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sábado, 5 de noviembre de 2011

Todo y nada

Te diriges al público en medio de tu mal llamada euforia, pero cuando se acercan uno por uno no te interesa. Te interesan los espectáculos multitudinarios, pero camino al escenario, te encuentras con estorbos en busca de un autógrafo que hay que quitar de en medio con los muchachos de hombros henchidos. En los actos de multitudes te dejas tocar, la palmadita, el beso, el peluche, pero si la cosa se sale de libreto, los muchachos de hombros henchidos entrarán de nuevo. Con el micrófono te pones filósofo y disertas acerca de las masas, de las audiencias, de ese pocote de gente que junta paga, grita y te corea, pero que atomizada es tremendo fastidio. Bueno, mi pana, espero que sigas disfrutando del monstruo que llevado a segmentos se reduce a insecto, hasta que tu elevación, de nuevo, dependa de sólo uno de ellos.

Tributo a papito

Tributo al yo. Tributo a mí mismo. Tributo a quien más merece créditos en esta vaina. Yo seré el protagonista indiscutible, el ganador de los premios al mejor cualquier cosa que se muestre en la vitrina. No me digan de otro objeto de adoración, porque no estoy para esas cosas irrelevantes. Lo mío es allá, al frente y arriba. Lo mío son las alturas impolutas, los estratos estratosféricos; no esa vaina que me describes con tanto drama. El torbellino ha comenzado y voy parriba, inexorable, irrepetible. Puente roto y lo que quieran, pero hace rato que decidí abandonar toda esa pendejada sentimental y enganchar el éxito “acomode” lugar. Cortaré el árbol de raíz para que sus ramas puedan volar hacia el destino señalado por una vaina arrecha que leí una vez en una pared. Lo que llaman raíz sólo sirve para atar y no para avanzar, no para transformarse, no para ejercer la libertad con el narcotismo del caso. Que observen todos, que me amen todos, que se jodan todos.

Un murmullo a lo lejos


Un murmullo en la lejanía. Una presencia detrás de cien montañas. Un saber que existe. Sonrisas sintéticas. Sonidos sin aromas. Promesa sin futuro. Viento que transporta sonrisas. Olor a sal, a océano. Lágrimas sin gravedad. Llanto sordo. Naufragio de ciudad. Perdones sin razón de ser. Ansiedad sin remedio. Distintas caras de una luna. Historias sin pruebas. Alas largas y espasmódicas. Culpabilidades sin juzgar. Sollozos en abandono. Ni siquiera se presume inocente… no puede, no quiere.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Cuando la injusticia cae...


Vivimos en un mundo en el que reina la injusticia. Los que viven con la injusticia a favor, se quedan callados, disfrutando. En cambio, los que viven con la injusticia en contra, se quedan callados sufriendo. Cuando la injusticia cae, ambos grupos se manifestarán a su manera, a su conveniencia. Pero esa… esa es otra historia.

Derecho a permanecer callado


Tenemos derecho a callar. Tenemos derecho a no contestar un saludo. Podemos no mirar a quien nos llama o a quien nos pregunta. Claro que si. Podemos no llenar expectativas, contestar cartas o levantar a los caídos. Tenemos derecho a vivir el mundo que nos ha costado un mundo construir, seguro, estable, al ras de la tranquilidad necesaria, vital. Lo que, al parecer, según este tipo que tengo sentado a mi lado, en esta barra, no tengo derecho es a esperar respuesta a una estúpida pregunta que le acabo de hacer y me urge conocer.

jueves, 3 de noviembre de 2011

No hay tiempo


No vivo porque no hay tiempo. No converso porque sólo quedan cinco minutos. No escribo porque estoy en otra cosa urgente. He estado tan ocupado. No miro a nadie porque voy apurado. No escucho lo que me dicen porque me entretengo. Sufro de un extraño hipnotismo que no me deja disfrutar de las cosas a las que le paso por un lado. Me he puesto unas gríngolas muy efectivas, que sólo me dejan caminar hacia adelante, aunque no vea nada. Hace tiempo ya que no me siento en el banco de una plaza, a la orilla del mar, a tan sólo mirar por la ventana. Siempre hay cosas en qué pensar urgentemente, cosas en qué mortificarse. Proliferaron alrededor hoyos negros de placeres, afectos, amabilidades, cortesías. Son huracanes que sólo dejan adrenalina de la mala, veneno para la vida fuera y dentro; son olas que arrastran lo mejor de nosotros y lo dejan tirado en algún sitio, al parecer, irrescatable. Cuando sumo los segundos de hombro partido que me hacen falta para ser feliz, me espanto por lo poco requerido y me comienzo a hacer responsable por mi propio aislamiento, hacia afuera, hacia adentro.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Pero nada, nadita...


