Dios:
Venimos a impugnar el libre albedrío. Ese decreto que lanzaste hace tiempo para
que tuviésemos libertad de movimiento… no sirve. Yo entiendo que tú eres el
creador de todo y que llevarte la contraria es harto incorrecto, pero es que,
para nuestro descargo: no servimos. Nosotros no tenemos la suficiente
responsabilidad como para estar llevando nuestra vida por el mejor camino,
según tus guías, y menos, llevar la fiesta en paz entre todos. Sé que puedes
castigarme por esto, pero creo que le pusiste tanto empeño a nuestro cerebro,
que olvidaste el corazón. Asómate para que veas que hemos llegado a ser unos
gurúes sin alma, unos prestidigitadores de la mentira, unos asesinos de sueños.
Por eso, creo que merecemos, el grupo disidente que vino con el documento de
impugnación, que consideres seriamente retirar el libre albedrío como aporte divino,
dado que no supimos ni sabremos manejar las cosas de la manera en que bien lo
proyectaste. Espero que la ira no te aparezca (la última vez hubo inundación, y
tal), pero si dudas de lo que te digo, asómate de nuevo.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
martes, 17 de noviembre de 2015
Asómate, Dios...
Dios:
Venimos a impugnar el libre albedrío. Ese decreto que lanzaste hace tiempo para
que tuviésemos libertad de movimiento… no sirve. Yo entiendo que tú eres el
creador de todo y que llevarte la contraria es harto incorrecto, pero es que,
para nuestro descargo: no servimos. Nosotros no tenemos la suficiente
responsabilidad como para estar llevando nuestra vida por el mejor camino,
según tus guías, y menos, llevar la fiesta en paz entre todos. Sé que puedes
castigarme por esto, pero creo que le pusiste tanto empeño a nuestro cerebro,
que olvidaste el corazón. Asómate para que veas que hemos llegado a ser unos
gurúes sin alma, unos prestidigitadores de la mentira, unos asesinos de sueños.
Por eso, creo que merecemos, el grupo disidente que vino con el documento de
impugnación, que consideres seriamente retirar el libre albedrío como aporte divino,
dado que no supimos ni sabremos manejar las cosas de la manera en que bien lo
proyectaste. Espero que la ira no te aparezca (la última vez hubo inundación, y
tal), pero si dudas de lo que te digo, asómate de nuevo.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Más tiempo contigo
Te hubiera
querido más tiempo conmigo. Hubiese esperado de la vida poder brindar por unos
años más disfrutando de ti y tus cosas. Si hubiera sabido que el fin estaba
cerca, me hubiese ocupado un poco más de tomarte de la mano, de besarte más de
vez en cuando, de llamarte para decirte algo lindo. Pero nadie es adivino y al
parecer todos tenemos el derecho de abandonar la querencia más profunda porque
está segura, porque siempre se puede, porque no tengo tiempo, porque será para
después. Pero ahora, como siempre, no hubo después; no existió el mañana
contigo. Esta juntura tuya y mía quedó en el vacío de repente y cayó hasta lo
invisible, hasta lo insensible, hasta lo incomprensible. En algún momento luché
por estar a tu lado, y cuando lo logré, el reloj de la cuenta regresiva de la
destrucción comenzó su tic tac.
domingo, 8 de noviembre de 2015
Palabras del camino
Busco
en el camino palabras que expliquen mis emociones, mis reflexiones, mis
criterios. Uno, poco a poco, frases recogidas de alguien más y voy armando mi
propio rompecabezas. Es como si debiera estructurar un discurso para que los
demás sepan, con algún detalle coherente, por qué pienso lo que pienso, por qué
hago las cosas que hago. Espero que no. Pero sí sigue ocurriendo que alguien
dijo algo que pensé hace años y que no había convertido en símbolos potables. Sigo
hilando, con esas ideas expresadas en retazos convenientes, el mapa a seguir en
adelante. Lo que realmente temo es que, por muy fructífero que sea el tiempo de
juntura de ideas que potencien nuevas acciones, nuevos rumbos, nuevas
tranquilidades, los días que restan para ponerlas en práctica sean insuficientes.
domingo, 25 de octubre de 2015
Para ti, que tanto preguntas.
¿Qué a quién amo? Amo a quien pueda respetar, a quien admire
de algún modo, a quien me adorne el derredor, a quien me haga un lugar ocasional
para la intimidad, la confianza y algo de cobijo. Amo a quien, quizás con apariencia
externa de prisión, brinde la fascinación permanente de la puerta abierta
¿Qué a qué lado de la política me pliego? Al lado que la que
sirva sin petulancia a su razón de ser, que conlleve a una sociedad de justicia
que ejerza y haga ejercer el ser ciudadano; que promueva la identidad propia de
este gentío sin mucha conexión, ya sin mucho en común. Al régimen que premie al
trabajo y al ingenio de propósito común.
