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jueves, 24 de noviembre de 2022

Este mapa de m.

Si utilizamos un mapa distinto al que necesitamos, tarde o temprano estaremos llegaremos a estar perdidos. No hay manera de llegar al sitio estipulado porque no es el mapa, el plan o las decisiones que necesitamos. Este mapa que nos trajo aquí... quién sabe dónde lo recogimos: si fue una receta, si fue algo del momento, si fue una reacción. El hecho es que ahora mismo estamos perdidos, frustrados, mirando para los lados con un pedazo de papel de mierda que no nos sirve para nada.

sábado, 11 de junio de 2022

El mapa perdido

Cuando estamos perdidos, cuando nos salimos del camino porque perdimos el mapa original del terreno, muchos tendemos a olvidar que perdimos el rumbo y comenzamos, fantasiosamente, a inventar nuevos caminos que nos llevarían, según nuestra ilusión, a encontrar el destino necesario. Podemos escribir libros, dar charlas y hacernos famosos por inventar mapas “coherentes” y creíbles de cómo llegar al sitio, pero verdaderamente ni siquiera nosotros podríamos llegar allí. Todo esto pretende ser una analogía de cuando perdemos el comportamiento amoroso –si es que alguna vez lo tuvimos–; pero no el amor dramático o adolorido, sino el amor verdadero, ese que no tiene limitaciones en sus consideraciones. Quiero decir que, una vez perdido el camino amoroso, no hay mucho más que se pueda hacer para llegar al destino necesario, incluso entre el entretenimiento, la diversión y la pasión ocasionales, que son atajos que se desgastan muy fácilmente con la rapidez y frecuencia que ya conocemos.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

El mapa en mi cabeza

En mi cabeza está mi mapa, el mapa por el que me guío para pensar, para sentir, para actuar. Todo lo que quiero hacer pasa por una revisión de ese mapa y luego comienzo a caminar. Pero el mapa no es fijo. No puedo confiar en él en todo momento. Resulta que mi ánimo, mis emociones, van modificando el mapa y a veces más bien se convierte en una receta para mi extravío seguro. Por eso es que frecuentemente debo cotejar mi mapa con la realidad, sobreponer la imagen de la realidad sobre esta estructura inestable y replantear, recortando todo lo que parezca un brinco, un capricho, una ligereza, hasta llegar de nuevo a la coherencia, a la clara conciencia de las cosas, a confiar de nuevo en el mapa que tengo en mi cabeza.