a visitas ocasionales y otros a la simple coincidencia, a la suerte de un momento. No se podría saber qué cara tiene esa magia; lo que sí se puede saber muy fácilmente, y hasta podría cautivar, es el buen efecto que causa esta magia entre los corazones que la acogen.

martes, 18 de junio de 2013

Mi analgésico


Eres el analgésico que me distrae mientras me destruyo en silencio. Eres la hipnosis que transcurre mientras me despedazo por dentro. Eres un mientras durante la crisis, un puente que pretende cruzar el precipicio que no vislumbra final. Me iré desintegrando al tiempo que camino. Iré muriendo sin contar los minutos que queden, gracias a tus artes, a tus favores, a tu buena disposición.

jueves, 25 de abril de 2013

¿La Verdad? ¿Cuál verdad?


¿La Verdad? ¿Cuál verdad? Uno de los problemas con las personas que creen poseer la verdad exclusiva, es que no conversan, no discuten, no escuchan. Ellos te orientan, te ayudan, y en el peor de los casos, te ignoran… pero no oyen. Quien tiene la verdad en su bolsillo ya alcanzó su objetivo y no necesita nuevos puntos de vista. Quienes se abrogan la verdad no necesitan a ningún lado porque ya llegaron. ¿Cómo hablar con alguien que está convencido de que estás equivocado o que eres su enemigo? Y ahí, desde ahí, riegan al resto de los seres, cual jardinero, con lo que ellos creen es su mayor aporte: Su verdad. Sí, chamo… está bien: tienes razón.

miércoles, 17 de abril de 2013

¿A qué sabes?

¿A qué sabes? ¿Eres dulce, amargo, ácido? Bastante aburrido después de un rato. El verdadero sabor es el sorpresivo. Una probadita a lo agridulce es, más bien, efervescente, astringente; espeso al final. Un tanteo con el picante, que golpea, que revuelca y deja una sonrisa jadeante en los ojos rojos. Así te quiero saborear, con expectativa por delante, con un poco de respeto que parece miedo infantil. De esta manera me gustaría colocarte en el mantel y tomarte con los dedos pelados, desnudos, atrevidos, y claro que temblorosos. Así, pues, eres un aroma indescifrable hasta ahora; eres el objeto divino de degustación que se me antojó cuando pasé por tu vitrina descubierta, y que no importa qué tan costoso me salga catar tus delicias, una, otra y otra vez más sin el temor de aburrirme.

miércoles, 3 de abril de 2013

Parado en el borde


En el límite se comienza a saber de las verdades, se comienza a sentir el sabor de lo inminente. Al borde, parado en la línea prohibida y mirando hacia ambos lados, es cuando se tiene el poder de saber, de sentir algo más que el miedo de siempre, que el prejuicio de siempre. En el umbral es donde sí se actúa con conocimiento de causa, con la balanza hasta ahora escondida, prohibida, ahora a la mano. Ir y venir regala la certeza, pero a precios muy impagables por el séquito. En el límite estás solo y resultas peligroso para la audiencia... Pero al fin eres tú: el mendigo que al fin se sienta en el trono.

lunes, 1 de abril de 2013

Te compro un beso


Te compro un beso. Aquí tengo unas monedas que te resultarán irresistibles. Te compro algo de tu tiempo, de tu interés fingido. Unos billetes serán suficientes para obtener de ti lo que por vía de la espontaneidad no pude lograr. Aunque necesito que me hagas una descuento por volumen, te aseguro la demanda de tus productos con la frecuencia que nos conviene a ambos. Mañana traeré efectivo para unos abrazos y unas caricias, mientras aceptas tarjetas de crédito -que de paso, no sé por qué te resistes a ese método de pago-. Pero tranquila, entre los cheques y mis ahorritos en el cochinito, creo que tendré tanto de ti como estimo necesario, mientras aparece alguien que sea capaz de ofrecer lo mismo con carácter de gratuidad sonriente, sólo a cambio de mis tan vituperadas atenciones.

Te lo agradezco


Te agradezco la delicadeza. Te agradezco todas las veces que me manipulaste, en lugar de imponerte agresivamente. Te agradezco toser disimuladamente en lugar de regañarme; acariciar, en lugar de empujar. Te agradezco tan tibio cautiverio, tan encantador presidio.

martes, 19 de marzo de 2013

Regálame una flor viva


Regálame una flor viva. No traigas más los despojos de un momento de vida sólo para iluminar mi mirada. Yo no soy así. Siembra un jardín para mí y te sientas a mi lado para disfrutar la brisa acariciando los pétalos. No caigas en la trampa de los cazadores, de presumir de los restos de su jornada de captura. Llévame, si quieres, adonde están esos tesoros que me cuentas; pero no los tronches, no los arranques de la tierra generosa para ser mostrados en un féretro de cristal. Déjame ver, incluso, cómo mueren en su ambiente, cómo se marchitan después de vivir hasta más no poder en esa pradera verde y azul, que, con muy buena intención, te empeñas en mutilar.

domingo, 17 de marzo de 2013

Por mensajitos me dijiste que me dejabas

Por mensajitos me dijiste que me dejabas. Esa mañana, mirando la pantallita del teléfono, entre comas, emoticones y mala ortografía moderna, terminaste con lo nuestro. Con la flecha pabajo descubría las nuevas palabras que lacerarían mi alma ese día, y cuando me detenía a pensar, a recordar, a buscar en los días pasados qué pudo ocasionar tal desbarajuste, se me apagaba con el protector de pantalla. Con los pulgares humedecidos de lágrimas, acariciaba el botón de contestar sin presionarlo de una vez. Y para colmo de males, de dolores, el sistema repetía el mensaje en medio de reintentos técnicos, en lugar del tan esperado “mentira, mi amor: era un mal chiste”; pero qué va. Te contesté pidiendo razones, intenté llamarte decenas de veces hasta que se me acabó el saldo a favor. Más nunca te vi. Más nunca recibí mensajito alguno de tu parte. Recién anoche recibí un mensajito, de número desconocido, que rezaba un “Hola”… ¿Eres tú?

Bájale dos...

Baja el nivel. Háblame sencillo. No me vengas con esas vueltas mal fabricadas, sin tomar en cuenta mi interés, mi entendimiento. No vengas a vender lo que no quiero comprar sólo para mostrar tu destreza dominguera. Deja ya tus “por medio de la cual” y los “entremos en contexto” que adornan tu museo desierto. Así que si te quieres comunicar conmigo, conveniente es que sepas cómo hablar, cómo hablarme; conveniente es que sepas que hay alguien más, fuera de ti, con quien pretendes entablar  conversa.