Quiero hacer nada…y quiero hacerlo lo más posible. Quiero llevar el ocio a extremos sombríos, eliminar cualquier vestigio de acción o pensamiento al mínimo. Quiero hacer cada vez menos. Necesito hacer menos de cada cosa, hasta llegar a nada… es la única manera de no equivocarme. Quiero apagar la fuente de tanta torción; quiero cerrar el paso a tanta consideración inútil, esa que se produce antes de, inevitablemente, lograr una estupidez. Quiero que mis ojos no miren tentaciones de colores y brillos. Quiero que mis oídos no escuchen palabras que alboroten el pensamiento con sonidos extraños, anhelados. Quiero que mi piel se aleje de palideces que hagan recostarse sobre mis párpados y abandonarme. Quiero que todo desaparezca como la sombra al amanecer, lenta, pero inevitablemente. No quiero incertidumbres causadas por mí o por mis percepciones. Quiero dejar todo en cero, en nada, en silencio; un silencio donde sólo se oigan los latidos de mi corazón errático, y mi respiración agitada, que todavía descansa de la última calamidad.

Vas y vienes


Vas y vienes como un péndulo en la vida de otros. Apareces y desapareces con la facilidad que da mirar el reloj, el calendario. ¿Falta de ganas? ¿Falta de tiempo? ¿Falta de algo? Pareciera, pero el reclamo estaría de más. Me has dado tantos hombros, y te has dejado dar, sin juicios, sin culpas, sin preguntas que nos estorben. Sólo saber que estás bien me tranquiliza, y a pesar de que quisiera verte más seguido, no puedo amarrarte a mi horario, a mis necesidades de ti, a mis más generosos egoísmos. Espero que por allá estén bien, que estén completos, que estén sonrientes. Por aquí, todo igual de bien, con algunos momentos en los que quisiera contagiarte un chisme, una historia, una reflexión sin sentido, como antes, como siempre. No me quejo, eres una ventaja ambulante y a veces sin verte, sé que andas cerca; los saludos gritan, los grupos se abren, los abrazos se dan. Lo único que te exijo, en medio de tantos vaivenes, es que antes de irte para siempre, si lo sabes, me des tiempo de despedirme… yo lo haré.

martes, 1 de noviembre de 2011

Sólo quiero lo suficiente

Quiero lo suficiente… tal vez menos. Quiero una respuesta…a veces, para quedar con alguna intriga encantadora que me mantenga pensando por días. Quiero decir lo que siento, a veces, para darle la vuelta y escribirlo de la mejor manera que pueda se leído, absorbido, asumido como verdad. Quiero una sonrisa, sólo a veces, para comprender que no es gratis, que no es inexorable sólo quererlo. Quiero radiantes rayos de sol, a veces, para, durante los días grises, cultivar la nostalgia y recibirlos plenamente, con el frío moribundo en mi pecho. No lo quiero todo, no lo quiero siempre. Quiero tener carencias qué solucionar, tristezas qué recorrer, apetitos qué satisfacer. Quiero seguir sintiendo lo placentero que puede llegar a ser la vida, sabiendo que parte de ese placer es la aventura de su persecución por caminos tortuosos, espinados; sabiendo que, aunque merecerlo nunca es la carta de triunfo, llevamos la mitad del éxito por dentro, sólo esperando que la otra mitad aparezca… sólo a veces.

¡Yo sí confío!


Yo confío en mí. No tengo que demostrarme nada; al menos por ahora. Yo sé que soy honesto, pero tú no… ¿sabes cuánto me importa? un carajo. Fíjate que yo no interrumpo a quien me explica algo que ya sé y me limito a aprender de lo nuevo que escucho, de esa nueva perspectiva. Yo no grito cuando ayudo a alguien para que los demás sepan que lo hago. Yo no soy la voz cantante en las reuniones y sólo hablo cuando puedo aportar algo; y vaya que me prestan más atención cuando estoy callado. Me agrada el anonimato, aunque no siempre lo logro; a mi pesar, cierta popularidad no siempre deseada se me sienta al lado. ¿Qué quieres que te demuestre? Yo no.