Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"

domingo, 28 de octubre de 2018

El viejito loco


El viejito loco se la pasaba en la plaza, mirando los árboles, sintiendo el sol de la mañana, dándole pan a las palomas. Yo no sé qué le pasaba, si todo eso es tan aburrido: no tiene sentido. Seguro se levantaba en la madrugada a dar vueltas, a limpiar cosas, a dejarlas exactamente en la posición en que las tomó. Parecía loco. Veía, cuando me asomaba por su ventana, que comía pausadamente, mirando su plato, como agradeciendo algo al utensilio. Qué loco eso, ¿no? A veces lo veía como con la mirada fija en la montaña, luego se sonreía, luego despedía una lágrima. Ese sí que estaba muy loco. Cuando salía a sus diligencias los zapatos no combinaban con su ropa, sin mencionar esa gorra horrible que siempre cargaba. Alguien normal como yo no podría tener la menor idea de cómo podría sentirse cómodo con todo ese envoltorio desagradable a la vista, quién sabe si un poco maloliente. Pobre loco.
Hace pocos días me dijo un vecino que el viejito loco había muerto. El vecino me dijo que había acompañado al viejo en sus últimos momentos. Me dijo que antes de cerrar los ojos le dio las gracias por acompañarlo y se despidió con una sonrisa en sus labios rosados. “Murió en paz”, dijo el vecino. Da como cosa esa historia, ¡uy! Reflexionando supe que yo no viviré una vida desquiciada como esa, para “aparentemente” morir en paz. Yo soy normal. Yo soy de los que necesita distraerse con emociones fuertes, con experiencias que me sacudan, para en la noche dormir feliz, dormir cansado. Lo que no puedo ocultar, como cualquier persona normal, es que la muerte me da mucho miedo… pero vamos, eso no tiene qué ver con la vida.

lunes, 8 de octubre de 2018

¡Cumpleaaaños feeeliz!


Otro año más. Uno nomás. Otro día aparentemente imperceptible en medio de la rutina general de las cosas. Un cumpleaños más, entre los tantos que llevo contados, entre los tantos que llevo retratado, produciendo sedimentos, parado sobre la pila, buscando la pretendida trascendencia, cierta reflexión interesante que sirva de mantel para lo que venga, para lo que pueda ser. Trataré una vez más de recoger las ideas, los sentimientos, los recuerdos que me hagan sentir que todo esto tiene algún rumbo rescatable cuando se piensa en lo dejado atrás, en lo que se vislumbra para el cacareado porvenir. No hay resumen posible. No hay estadística válida a la mano. No hay proyección respetable a considerar, a publicar en alguna revista. La promesa de saber y dominar los temas resultó un fraude. Cada respuesta solo produjo más preguntas. Nada me hace pensar que gané certeza en algún tema, experticia en alguna materia. Sigo, aunque con más herramientas en la caja, sin ningún método claro qué aplicar. No hay fuegos artificiales en el cielo oscuro. No hay aperturas incondicionales ante cualquier demanda de la vida. No hay nada cierto, aparte de este maldito reloj imparable que tictaquea enfrente de mí, restando segundos a lo que pudo ser todo un acontecimiento.

martes, 2 de octubre de 2018

L@s panas más pegaos...


L@s panas de esta semana...


¡Gracias por echar un vistazo! Saludos a los compatriotas y amigos en el extranjero.


Tu tesoro


Imagina que después de tanto excavar, encuentras la verdad. Después de tanto tiempo, lograste dar con la explicación del funcionamiento del universo. Ya estás hecho y eres el poseedor de tan divino y grave tesoro. Ahora, cuidado: Si quieres imponérselo a los demás a partir de ahorita, ten en cuenta la opinión y la trayectoria del resto porque, para ellos, tu hallazgo es solo una opción.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Credo insalubre


Creo en Dios, pero en ese que es a mi imagen y semejanza. Creo en el dios que me apoya y está siempre de mi lado, dándome ánimos, diciéndome que soy mejor que el de al lado. Creo en el dios que no me va a poner pruebas terribles para que “aprenda” o “tenga conciencia”: ese no es mi dios. Creo más bien en el dios que me proveerá comodidad, riqueza, bienestar, prosperidad, porque lo nombro a cada rato y le concedo la gracia que luego verterá de vuelta sobre mí. Creo en el dios que piensa como yo y que castiga al desatinado que esté en mi contra, por supuesto, porque estaría también en contra de Dios. Ese dios en el que creo no dejará que me equivoque nunca y hará que corrija, cada vez, al equivocado que me lleve la contraria. Mi dios no es el dios de todo el mundo. Mi dios es un dios bien particular, uno que sí me comprende y me da luz verde para usar cualquier medio para lograr mis objetivos porque, a fin de cuentas, a ese dios, a mi propio dios, me lo inventé yo.

