Qué
fastidio necesitar tiempo. Tiempo para mirar, tiempo para sentir, tiempo para
aprender. Las cosas deberán pasar y pasar, repitiendo su aparición antes de que
nos enteremos de la verdad. Pasó enfrente la primera vez y no vimos nada. No
nos dimos por enterados. Pasó la segunda y tercera y supimos que algo había,
pero todavía no nos interesaba. Pasó de nuevo la cuarta y la quinta, y fue en
la sexta, muchos años después –tal vez demasiados–, me enteré de que aquello
existía. No dejaba de pensar, no dormía pensando en ello, que de una manera
harto necia, no lograba descifrar. Fue entonces que me levanté, con canas en mi
pelo, y dirigí mi interés en saber de qué se trataba todo aquello. Finalmente doblegué
mis paradigmas anacrónicos; lo comprendí todo y lo acogí como propio. Al fin
pude comenzar a disfrutar de lo que me hubiese gustado disfrutar en mi
juventud. Pero es una reflexión que raya en lo ridículo, y para justificarme me
digo a mi mismo que no era posible esta adquisición cuando no sabía, ni
siquiera, que podía existir; que no lo hubiese valorado. Debo apaciguar mi
ansiedad y mi frustración tratando de entender que la luz tarda en encenderse
en nuestras vidas distraídas; que el convencimiento no llega sin tiempo para resolver
los dolores y sus curaciones. Por ahora, mejor me callo… y sonrío, claro.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
jueves, 5 de febrero de 2015
Reiteración odiosa
Qué
fastidio necesitar tiempo. Tiempo para mirar, tiempo para sentir, tiempo para
aprender. Las cosas deberán pasar y pasar, repitiendo su aparición antes de que
nos enteremos de la verdad. Pasó enfrente la primera vez y no vimos nada. No
nos dimos por enterados. Pasó la segunda y tercera y supimos que algo había,
pero todavía no nos interesaba. Pasó de nuevo la cuarta y la quinta, y fue en
la sexta, muchos años después –tal vez demasiados–, me enteré de que aquello
existía. No dejaba de pensar, no dormía pensando en ello, que de una manera
harto necia, no lograba descifrar. Fue entonces que me levanté, con canas en mi
pelo, y dirigí mi interés en saber de qué se trataba todo aquello. Finalmente doblegué
mis paradigmas anacrónicos; lo comprendí todo y lo acogí como propio. Al fin
pude comenzar a disfrutar de lo que me hubiese gustado disfrutar en mi
juventud. Pero es una reflexión que raya en lo ridículo, y para justificarme me
digo a mi mismo que no era posible esta adquisición cuando no sabía, ni
siquiera, que podía existir; que no lo hubiese valorado. Debo apaciguar mi
ansiedad y mi frustración tratando de entender que la luz tarda en encenderse
en nuestras vidas distraídas; que el convencimiento no llega sin tiempo para resolver
los dolores y sus curaciones. Por ahora, mejor me callo… y sonrío, claro.
miércoles, 28 de enero de 2015
Soy uno de ellos
Soy
uno de ellos. Ya me cansé de ser de los buenos, de los cumplidos, de los
honestos. Ya sucumbí ante la insistencia no tan implícita de los malos. Fue toda
una media vida, esperando que llegara la retribución del cielo, de la gente,
por tanto sudor, por tanto esfuerzo en nombre del bien, del respeto, de la
consideración, de la solidaridad. Ha llegado el momento en el que con un
chasquido de mis dedos llegará la compensación empujada por el hartazgo. Ya no
miro, ya no escucho si no me conviene. Ya no me muevo ante el caído, porque
estuve allí y nadie lo hizo. Divina venganza ante la vida, quien me maltrató
con saña inexplicable. Contundente respuesta de quien se declara malo. Ejerceré
la ligereza, la omisión retorcida, la honorabilidad disimulada. No creas que te
seguiré saludando como siempre lo hacía. Se acabó el buen muchacho, el noble
señor… ¡Al carajo, chico! Eso sí, lo único que debo emprender de inmediato es a
la recolección de experiencia como tipo de la vileza, dado que ahora es que
comienza. Debo cuidarme mucho mientras llega la pulitura, porque, mientras,
seré sólo un pendejo con malas intenciones.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Ha pasado el tiempo
Ha pasado el tiempo. Han ocurrido muchas cosas.
