Esta mañana me desperté sintiendo un dolor de espalda algo
molesto, por aquí, por el riñón derecho. Segurito me viene una insuficiencia
renal en camino. Siempre lo supe, con estas molestias y los pronósticos de mi
primo. Parado aquí, en el balcón de la sala, tampoco recordaba la presión en la
frente que me atacó a mansalva en estos días. La verdad, no fue muy fuerte,
pero todo comienza así, suavecito, y después ataca con toda la fuerza, de
manera fulminante y no lo deja a uno reaccionar, despedirse de los seres
queridos. Además, el dolorcito ese sospechoso que me surge ahora en mi
antebrazo izquierdo: no puede ser otra cosa que el corazón echando vaina. El aceite
de oliva está escaso y por eso pasan las calamidades, te lo digo. Llevo unos
quince minutos tosiendo, dándome el automasaje en el pecho, salvándome de un
ataque masivo que me deje tirado en mi piso de parquet recién echado. Me siento
cansado ya: el fin se acerca. Las arterias que me irrigan deben estar tan
cargadas de colesterol, y cuando se van cerrando la falta de sangre debe estar
produciendo un yo-no-sé-qué que me tiene mortificado, que no me deja dormir
escuchando cómo mi sangre tropieza con los escombros que dejé durante estos
años. Mi mamá me lo dijo. Voy a sentarme un rato… ¡Ay, carajo! …esta rodilla me
tiene muy pensativo. Por la parte interior de la rótula, muy seguramente —y
según escuché en un programa—el menisco está sucumbiendo por uno de los lados y
debe estar gastado, produciendo el roce entre el fémur y la tibia, hueso con
hueso sin amortiguación alguna. Tengo la sensación de que un día de estos la
pierna no me responderá y caeré como un pendejo en plena calle, de culo,
despegándose para colmo uno de los riñones enfermos —ese, el de la derecha—, y
con esa tremenda vergüenza, no habrá cómo evitar que se también se despegue una
placa de grasa de la arteria obstruida que va parriba y me muero por un
accidente cerebro-vascular. Qué destino el mío.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
viernes, 23 de octubre de 2015
lunes, 19 de octubre de 2015
Quiero lo mío
Busco otro camino para ser feliz. El que tengo anotado y
ejecutado desde siempre no es mío y creo que es por eso que ya no me sirve. Aun
así debo agradecer que me ha provisto de tramos del recorrido con muchos
colores y sonrisas, pero han sido efímeros. Efímero ya no gusta. Efímero da
miedo, y con miedo no puedo avanzar adonde quiero ir. Ahora quiero algo a mi
medida, que sin embargo pueda compartir a ratos. Pero quiero que se quede
conmigo y distribuya los otrora ratos apasionados, brincos y escaramuzas ahora
en instantes llanos de paz, de sosiego. No reniego de la carcajada, pero se va
como viene. Quiero una confección que provenga esta vez desde dentro. Ya compré
mucho afuera y tiene fecha de vencimiento. La solución ha de ser que recicle
mis energías, mis percepciones, mis maneras de pintar el paisaje, y me convierta
en ese tipo de sistemas ecológicos autosustentables que me haga el favor de
producir lo que voy a consumir con gusto, sin esfuerzos retorcidos, sin
turbulencias enceguecedoras: Quiero lo mío.