Necesito un perdedor


Necesito un perdedor. Necesito uno, pero rápido. Necesito que alguien falle para sentirme superior, para sentir que soy mejor y hasta que le puedo aconsejar. Necesito ver que todo se hunda a mis derredores para sentir que me elevo. Necesito detonar explosivos en otras bases para quedar erguido, solo, en medio del desastre. No veo otra manera. La cosa está difícil. Mis fracasos se cuentan en tales magnitudes que no me queda sino hacer tropezar a otros, dificultarles el camino, cerrarles las puertas que todavía quedan bajo mi control, justo antes de mi extinción definitiva. Ganador es ganador, mi pana: yo no hice las reglas.

jueves, 9 de agosto de 2018

Malena ama a su capitancito


Malena ama al capitancito. No es la gran cosota, pero es su noviecito. Le ilusiona el Proceso, y en medio de esto, también el dinerito. Pero todavía es pronto para aspirar tanto: hay que esperar y plegarse a lo que hay. Tan lindo. Con su cortaúñas y su pañuelito viene y la visita, le promete días mejores y un futuro bonito. Malena está bien encaminada, con paciencia y con su destino bien claro, porque es que le han dicho que la milicia da, que la posición proveerá, si no ahorita, algún día será. En su barrio querido a juro escuchaba cuentos de esposas de generales, de acciones de clubes, de viajes, del cortejo; de cenas y apartamentos con pixina. Por eso, Malena lo alienta y le explica cada día por qué es que él debe llegar arriba, en este Proceso o en cualquier otro, no importa; lo que importa es que siga… que siga. Y mientras el capitancito se mantiene fuerte, inamovible en su encomiable encomienda, todo se cae a pedazos aquí y allá. Solo se mantienen las promesas de su niñez, las del mandatario y las de Malena —si no es que es lo mismo—. Mientras Malena ve clarito el carrote que llega a buscarla para llevarla a la reunión de su futuro marido con personeros importantes, con gente de poder, el capitancito pare por transporte para llegar al cuartel, a casa de sus viejos, al bar de los amigos; bota tiempo en colas para comer y acoge su enfermedad sin remedio. Ya compró cinco dólares que guarda por si las moscas. Pero Malena le ha dicho que no importa, que palante, que no suelte el puestecito, esa oportunidad inigualable de acceder al bienestar, a esa prosperidad de película. El capitancito, siempre cumplido, puntual al llamado, la verdad es que ya se está cansando de ahorrar en un banco fantasma, de poner todas las ñemas en la misma cesta, de apostar el sueldo en un juego de gorditos que mienten, que fingen empatía, que se van, rollizos y divertidos, con su futuro en sus bolsillos. El capitancito ya no quiere seguir en este juego que se convirtió en burla destapada y continuada. La elocuencia de su delgadez y su cansancio no le deja lugar para más dudas sobre el quehacer. Es más, ahora mismo se dirige —a pie, claro— al centro de la Ciudad, a esa pensión de San Juan, por Capuchinos, a decirle ahora mismo a Malena que está harto, que no va pal baile, se vaya a la mierda.

viernes, 3 de agosto de 2018

Bájate del autobús!


Si usted necesita ir a un sitio específico y debe tomar un autobús, usted no toma cualquier autobús; usted toma el autobús que va a ese sitio. Una vez que comienza el viaje, usted se limita a ver por la ventana, a leer, a dormir: cualquier cosa mientras confía que ese aparato lo llevará donde dijo que le llevaría. Pero ¿qué pasaría si usted nota que el autobús comienza a desviarse, que agarra por un camino distinto al previsto? Usted pregunta de nuevo al chofer, ¿verdad? Si el chofer le confirma que va al destino original, usted se queda tranquilo de nuevo y comienza a leer de nuevo, pero levanta la vista de vez en cuando para saber si ese camino lo está acercando a su destino. Si usted nota que el autobús, en lugar de acercarse “a su destino suyo de usted”, definitivamente se aleja, usted reclama y se baja, ¿verdad? …no estamos para perder tiempo. Entonces usted, defraudado, en un sitio desconocido, busca ubicarse para tomar otro autobús que lo lleve donde quería ir en primer lugar.
¿No está usted de acuerdo en que es una locura seguir montado en un autobús desviado de su ruta esperando a que algún día llegue al destino ofrecido? ¡Bájate de ese autobús!