Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"

viernes, 18 de septiembre de 2015

Marionetas urbanas

Había una vez una arepera en el centro que se la pasaba vacía. Uno que otro venía en la noche, y ante el hambre que dan las rumbas y la soledad de la cuadra, entraba y comía. No había mucho qué hacer. El nuevo dueño, mirando lo que ocurría, se figuró una estrategia muy clara. Dos semanas después, había una arepera justo al lado de la antigua. De ahí en adelante, la mayoría de la gente, conociendo la fama de la vieja arepera, plenaba la nueva. Nuevas instalaciones, hornos, mostradores y hasta una cajera muy linda. En “respuesta”, el ahora dueño de ambas areperas comenzó a remodelar la vieja y, aprovechando las comillas, comenzó la “competencia” entre ambos negocios. Al pasar el tiempo, las dos areperas estaban muy parejas en eso de la venta de la comida y, claro, los ingresos por caja. Pronto hubo grupos de fanáticos de cada uno de esos negocios que discutían por qué comer en una y no en la otra. Muchos y muy apasionados llegaban a contar las historias de cada local con entusiasmo, con vehemencia, y hasta con cierto compromiso. Muchas veces se armaron tánganas en la que los clientes de una y de otra, vestidos con franelitas y banderillas de distintos colores se amenazaban entre ellos, se juraban liquidarse entre sí. Mientras pasaba el tiempo y los sucesos ya mencionados, desde la azotea de ambos recintos (que era la misma —una sola azotea—, por supuesto), el dueño de ambos negocios campaneaba su trago, como todas las noches y con la misma sonrisa en los ojos, admirando cuán genio era él y qué pendeja era la multitud que se escuchaba furiosa desde la altura de su sillón.

2 comentarios: