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martes, 17 de octubre de 2023

El miedo es la verdadera tragedia

El miedo es ya la tragedia que se vive a cada momento pensando en lo que podría pasar en el futuro. Imperceptiblemente, ya no se le tiene miedo al miedo que se vive, a esa tragedia que se experimenta en cada presente, sin cesar y se va concibiendo como algo natural, incluso necesario, porque “¿cómo es que no te vas a preocupar por eso?”. Las fuerzas se van socavando, como el agua a los caminos, hasta que el suelo se hace tan fino que terminamos por caer en un abismo de dimensiones tan formidables como nuestro miedo. Nada tan frustrante como reconocer que fue nuestra capacidad para pensar y prever lo que causó el desenlace fatal sin siquiera haber dado tiempo a que sucediera la tragedia que se temió desde el principio. Nunca ocurrió. Solo existió en nuestro pensamiento y, aun así, fue tan fulminante como la emboscada prevista… si hubiese ocurrido.

jueves, 20 de febrero de 2020

El drama otra vez

Hay un drama inherente a la existencia. Hay un drama confeccionado para restar, para disminuir los aspectos favorables que afectan la vida del individuo. Como se puede notar en cualquier encuentro humano, nada es lo suficientemente bueno para ser destacado, como para ser celebrado, ¡y mucho menos!, ser agradecido. No importarán los avances. Poco se notará cuando la vida nos sonría o nos deje en paz. Nada de lo que hagamos por tener más o mejor, cumplirá permanentemente su aparente objetivo a causa del hueco que el drama taladra cada día en el fondo. Es una tragedia cotidiana, real. Es ingratitud gratis, porque sí. Es una sentencia perpetua, una especie de automaldición, y con eso, mi pana, no hay milagro que pueda.

lunes, 29 de abril de 2019

Nada es como quiero

Despierto queriendo haber dormido más. Me levanto con la pesadez de un día más, así como es, así como soy. El agua más fría de lo que quisiera. La comida, menos de lo que desearía. El clima, con más nubes de las que soporta mi ánimo, promete de nuevo un día incómodo. Demasiada gente en la calle; cuánto quisiera que fuesen mucho menos, que fuesen mucho más animosos, sociables, hermanados. El tren nunca llega a la hora; siempre repleto y desagradable en general. Si el río corriera hacia arriba, tomara un bote y llegaría rapidito, pero tampoco se me concede. Nada es como quiero. Nada es como lo necesito con todas mis fuerzas. Aunque trato de resistir todas las situaciones adversas de esta existencia precaria en la que nada es como debe ser, nada se doblega para darme el gusto… ni siquiera este cáncer recién diagnosticado.