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lunes, 25 de abril de 2022

Petición de perdón a mi madre

Perdón a mi madre. Perdona, vieja por tardar tanto en valorar tu amor y tus esfuerzos analfabetos. Perdona el impulso atropellado que le di a tu crecimiento durante el mío. Perdona esa sensación de abandono de mi parte que te ataca de vez en cuando. A partir de ahora te seguiría pidiendo perdón por muchas otras cosas que te ocasioné, pero en este punto debo compartir la responsabilidad contigo misma y con las generaciones anteriores que fallaron inconsciente y recurrentemente en proveer las herramientas necesarias para lograr la felicidad.

jueves, 21 de abril de 2022

Petición de perdón a mi amor

Perdón a mi amor. Perdón por atraerte al principio con alguien que no era yo y luego mostrarte tan vulgarmente de quién se trataba realmente. Perdón por no querer negociar el futuro y la cotidianidad de lo nuestro y trampearte luego con así soy yo. Perdón por buscar en ti una extensión de mi madre y sus descuidos. Perdón por renegar de tus inseguridades sin haberme ganado tu confianza. Perdón porque no me bastaras y por hacer de este campo destinado para el amor, uno de batalla. Perdón por haberme estancado en la pasión inestable y alejarnos del amor verdadero, de algo eterno resistente a toda prueba. Perdón por convertir nuestro sitio en la arena movediza que es hoy, dentro de la que no da ganas restaurar la magia. Perdón por irrespetar tus creencias e imponer las mías. Perdona, mi amor, por haberte embarcado en este proyecto sin cara para el que no estábamos preparados.

martes, 19 de abril de 2022

Petición de perdón a mi hijo

Te pido perdón, hijo mío, por haberte traído a este mundo sin pedirte permiso. Perdón por no darte la opción de no venir y te quedaras en ese espacio desconocido donde el mal y el sufrimiento no existen. Ante la imposibilidad de tal solicitud de mi parte, me dejé llevar por las razones y ligerezas que normalmente se arguyen al traer al niño: fue un accidente de la pasión y la ignorancia; fue el producto final de la falta de herramientas de los viejos; fue la complacencia ante la especie de que la familia, el amor y la armonía necesitan hijos para que la casa y las fotos no luzcan así de tristes; fue, en el mejor de los casos, producto de un plan para el cual no estaba preparado. La verdad, no se me pasó por la mente que llegarías a ser un adulto que llevaría consigo la cicatriz permanente de ser mi hijo, que una vez con nosotros y en crecimiento, estarías obligado a echar pa'lante sin descanso. Perdón por los maltratos frontales y sutiles que te propiné porque es que andaba en lo mío. Perdón por haberte mentido al decirte que toda mi ausencia semanal se debía a actividades destinadas al bienestar de la familia, a tu futuro. Perdón por el fraude multitudinario en el que te incrusté tan sálvese quien pueda, con estos millones de personas tan faltas de respeto, tan indiferentes ante el dolor, tan ciegas ante un futuro que se desdibuja a cada segundo. Sin embargo, y por sobre todas las cosas, me he sentido tan orgulloso de cómo te desenvuelves amorosamente en este maremágnum, que muy seguramente volvería a cometer la misma irresponsabilidad.

jueves, 30 de mayo de 2019

Perdón por el berrinche

Pido perdón por todo lo que les grité en la cara. Perdón por esos berrinches que estallaron en algún momento de discusión. En mi descargo, debo acotar que ocurrieron al sentir que hubo alguna injusticia en mi contra, pero ahora comprendo que mi visión de la situación para el momento fue bastante miope —así que voy preso igual—. Perdón, de verdad, por los trapos sucios al aire. Perdón por meterte a juro en ese trozo de mi proceso de crecimiento. Perdón incluso por cuando teniendo la razón, la perdí estrepitosamente por mis maneras vergonzosas. Al pasar los años miro atrás, observo con atención la vehemencia descontrolada que ahora sobrevive bajo estricta supervisión y sobreviene la necesidad de pedirte tu perdón. Así que, perdón, mi estimado, por los espectáculos altisonantes que te brindé delante de otros, por mis manotazos, por la mirada de loco, por la saliva que te bañó e, incluso, por mi mal aliento. 

viernes, 24 de mayo de 2019

Yo quería perdonarte

Quería perdonarte, pero no podía. El asunto no era tan sencillo como solo quererlo. Quería perdonarte, pero es que no podía olvidarme del daño que me habías hecho; la rabia por tu traición permanecía vivita y coleando. Siempre creí que con quererte bastaba, que con amarte bastaba, que todo mejoraría, pero parece que había un requisito secreto con el que no contaba que impedía mi perdón sincero, cabal, definitivo. Hasta ese momento, hubo algunos intentos de indulgencia para con tus pecados, pero resultaron en estruendosos fracasos. De cualquier manera, de alguno modo y a veces por aparentes tonterías, mi ira se despertaba y te volvía a mandar para el carajo. Esos tiras y encoges, esos zigzagueos, me llevaron inevitablemente a la extenuación, y decidí apartarme definitivamente de tu lado. No fue sino mucho tiempo después, ya desechos los nudos por la acción del amor propio, y ya montado en mi nuevo camino, que pude verte, saludarte con cariño y hasta divertirme contigo desde mi plenitud. En ese momento comprendí que ese perdón que tanto traté de forzar en el pasado había llegado a su tiempo y sin notarlo. Fue después de ese largo transcurso que pude desearte la felicidad —aunque lejos de mí—, ya sin tristezas, ya sin rabietas… sí, tal vez, con un dejo de nostalgia en mi corazón.