lunes, 28 de septiembre de 2015
Por sus actos los reconocerás
Y entonces todos se
volvieron mudos. Todos salieron a la calle, confundidos, sin poder comunicarse
en un primer momento que hasta dolía. Luego, más luego, después de dejar el
drama innecesario de la calamidad, se estableció que solo podríamos saber cómo era
la gente, ya no por sus disertaciones brillantes, sus labias delirantes, sus
sandeces cabalgantes, sino por lo más evidente y honesto: por sus
comportamientos. Y fue así, pues, como ya no sabíamos a primera vista quiénes
eran cristianos, comunistas, gerentes, mahometanos, obreros, homosexuales, agnósticos,
budistas, capitalistas y demás grupitos en los que tanto nos gustó dividir a la
gente. Sí ganamos, sin embargo, una nueva manera de acercarnos al otro y saber
quién era. Ya pronto solo quedó claro quiénes eran amorosos, ladrones,
prejuiciosos emprendedores, sabios u ociosos; quiénes eran solidarios, quiénes
indiferentes, quienes temerosos. Supe que yo mismo arropaba mis debilidades y
mis vicios con una manta de extraordinaria brillantez que tanto tonto tragaba
emocionado. Afortunadamente, todo ese efecto fue temporal y todo volvió a la
normalidad. Para nuestra suerte, todo se revolvió y cayó parado, como el gato.
Para nuestra fortuna, todo se restauró y volvió al trono “mi pecado favorito”:
la hipocresía.viernes, 18 de septiembre de 2015
Marionetas urbanas
Había una vez una
arepera en el centro que se la pasaba vacía. Uno que otro venía en la noche, y
ante el hambre que dan las rumbas y la soledad de la cuadra, entraba y comía. No
había mucho qué hacer. El nuevo dueño, mirando lo que ocurría, se figuró una
estrategia muy clara. Dos semanas después, había una arepera justo al lado de
la antigua. De ahí en adelante, la mayoría de la gente, conociendo la fama de la
vieja arepera, plenaba la nueva. Nuevas instalaciones, hornos, mostradores y
hasta una cajera muy linda. En “respuesta”, el ahora dueño de ambas areperas
comenzó a remodelar la vieja y, aprovechando las comillas, comenzó la “competencia”
entre ambos negocios. Al pasar el tiempo, las dos areperas estaban muy parejas
en eso de la venta de la comida y, claro, los ingresos por caja. Pronto hubo
grupos de fanáticos de cada uno de esos negocios que discutían por qué comer en
una y no en la otra. Muchos y muy apasionados llegaban a contar las historias
de cada local con entusiasmo, con vehemencia, y hasta con cierto compromiso.
Muchas veces se armaron tánganas en la que los clientes de una y de otra,
vestidos con franelitas y banderillas de distintos colores se amenazaban entre
ellos, se juraban liquidarse entre sí. Mientras pasaba el tiempo y los sucesos ya
mencionados, desde la azotea de ambos recintos (que era la misma —una sola
azotea—, por supuesto), el dueño de ambos negocios campaneaba su trago, como
todas las noches y con la misma sonrisa en los ojos, admirando cuán genio era
él y qué pendeja era la multitud que se escuchaba furiosa desde la altura de su
sillón.martes, 15 de septiembre de 2015
El hombre... una de vaqueros.
El hombre, lanzando
manotazos de desesperación se quejaba de no poder respirar. Llegó un poco de
aire, de oxígeno, y se fue tranquilizando. Poco rato después, el hombre se dio cuenta
de que no podía moverse. La aflicción lo atacó, mientras se le despertaban las
extremidades. Después de un instante, el estómago le indicaba la necesidad de
alimentos. Entre la queja y el hambre, corrió detrás de su presa hasta
dominarla. Como mucho placer la desguazó y comió las partes más deliciosas. Dormía
el hombre su desayuno, cuando al despertar, se dio cuenta de que no podía ver
bien. Estaba oscuro. A rastras logró reunir unas ramas secas y con unas piedras
que le hicieron tropezar y caer, pudo hacer el fuego necesario para ver, para
combatir el frío, para calentar su comida. Yacía el hombre recostado en la
pared externa de su refugio, y mientras amanecía comenzó a ver la extensión de
la tierra donde vivía. Los árboles movidos por el viento, los ríos incansables
que le daría el agua para completar su sustento. Bajó el hombre de su colina y
comenzó a reconocer el vasto territorio; el olor a tierra mojada, a vegetación
viva. Después de pocos meses, ya todo le era familiar y se aburrió. Sentía que
necesitaba más que eso, pero no sabía qué cosa podría ser. 190 mil años después,
sigue aburrido. 190.000 todavía no sabe qué cosa sería esa que lo completaría.
