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lunes, 21 de diciembre de 2020

Cansado de la madurez

Ya me cansé de saber cosas, de conocer nuevas formas, de creer nuevas promesas. Mis verdades, empeños y discusiones se hacen cada vez más heterogéneas, más difusas, y aunque aparente mayor criterio y mis argumentos tengan ahora cierto brillo, la verdad es que al final de la noche, estoy más confuso, más solo. Mis ignorancias pasadas al menos me daban más pasión para perseguir las metas que me mantendrían entretenido, ocupado, sin ganas de profundizar en nada. Mis porfías me daban el chance inmediato de pedir disculpas entre mocos y compunciones. Mi juventud me daba más fuerzas para, enrollado entre mis creencias infantiles, salir airoso después de blandir cualquier consigna inventada o copiada de algún libro, revista o canal de televisión. Pero ya no. Ahora es más cuesta arriba, con todo este cargamento seudofilosófico, arrancar el pesado motor que incluso en ocasiones no se detiene de escupir para afuera y para adentro sin dejar dormir es fuente de hastío. Quisiera incluso, como carajito retrógrado, volver a lo simple, a lo ingenuo, a lo inocente… incluso, a lo equivocado.

lunes, 24 de junio de 2019

Maestra juventud

Agradezco la pasión de la juventud. Agradezco toda esa brincadera, las decisiones dementes, las incertidumbres por culpa de la falta de visión y las correderas que causaron. Agradezco lo pronto que comenzó todo; en ligera aritmética siento que mientras más pronto aquello, más pronto todo. Y algo parecido a “todo” se ha ido acumulando, dejando ver, con nueva calma, el camino recorrido, los resbalones, las caídas, dejando sentir que, de repetirse alguna oportunidad, tal vez no nos anotemos en esa. Todo en la cabeza y el corazón se va acomodando; todo va cayendo en su santo lugar, armando un mapa de situaciones por repetir, por considerar o por salirles corriendo de una. Agradezco a quienes estuvieron cerca y que también llevaron lo suyo; a los que avanzaron, a los que se quedaron y con quienes todavía nos tomamos un café para hojear el álbum. Agradezco pues, todos los raspones, heridas y cicatrices que esculpiendo, con cada carajazo, la perspectiva que esos momentos de la muchachada y la adultez presunta dejaron en los años posteriores, en aquellos que me recibieron con menos fuerzas, menos ganas y menos dinero, aunque con un punto de vista más intuitivo que honra más eso de que “perro viejo late echao”.