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jueves, 20 de enero de 2022

Un amor para crecer

Un amor para crecer. Uno que sea distinto a uno, pero no tanto, que sea un intercambio, no un despojo autorizado o dos mendigos que se juntaron para pedir. Un amor amplio, en el que uno se pueda extender, apreciar nuevas cosas, ver nuevos paisajes, puntos de vista y hasta nuevas maneras de abordarlos. Un amor distinto que sume, que se sume, que se vuelva un ser por sí mismo, efervescente y que al pasar los años, me regale la sensación de que soy alguien mejor, que vive de verdad, que tiene la nueva capacidad de disfrutar detalles antes invisibilizados por mi individualismo, por mi egoísmo miedoso. En fin, quiero alguien distinto, porque me da la sensación de que alguien muy parecido sería solo la extensión de mí mismo, de mi encierro en mis propias y mañosas ideas del amor. 

viernes, 31 de mayo de 2019

Crecer a los carajazos

Crecer. Tan lindo que suena y tanto que duele. Si crecer “normalmente”, en buen entorno, a su tiempo, a su ritmo, promete algunos ganchos de derecha al hígado, ¿qué se podría esperar de un crecimiento tormentoso, a destiempo, apurado, por la falta de herramientas de quienes tienen la honrosa tarea de orientarnos para enfrentar la vida más adelante? En nuestro descargo, pensemos que crecer a los carajazos es la compresión del regalo que implica ponernos frente a frente, precozmente y en forma intensiva, con lo que en una vida chévere ocurriría en el transcurso de varios años. Solo hay que aguantar uno que otro trauma, saltar uno que otro muro, omitir una que otra frustración de no haber vivido la inocencia en el plazo previsto por una crianza totalmente amorosa. Y así, pues, habremos aprobado, a una edad tierna, mucho antes de lo esperado, el examen de poner todo en perspectiva. Podremos, quién sabe, recostarnos a un lado del camino durante un rato, con esos boletos bien ganados y sin sobresaltos, a ver pasar los acontecimientos con una óptica fresca, limpia y en paz.