La verdad
es que no quisiera ser tan inteligente para no sentirme forzado a usar esa tal inteligencia.
Al saberse inteligente, el ser humano cae secuestrado y seducido por su ego y necesita
con ansiedad que todos le reconozcan constantemente sus habilidades. Mejor no;
déjame estar aquí, tranquilito y aparentando mayores estupidez e ignorancia de
las que albergo para así estar más protegido de quienes se la pasan buscando
malabaristas del intelecto para fastidiarles, entretenerse y presumir ante el
resto. ¡Zape, gato!
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
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martes, 5 de julio de 2022
viernes, 13 de septiembre de 2019
¿Sabio? Inteligente, más bien
Inteligente
no es igual a sabio, así que deja la urgencia por leer, por establecer
relaciones menores entre elementos o sucesos, por rellenarte de información
general si lo que quieres ser es sabio. Es de sabios callar, no defender el
punto de vista, a diferencia de la alharaca altisonante que sostienes sin cesar
sobre puntos que leíste anoche, sostenidos con saliva de loro. Es de sabios
alcanzar la paz, la tranquilidad, en lugar de vivir en el sobresalto que
produce tener la razón, comprobar teorías o finalmente recibir el premio. He conocido
sabios que no abrieron un libro en su vida, que no supieron de la academia, y
en su mirada compasiva y sus palabras pausadas conseguí el refugio que
necesitaba. Supe de sabios que finalmente llegaron a esbozar un propósito de vida
y a compartirlo con los demás… no como este infierno en el que me tienes
escuchándote, comiendo pastelitos y café, mientras todos tus “amigos” se
aprestan a aplaudirte ya para el final de esta farsa.
domingo, 26 de mayo de 2019
¿Inteligente pa qué?
Pasé
otro día pensando. Ese día no lo viví; también se perdió. Pasé otro día
analizando las causas y las consecuencias, las perspectivas y las posibilidades,
mientras el paisaje soleado se quedó esperándome allá afuera. Transcurrió otro
día llegando a conclusiones complejas e importantísimas y luego a dormir,
mientras mi familia me veía pasar de largo. Fue un día en que la mente logró
prodigios, unió cabos, develó secretos, mientras el corazón yacía compungido en
su caja del tórax. Fueron horas y horas que invertí en planificar
estratégicamente, en disponer recursos, en coordinar unidades, mientras la piel
se entristecía por falta de calor. No cabe duda: soy harto inteligente. Sin
embargo, con lo mal que me sentido en estos días tan intelectualmente prolíficos,
creo que debo saber exactamente: ¿inteligente pa qué?
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