190.000 se entretiene incansablemente hasta el día de su muerte.
sábado, 5 de septiembre de 2015
Mejor no hables
Hablas de ideas, pero no se te notan en tu caminar. Hablas de espiritualidad, pero eres todo un juez. Hablas de genialidades, pero no resuelves ni tus dificultades ni las de los demás. Hablas de lo experto que eres, pero se te ve trastabillar. Hablas de visión, pero no te veo caminar. Hablas de lo saludable, pero te estás muriendo. Hablas de un mejor ser humano, pero no das el paso. Hablas de la debilidad de los demás, pero no de las tuyas. Mejor no hables.
sábado, 1 de agosto de 2015
Hay señales
Hay
señales. Claro que sí. Hay señales en el aire, en el suelo, en el camino hecho
por otros. Hay señales en la ausencia, en la presencia que aparenta alegría o
monotonía. Hay señales en sus ojos gachos, en su sonrisa de años, en su
fastidio disfrazado. Hay señales que no dejan de avisar, te digo. Hay señales
en los días de sordo silencio que no dejan de gritarte cosas. Hay señales,
aunque no lo creas, hasta donde están prohibidas las señales. Por ello, no me
vengas ahora con que no viste nada, con que sentiste nada, con que no te dolió
nada antes de afrontar este abandono autoinfligido.
miércoles, 17 de junio de 2015
Oscura simetría
Y me
sigo agarrando, en medio del temor de niño, entre la necesidad de que haya una
fuerza superior que me controle, que controle al resto, y la libertad absoluta,
solitaria, triste, que brinda el libre albedrío no solicitado. Sigo encerrado
entre los barrotes de la no resolución, de la indefinición indefinida. Ejecuto cálculos,
llevo a cabo fórmulas, establezco aparentes tendencias que salen del saco de
vivencias que me entumece el espinazo, pero todo termina, cada vez, en un
sollozo ridículo que me avergüenza… cada vez. No hay respuestas. No hay, ni
siquiera, pistas que permanezcan a disposición por más de pocas noches. El frío
de la responsabilidad absoluta, el ardor de lo que ya no se pudo cambiar, la
amenaza constante de lo que no se podrá lograr en el futuro, sólo me hacen
agacharme y tomar entre mis manos temblorosas, el trapo omnipresente de la
hipocresía para aliviarme, para cobijarme de los punzones de quienes no me
aprueban. Y así me confundo entre ellos, entre los malos de mi película; me
mimetizo y me vuelvo uno de ellos, disponiéndome, en adelante, a destrozar a
cualquiera de los míos que pase por el pasaje de la emboscada, por el umbral
preciso donde hay que decidir qué coño hacer con esta vida.
martes, 28 de abril de 2015
Devuelve a ese carajito
Ahora tienes la oportunidad de deshacerte de esa molestia que representa esa criatura que, en resumen,
te amarga la vida. Dile adiós a esa “Bendición de Dios” que ahora te tiene las
ojeras florecidas y la paciencia agotada. Nuestro novísimo servicio te garantiza
que nadie se enterará de esa determinación. Todas esas vivencias serán borradas
de tu mente y la de tu familia y conocidos mediante un innovador Acelerador en
Retruque que nuestros técnicos ingeniosos parieron hace poco. Te invitamos a hacer
las cosas bien desde el principio, bien planificadas, dejando para el momento
adecuado los pasos importantes de tu vida. Ya basta de corredera, de gritadera,
de lloradera y trasnochos que no parecen valer la pena. Eso sí, por
experiencias anteriores muy frecuentes, Ud. deberá firmar la cláusula única contra
lloreríos, sacudidas contra el piso, cargos de conciencia y llamadera de gente
que no existe a las puertas de nuestra organización.
Llame ya… firme aquí.
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