Hay huellas que se pueden ver. Se han descubierto verdades, se han descubierto
mentiras. Y luego las mentiras han sido verdad y viceversa, y lo que tenía
valor lo perdió, y lo que carecía de él, lo ganó. Han pasado cosas. Cada día
deja un rasguño o una caricia, que, al acumularse, imperceptible, se convierten
en herida o felicidad para los otros días. Pasa el tiempo en silencio, dejando
silencios que aturden. No es lo mismo. No soy lo mismo. A veces me maravillo
con mi nuevo disfraz; a veces me horrorizo con mi nueva apariencia. El
cristal delante de mis ojos se ensucia, se empaña y reluce a ritmos
caprichosos, desechando o acogiendo nuevas realidades, nuevos temores, nuevas
preguntas que se irán contestando como las anteriores. Los misterios dejarán de
serlo y descubriremos que somos más tontos. Descubriremos que la ciencia se
aleja de nosotros y la tecnología no sirve sino de entretenimiento aislador.
Estableceremos, como sentencia, la incertidumbre y botaremos de una vez las
ganas de seguridad infinita que no sé quién coño nos la metió en la cabeza.
lunes, 24 de noviembre de 2014
Aquí te espero, muerte
Aquí
te espero, muerte. No correré más. Total, ya sé cómo es que te mueves. Llegas de
repente o avisas con tiempo para aumentar el temor que te tenemos todos… que ya
no te tengo. Cuando quieras, asoma sus cacareadas huesudas fauces y tengamos la
conversa pendiente. Ya no temo. Ya no temo y te diré el porqué. Porque siempre
has estado presente en mi vida, tomando de la mano a los míos y ajenos. He presenciado
los episodios más variados de tus apariciones. Ya me aburriste. Ya estás
retratadita. Ya no eres el misterio que todos creíamos cuando pequeños. Eres
sólo la parte final de la vida, y la gente te teme sólo por las cuentas
fallidas que hay que darte, por esos descuadres, por la malversación de tiempo
y esfuerzo en empresas equivocadas. Ya me puse mi bata de baño, muerte, que es
como me quiero ir. Ya escribí la nota de despedida -muy tierna y alegre, te participo-, en la que
te desenmascaro ante los míos. Ya me tomé el trago de inspiración. Comprendo que
te has ido arrechando a medida que me lees, muerte, pero es que no tengo la
culpa de la comprensión que al fin me arropa. Ahora te demoras, parca. Ahora quieres
ensayar de nuevo el truco fallido del “todavía no”. Ahora soy yo quien te
espera sobrado. Por más malabares que hagas ahora, por más trucos sucios que
gestes en estos instantes, mira: Nadie
me quita lo bailao ni la sonrisa que deja.
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Descalabro
Allí estaba
sentada ella, simpática, expectante, con ganas de vivir. Iba en el metro al
trabajo, como todos los días, con la esperanza de dar con el botón que la haría
realizarse como profesional, como mujer, como ser humano, en un futuro no muy
lejano. A su lado, como cada día, su esposo. Él, con el invariable sopor que lo
arropaba desde algún momento de la relación hasta ahora, entretenido con su
teléfono inteligente, jugaba algún
jueguito de moda, mostrándole a su mujer, de vez en cuando, que había logrado
superar el nivel actual.
Ella lucía espectacular. No era estereotípicamente linda,
pero su mirada y su sonrisa recortada provocaban la mirada de los caballeros
alrededor. De pronto, dejó caer sin querer el bolsito del almuerzo. Su querido gordo (como ella le decía) seguía
absorto en su pequeña pantalla, al mismo tiempo que un joven, desde el otro
lado del vagón, casi se arrodilla para recoger el bolso y depositarlo en sus
manos estilizadas, bien preparadas para asir, para acariciar, y muy pronto,
para dejar ir.
El gordo sólo pudo ver el celaje de algo que se acercó a su
esposa y desapareció, pero no se fijó que de nuevo, ella clavó suavemente su
mirada encantadora sobre su fugaz benefactor en señal de agradecimiento.
Ella miró al tipo que estaba a su lado en el asiento, en su
cama, en su vida, y de nuevo se argumentó que todo estaba bien, que todo
mejoraría en el futuro. Ella seguiría, por amor a su querido gordo, capeando
todas las atenciones que le prodigarían príncipes y villanos en el intento de
hacerse de esos ojos por un rato, por unos días, por toda la vida.