¿Qué a qué religión pertenezco? A la que fomenta la igualdad
entre los hermanos y disminuya la diferencia, la indiferencia. A la que da
como muestra visible, palpable, cotidiana, la solidaridad y la compasión entre los
hermanos ya regados por todos lados. A la que no tiene al bien como un elemento
exótico, sino que usa el amor como causa, instrumento y fin de nuestras
acciones de cada día.
Ahí está. Ahora tú, que tanto preguntas y dadas mis explicaciones,
dime tú mismo, qué tendencias amorosas, políticas y religiosas te parece que
tengo. Cumple con tu compulsión de encasillarme, anda.
viernes, 23 de octubre de 2015
Hipocondriacus Est
Esta mañana me desperté sintiendo un dolor de espalda algo
molesto, por aquí, por el riñón derecho. Segurito me viene una insuficiencia
renal en camino. Siempre lo supe, con estas molestias y los pronósticos de mi
primo. Parado aquí, en el balcón de la sala, tampoco recordaba la presión en la
frente que me atacó a mansalva en estos días. La verdad, no fue muy fuerte,
pero todo comienza así, suavecito, y después ataca con toda la fuerza, de
manera fulminante y no lo deja a uno reaccionar, despedirse de los seres
queridos. Además, el dolorcito ese sospechoso que me surge ahora en mi
antebrazo izquierdo: no puede ser otra cosa que el corazón echando vaina. El aceite
de oliva está escaso y por eso pasan las calamidades, te lo digo. Llevo unos
quince minutos tosiendo, dándome el automasaje en el pecho, salvándome de un
ataque masivo que me deje tirado en mi piso de parquet recién echado. Me siento
cansado ya: el fin se acerca. Las arterias que me irrigan deben estar tan
cargadas de colesterol, y cuando se van cerrando la falta de sangre debe estar
produciendo un yo-no-sé-qué que me tiene mortificado, que no me deja dormir
escuchando cómo mi sangre tropieza con los escombros que dejé durante estos
años. Mi mamá me lo dijo. Voy a sentarme un rato… ¡Ay, carajo! …esta rodilla me
tiene muy pensativo. Por la parte interior de la rótula, muy seguramente —y
según escuché en un programa—el menisco está sucumbiendo por uno de los lados y
debe estar gastado, produciendo el roce entre el fémur y la tibia, hueso con
hueso sin amortiguación alguna. Tengo la sensación de que un día de estos la
pierna no me responderá y caeré como un pendejo en plena calle, de culo,
despegándose para colmo uno de los riñones enfermos —ese, el de la derecha—, y
con esa tremenda vergüenza, no habrá cómo evitar que se también se despegue una
placa de grasa de la arteria obstruida que va parriba y me muero por un
accidente cerebro-vascular. Qué destino el mío.
lunes, 19 de octubre de 2015
Quiero lo mío
Busco otro camino para ser feliz. El que tengo anotado y
ejecutado desde siempre no es mío y creo que es por eso que ya no me sirve. Aun
así debo agradecer que me ha provisto de tramos del recorrido con muchos
colores y sonrisas, pero han sido efímeros. Efímero ya no gusta. Efímero da
miedo, y con miedo no puedo avanzar adonde quiero ir. Ahora quiero algo a mi
medida, que sin embargo pueda compartir a ratos. Pero quiero que se quede
conmigo y distribuya los otrora ratos apasionados, brincos y escaramuzas ahora
en instantes llanos de paz, de sosiego. No reniego de la carcajada, pero se va
como viene. Quiero una confección que provenga esta vez desde dentro. Ya compré
mucho afuera y tiene fecha de vencimiento. La solución ha de ser que recicle
mis energías, mis percepciones, mis maneras de pintar el paisaje, y me convierta
en ese tipo de sistemas ecológicos autosustentables que me haga el favor de
producir lo que voy a consumir con gusto, sin esfuerzos retorcidos, sin
turbulencias enceguecedoras: Quiero lo mío.
