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lunes, 8 de febrero de 2016

Camino inevitable

Lo inevitable de mi camino no escogido me somete tiernamente. Lo inexorable de mis opciones limitadas para volar me obliga a escarbar en el suelo, a buscar tesoros en otro sentido. Mi mirada, antes levantada al espacio desconocido, improbable, me empuja a mirar a los lados, a identificar el entorno, a conocer a mi semejante. Ahora siento que debo entrar al grupo, hacer equipo y organizarme como pueda, según veo, con quienes aparentan estar dormidos aún. Tal vez, y a pesar de lo duro que pueda ser, podamos hacer algo con esto tan duro que nos tocó vivir. Pero ese soy yo, el que piensa, el inteligente, el desenvuelto… por otro lado están los otros, los que siempre he considerado adormecidos, quienes parecen ir donde se les indica, quienes tildan de locos a los que se atreven. Ellos, los adormecidos, tejen en silencio; tejen algo que no puedo ver con mis ojos entrenados para lo complejo, para la grandeza. Día a día, con el pasar de las horas, de los meses, de la vida, su prisión se nota menos estrecha. En medio del espacio asignado por sus dictadores, se forjan un pequeño castillo también invisible, que va creciendo y fortaleciéndose con el tiempo. El cansancio físico encuentra refugio en el nido ya casi terminado. He visto con ojos incrédulos cómo la vieja silla, la mecedora que cruje, dispara la mirada perdida que ya no se detiene en detalles importantes para mí, sino que se queda redondeando ideas desconocidas y terminan con una sonrisa. Atender al perro, acomodar las matas del patio, jugar con el pequeño de la casa o simplemente contemplar el atardecer se han convertido en el paseíto diario de su sabiduría silente, la que sin darme cuenta surgió delante de mis ojos y de la que ahora necesito tanto.

jueves, 28 de enero de 2016

Cuando yo muera

Cuando muera, ya no habrá más de esto. Se revelarán al fin tantos misterios… o no. Cuando muera se dará el coloquio esperado, se reunirán dos o más (no menos de dos, espero). En ese momento de no estar, algo seguirá estando. En ese momento de no tocar, algo seguirá tocando a quienes quieran ser tocados. Para no dejar las travesuras, apareceré de repente para enfrentar a algunos que quedé por ver. Les aclararé que no deben asustarse, que no deben arroparse hasta la cabeza mientras esperan temblorosos a que desaparezca: me quedaré sentado en la silla de enfrente, y con alguna sonrisa esperaré a que quieran compartir conmigo el último tren de la conversa, de la reflexión, de cerrar los pendientes. Y al pasar del tiempo, todo irá bajando la intensidad. Seré, como dijo una simpática amiga para defenderse: una anécdota. Pero estaré por ahí, vigilando sin ser notado. Estaré por tu casa y hasta tu trabajo de turno, moviendo alguna cosa, susurrando alguna otra para hacer que te vaya bien. No pienso irme demasiado. No pienso retirarme para siempre. Espero que me mencionen una que otra vez, manquesea para ponerme de ejemplo inverso… hay que ser útil de cualquier manera. Mientras tanto me voy; mientras tanto algo me arranque de la vida, tendrán que calarte mis necedades, mis ocurrencias, mis silencios y tratar de no joder mucho porque, ya sabes… estaré porái.

domingo, 10 de enero de 2016

Aprenderás del silencio

Ya tuviste la oportunidad de aprender de tus experiencias tan turbulentas, así de movidas, muy cambiante todo según me has  contado. Ya pudiste tomar esos cambios y sacar promedios, tendencias; emular conductas en determinadas circunstancias, esperar un poco cuando sea imprescindible. Pero eso ya bastó. Ahora será todo distinto. Ahora tendrás que aprender de la quietud. De ahora en adelante deberás succionar de los momentos de silencio, de esas prolongadas temporadas en la que solo la brisa, los grillos y un ladrido lejano se dejan sentir. Ahora, con cierto dolor, deberás abrir tu entendimiento más que tus ya expertos ojos y oídos. Deberás conversar, ya no con quien se te acerque, sino con quien habita en tus adentros. Deberás departir con quien te agradece muchas cosas desde las vísceras, pero no podrás evitar los fantasmas que con tanta paciencia, con tanto tesón, con tan fino pincel, excelentemente alimentados de miedo, de prejuicio y del egoísmo que nunca antes, nos mostraste.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Matar es chévere

Anda, dale: mata a alguien pa que seas famoso, pa que te respeten, pa que sepan quién eres en verdad. Ahora sí. No hables de afecto, de cariño o cualquier derivado del amor; eso es una ladilla. Mejor empuña un arma de esas que te siguen metiendo en la cabeza las cadenas cinematográficas y los canales de televisión que venden violencia para enriquecerse, no sin la ayuda de quienes las fabrican por allá afuera. No discutas, no debatas con nadie, no esculques en tu cerebro con creatividad para llegar a la solución de nada porque es tiempo perdido, además, eso es una ladilla (es difícil, pues). Pero matar es chévere, por lo que debes salir ahora mismo a la oscuridad y perder tu parte rescatable a manos de las hienas que te compran a tres lochas y te desechan sin haberte conocido. Fíjate, una idea es que te drogues, te emborraches o agarres una arrechera y le vueles los sesos a cualquiera que te mire feo, piense distinto o se meta con tu negocio (ese, que tanto te costó). Echa en la basura cualquier medio que te facilite acercarte al otro, si no es para darle unos plomazos… “porque ahora ya van a ver”. Evitar mirar a los ojos a cualquiera que venga a convencerte de pendejadas cursis, de familia querida y ese pocote de paja. Huye de inmediato; anda, que estás perdiendo tiempo. Ráspate a uno o varios y hasta saldrás en horario estelar y estarás en boca de todos, igualito a los próceres del pasado. Pero, ¡ya va! Antes de concentrarte en tu negocio, dale un carajazo a tu mujer pa que sepa quién manda y cómprale una pistola o una escopeta de plástico al carajito que tienes en casa, para que (1) te deje en paz y (2) para que aprenda a ser hombre, carajo…

martes, 17 de noviembre de 2015

Asómate, Dios...

Dios: Venimos a impugnar el libre albedrío. Ese decreto que lanzaste hace tiempo para que tuviésemos libertad de movimiento… no sirve. Yo entiendo que tú eres el creador de todo y que llevarte la contraria es harto incorrecto, pero es que, para nuestro descargo: no servimos. Nosotros no tenemos la suficiente responsabilidad como para estar llevando nuestra vida por el mejor camino, según tus guías, y menos, llevar la fiesta en paz entre todos. Sé que puedes castigarme por esto, pero creo que le pusiste tanto empeño a nuestro cerebro, que olvidaste el corazón. Asómate para que veas que hemos llegado a ser unos gurúes sin alma, unos prestidigitadores de la mentira, unos asesinos de sueños. Por eso, creo que merecemos, el grupo disidente que vino con el documento de impugnación, que consideres seriamente retirar el libre albedrío como aporte divino, dado que no supimos ni sabremos manejar las cosas de la manera en que bien lo proyectaste. Espero que la ira no te aparezca (la última vez hubo inundación, y tal), pero si dudas de lo que te digo, asómate de nuevo.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Más tiempo contigo

Te hubiera querido más tiempo conmigo. Hubiese esperado de la vida poder brindar por unos años más disfrutando de ti y tus cosas. Si hubiera sabido que el fin estaba cerca, me hubiese ocupado un poco más de tomarte de la mano, de besarte más de vez en cuando, de llamarte para decirte algo lindo. Pero nadie es adivino y al parecer todos tenemos el derecho de abandonar la querencia más profunda porque está segura, porque siempre se puede, porque no tengo tiempo, porque será para después. Pero ahora, como siempre, no hubo después; no existió el mañana contigo. Esta juntura tuya y mía quedó en el vacío de repente y cayó hasta lo invisible, hasta lo insensible, hasta lo incomprensible. En algún momento luché por estar a tu lado, y cuando lo logré, el reloj de la cuenta regresiva de la destrucción comenzó su tic tac.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Palabras del camino

Busco en el camino palabras que expliquen mis emociones, mis reflexiones, mis criterios. Uno, poco a poco, frases recogidas de alguien más y voy armando mi propio rompecabezas. Es como si debiera estructurar un discurso para que los demás sepan, con algún detalle coherente, por qué pienso lo que pienso, por qué hago las cosas que hago. Espero que no. Pero sí sigue ocurriendo que alguien dijo algo que pensé hace años y que no había convertido en símbolos potables. Sigo hilando, con esas ideas expresadas en retazos convenientes, el mapa a seguir en adelante. Lo que realmente temo es que, por muy fructífero que sea el tiempo de juntura de ideas que potencien nuevas acciones, nuevos rumbos, nuevas tranquilidades, los días que restan para ponerlas en práctica sean insuficientes.

domingo, 25 de octubre de 2015

Para ti, que tanto preguntas.