Al menos… eso era lo
que ella pensó entonces.
viernes, 24 de octubre de 2014
Quiero una igualita a ti
Quiero
una igualita a ti. Ya que te vas, al menos espero conservar algo de ti en
adelante. Quiero una que luzca de lejos y de cerca como tú; una que tenga tus
ocurrencias, y cuando no las tenga yo se las insinúe. Quiero alguien con el
aroma de tu piel, de tu aliento; alguien con tus omisiones y patadas… no
importa. Consideraré que sólo tenga tu voz o el tamaño de tus manos, no me importa,
pero no quiero no quiero dejar de enjabonarme con tus gestos y tus caricias. No
puedo perderte totalmente, para siempre… no lo soportaría. Necesito sentir que
no te perdí totalmente y conservar, manquesea, con vida artificial, con lo que
no pude quedarme por estúpido.
Qué curioso es...
Es curioso
cómo se habla del hambre desde una mesa repleta de comida. Es curioso, también,
cómo se habla de paz con un arma en la mano. Por otro lado, no deja de ser
curioso cómo se habla de amor con el puño apretado. Cómo hay de cosas curiosas
mientras uno camina. Fíjate qué curioso es hablar de la verdad con una máscara
puesta, o de felicidad desde la depresión. Curioso es hablar de ayuda al
prójimo desde la extrema indiferencia, o de construcción desde la inactividad
somnolienta. ¿Sabes qué? Mejor quédate sentado ahí mismito donde estás, y así
me dejas tranquilo… aquí, sentado donde estoy. Déjame practicar mi propia
hipocresía, en lugar de entusiasmarme con la tuya.
lunes, 20 de octubre de 2014
Te tengo en sueños
No me
hablas, pero no me importa: Te tengo en sueños. Una vez que estoy dormido me
dispensas toda la conversa que me hace falta de tu parte. Una vez en el reino
de Morfeo, todo se arregla y puedo tenerte a mi lado, ajeno a la realidad que
te aleja cada vez. Es tan efectivo estar contigo en mis dominios, que hasta
puedo darte el guión que recitarás para mí. Si te vieras. No pareces tener
obligación alguna de estar allí, pero estás… simplemente estás. Puedo entonces
usar pinceles invisibles para dibujar tu rostro de modo alegre, condescendiente,
pícaro: Todo a mi favor. No te tengo ahora, pero te tengo a veces, cuando nadie
más puede ver, cuando nadie puede intervenir, cuando nadie más gobierna el
instante. No me hablas, pero no me importa… porque te digo: Ahora tengo sueño.
viernes, 10 de octubre de 2014
Eres casi linda
Eres
casi linda. Te vi un par, y hasta un trío de veces, pero no lograste
engancharme. Te encuentras, curiosamente, en ese limbo en el que no terminas de
lucir como me gustaría que lucieras. Eres casi bonita, un tanto menos que
simpática, dos gramos menos que interesante. Te falta… no sé; tal vez un poco
de sonrisa, de reflexión, de locura, como para levantar la vista. No sé si
ayudarte con un poco de alcohol en mi paladar, aunque creo que cuando se me
pase quedaré igual que ahora, tratando de adivinar qué te sumo. Eres –yéndome a
mis tiempos de estudiante– como cuando necesitaba dieciséis para eximir, pero
sólo tenía quince. Tal vez sea una tarea interesante investigar para hacer,
como para que me termines de gustar; porque es que se me pegó esta curiosidad
que no puedo dejar de tener en este raro día del año.
miércoles, 20 de agosto de 2014
Su espectacular presencia
Fue
espectacular. La mirada se clavó en esa presencia colorida, escandalosa,
preciosamente dispuesta. Ante mi silencio y mi boca abierta, sentí una bofetada
de la vida que me gritaba que aprovechara, que no dejara de vivir ese momento,
porque a diferencia de mi existencia rutinaria, comedida y ridícula, este
instante prometía enjabonarme de algo mucho más esencial que placer. Era una
sensación de interés infinito, que hasta me impedía pestañear por no perder esas
fracciones benditas de tiempo con esta sorpresa inimaginable, que prosperaba,
con los minutos, como una flor en mi barranco… una flor muy muy efímera, en mi
eterno barranco, en mi indiscutible desierto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