lunes, 28 de septiembre de 2015
Por sus actos los reconocerás
Y entonces todos se
volvieron mudos. Todos salieron a la calle, confundidos, sin poder comunicarse
en un primer momento que hasta dolía. Luego, más luego, después de dejar el
drama innecesario de la calamidad, se estableció que solo podríamos saber cómo era
la gente, ya no por sus disertaciones brillantes, sus labias delirantes, sus
sandeces cabalgantes, sino por lo más evidente y honesto: por sus
comportamientos. Y fue así, pues, como ya no sabíamos a primera vista quiénes
eran cristianos, comunistas, gerentes, mahometanos, obreros, homosexuales, agnósticos,
budistas, capitalistas y demás grupitos en los que tanto nos gustó dividir a la
gente. Sí ganamos, sin embargo, una nueva manera de acercarnos al otro y saber
quién era. Ya pronto solo quedó claro quiénes eran amorosos, ladrones,
prejuiciosos emprendedores, sabios u ociosos; quiénes eran solidarios, quiénes
indiferentes, quienes temerosos. Supe que yo mismo arropaba mis debilidades y
mis vicios con una manta de extraordinaria brillantez que tanto tonto tragaba
emocionado. Afortunadamente, todo ese efecto fue temporal y todo volvió a la
normalidad. Para nuestra suerte, todo se revolvió y cayó parado, como el gato.
Para nuestra fortuna, todo se restauró y volvió al trono “mi pecado favorito”:
la hipocresía.viernes, 18 de septiembre de 2015
Marionetas urbanas
Había una vez una
arepera en el centro que se la pasaba vacía. Uno que otro venía en la noche, y
ante el hambre que dan las rumbas y la soledad de la cuadra, entraba y comía. No
había mucho qué hacer. El nuevo dueño, mirando lo que ocurría, se figuró una
estrategia muy clara. Dos semanas después, había una arepera justo al lado de
la antigua. De ahí en adelante, la mayoría de la gente, conociendo la fama de la
vieja arepera, plenaba la nueva. Nuevas instalaciones, hornos, mostradores y
hasta una cajera muy linda. En “respuesta”, el ahora dueño de ambas areperas
comenzó a remodelar la vieja y, aprovechando las comillas, comenzó la “competencia”
entre ambos negocios. Al pasar el tiempo, las dos areperas estaban muy parejas
en eso de la venta de la comida y, claro, los ingresos por caja. Pronto hubo
grupos de fanáticos de cada uno de esos negocios que discutían por qué comer en
una y no en la otra. Muchos y muy apasionados llegaban a contar las historias
de cada local con entusiasmo, con vehemencia, y hasta con cierto compromiso.
Muchas veces se armaron tánganas en la que los clientes de una y de otra,
vestidos con franelitas y banderillas de distintos colores se amenazaban entre
ellos, se juraban liquidarse entre sí. Mientras pasaba el tiempo y los sucesos ya
mencionados, desde la azotea de ambos recintos (que era la misma —una sola
azotea—, por supuesto), el dueño de ambos negocios campaneaba su trago, como
todas las noches y con la misma sonrisa en los ojos, admirando cuán genio era
él y qué pendeja era la multitud que se escuchaba furiosa desde la altura de su
sillón.martes, 15 de septiembre de 2015
El hombre... una de vaqueros.
El hombre, lanzando
manotazos de desesperación se quejaba de no poder respirar. Llegó un poco de
aire, de oxígeno, y se fue tranquilizando. Poco rato después, el hombre se dio cuenta
de que no podía moverse. La aflicción lo atacó, mientras se le despertaban las
extremidades. Después de un instante, el estómago le indicaba la necesidad de
alimentos. Entre la queja y el hambre, corrió detrás de su presa hasta
dominarla. Como mucho placer la desguazó y comió las partes más deliciosas. Dormía
el hombre su desayuno, cuando al despertar, se dio cuenta de que no podía ver
bien. Estaba oscuro. A rastras logró reunir unas ramas secas y con unas piedras
que le hicieron tropezar y caer, pudo hacer el fuego necesario para ver, para
combatir el frío, para calentar su comida. Yacía el hombre recostado en la
pared externa de su refugio, y mientras amanecía comenzó a ver la extensión de
la tierra donde vivía. Los árboles movidos por el viento, los ríos incansables
que le daría el agua para completar su sustento. Bajó el hombre de su colina y
comenzó a reconocer el vasto territorio; el olor a tierra mojada, a vegetación
viva. Después de pocos meses, ya todo le era familiar y se aburrió. Sentía que
necesitaba más que eso, pero no sabía qué cosa podría ser. 190 mil años después,
sigue aburrido. 190.000 todavía no sabe qué cosa sería esa que lo completaría.
190.000 se entretiene incansablemente hasta el día de su muerte.
sábado, 5 de septiembre de 2015
Mejor no hables
Hablas de ideas, pero no se te notan en tu caminar. Hablas de espiritualidad, pero eres todo un juez. Hablas de genialidades, pero no resuelves ni tus dificultades ni las de los demás. Hablas de lo experto que eres, pero se te ve trastabillar. Hablas de visión, pero no te veo caminar. Hablas de lo saludable, pero te estás muriendo. Hablas de un mejor ser humano, pero no das el paso. Hablas de la debilidad de los demás, pero no de las tuyas. Mejor no hables.
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