¿Qué a quién amo? Amo a quien pueda respetar, a quien admire de algún modo, a quien me adorne el derredor, a quien me haga un lugar ocasional para la intimidad, la confianza y algo de cobijo. Amo a quien, quizás con apariencia externa de prisión, brinde la fascinación permanente de la puerta abierta
¿Qué a qué lado de la política me pliego? Al lado que la que sirva sin petulancia a su razón de ser, que conlleve a una sociedad de justicia que ejerza y haga ejercer el ser ciudadano; que promueva la identidad propia de este gentío sin mucha conexión, ya sin mucho en común. Al régimen que premie al trabajo y al ingenio de propósito común.
¿Qué a qué religión pertenezco? A la que fomenta la igualdad entre los hermanos y disminuya la diferencia, la indiferencia. A la que da como muestra visible, palpable, cotidiana, la solidaridad y la compasión entre los hermanos ya regados por todos lados. A la que no tiene al bien como un elemento exótico, sino que usa el amor como causa, instrumento y fin de nuestras acciones de cada día.

Ahí está. Ahora tú, que tanto preguntas y dadas mis explicaciones, dime tú mismo, qué tendencias amorosas, políticas y religiosas te parece que tengo. Cumple con tu compulsión de encasillarme, anda.

viernes, 23 de octubre de 2015

Hipocondriacus Est

Esta mañana me desperté sintiendo un dolor de espalda algo molesto, por aquí, por el riñón derecho. Segurito me viene una insuficiencia renal en camino. Siempre lo supe, con estas molestias y los pronósticos de mi primo. Parado aquí, en el balcón de la sala, tampoco recordaba la presión en la frente que me atacó a mansalva en estos días. La verdad, no fue muy fuerte, pero todo comienza así, suavecito, y después ataca con toda la fuerza, de manera fulminante y no lo deja a uno reaccionar, despedirse de los seres queridos. Además, el dolorcito ese sospechoso que me surge ahora en mi antebrazo izquierdo: no puede ser otra cosa que el corazón echando vaina. El aceite de oliva está escaso y por eso pasan las calamidades, te lo digo. Llevo unos quince minutos tosiendo, dándome el automasaje en el pecho, salvándome de un ataque masivo que me deje tirado en mi piso de parquet recién echado. Me siento cansado ya: el fin se acerca. Las arterias que me irrigan deben estar tan cargadas de colesterol, y cuando se van cerrando la falta de sangre debe estar produciendo un yo-no-sé-qué que me tiene mortificado, que no me deja dormir escuchando cómo mi sangre tropieza con los escombros que dejé durante estos años. Mi mamá me lo dijo. Voy a sentarme un rato… ¡Ay, carajo! …esta rodilla me tiene muy pensativo. Por la parte interior de la rótula, muy seguramente —y según escuché en un programa—el menisco está sucumbiendo por uno de los lados y debe estar gastado, produciendo el roce entre el fémur y la tibia, hueso con hueso sin amortiguación alguna. Tengo la sensación de que un día de estos la pierna no me responderá y caeré como un pendejo en plena calle, de culo, despegándose para colmo uno de los riñones enfermos —ese, el de la derecha—, y con esa tremenda vergüenza, no habrá cómo evitar que se también se despegue una placa de grasa de la arteria obstruida que va parriba y me muero por un accidente cerebro-vascular. Qué destino el mío.

lunes, 19 de octubre de 2015

Quiero lo mío

Busco otro camino para ser feliz. El que tengo anotado y ejecutado desde siempre no es mío y creo que es por eso que ya no me sirve. Aun así debo agradecer que me ha provisto de tramos del recorrido con muchos colores y sonrisas, pero han sido efímeros. Efímero ya no gusta. Efímero da miedo, y con miedo no puedo avanzar adonde quiero ir. Ahora quiero algo a mi medida, que sin embargo pueda compartir a ratos. Pero quiero que se quede conmigo y distribuya los otrora ratos apasionados, brincos y escaramuzas ahora en instantes llanos de paz, de sosiego. No reniego de la carcajada, pero se va como viene. Quiero una confección que provenga esta vez desde dentro. Ya compré mucho afuera y tiene fecha de vencimiento. La solución ha de ser que recicle mis energías, mis percepciones, mis maneras de pintar el paisaje, y me convierta en ese tipo de sistemas ecológicos autosustentables que me haga el favor de producir lo que voy a consumir con gusto, sin esfuerzos retorcidos, sin turbulencias enceguecedoras: Quiero lo mío.