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martes, 28 de enero de 2020

La dualidad no mata… no todavía

La dualidad no mata… no todavía. Dualidad es dos partes distintas malviviendo en un solo pellejo. Dualidad es pelea, son dos lados que no pueden ser uno. Dualidad es estereotipo contra autenticidad. Dualidad demuestra prisión, inconformidad, envidia, impotencia. Dualidad es lo que eres contra lo que te ves obligado a ser, lo que tienes contra lo que quieres, donde estás contra donde quieres estar, y claro, lo que haces contra lo que quieres hacer. Dualidad es resistencia a ti mismo, es forcejeo interno, es estrangulamiento constante y progresivo que, en medio de la asfixia, no deja pronosticar el final de la historia. Dualidad es gastar el doble de la energía en menos de la mitad de lo trazado. Dualidad es amargura de la mente que chorrea al cuerpo. Dualidad es contraposición de uno contra uno mismo por mero influjo alienígena. En dos platos: Dualidad es locura. Pero es locura maquillada de ajuste social, de adaptación a la audiencia según sea el caso: normal y admirable, pues. Dualidad termina siendo queja en la oscuridad, ruido constante que no deja dormir, indeterminación que mata… aunque no todavía.

domingo, 30 de junio de 2019

Ser agradecido

No es cuento. Saque la cuenta. Amanecer vivo, ver a tu madre, el carro funciona, poder caminar, ir al baño solos; el teléfono funciona, tienes comida en la nevera, tienes motivos para reír. Todas estas son una pequeñísima parte de lo que puedes disfrutar y que, si faltaran, podrías recorrer el camino que va desde la mera incomodidad hasta la mayor calamidad. Sin embargo, como somos como somos, volamos del presente hacia no sé dónde, pasamos por alto todo lo favorable de lo que gozamos y nos echamos, como los necios de la historia, al lado del camino a quejarnos de lo otro que no tenemos, de lo que nos falta, incluso de lo que no conocemos o necesitamos. Y así vamos, en vuelo rasante por la existencia, obviando desde los más delicados detalles hasta los acontecimientos más significativos, buscando nuestro significado en la escasez y no en la abundancia real que mantenemos en desprecio implícito, manoteando nuestra realidad real, anhelando una realidad ficticia, no probada, no demostrada y que, en muchos casos, nunca llegará. Y así seguimos, desagradecidos, apostando y perdiendo, creando sufrimiento para nosotros y para quienes les chispotea; seguimos mirando hacia otro lado, mientras culpamos a los demás por nuestros desatinos, deteniendo peligrosamente el flujo de los recursos, de los afectos, vistiendo de heroísmo a la estupidez, perdiendo cada minuto que pudiéramos invertir en el gozo, en el entusiasmo o en la tan necesaria aceptación. Déjate de andar por ese monteral lleno de dificultades gratuitas y vuelve al camino. Déjate de eso, cambia los lentes, despierta a la alegría de vivir y da las gracias, mijo.