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martes, 4 de febrero de 2020

Ya no siento culpa

Ya no siento culpa. Ya no siento el peso del pasado sobre mi espalda. Lo que hice y dejé de hacer quedó en un nivel de conciencia que ya no existe y ahora, desde este punto de vista privilegiado, logrado después del sufrimiento, tengo una mejor perspectiva de la cosas. Hice daño, lo sé, y estoy dispuesto a tomar la responsabilidad en ese respecto. Sonará cruel el cliché, pero lo pasado ya pasó y no puedo hacer nada ahorita que no sea reconocerlo y disculparme con la seriedad del caso: Así lo haré. No sé cuándo ocurrió; el despertar ante la culpa se presentó sin avisar y por casualidad, y con solo ver el episodio de nuevo, me di cuenta de que no me afectaba como antes lo hizo, que no me carcomía como antes lo hacía. El dolor cesó y dio paso a la tranquilidad que descubro ahora. Al parecer, en algún momento y sin saberlo, tuve una conversa adulta con el susodicho fantasma de la culpa y llegamos al arreglo de no molestarnos más. Tal vez… se me ocurre… es a eso a lo que llaman perdonarse.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

¿De quién es la culpa?

¿Es del gobierno la culpa? ¿Acaso es la culpa de la oposición? ¿Será, pues, la culpa de los políticos anteriores que nos trajeron hasta esto? No cabe duda de que lo que ha ocurrido ha sido lo peor, pero ¿será solo un fenómeno local o es una muestra sin anestesia de lo que pasa en el mundo? ¿Será la culpa del capitalismo, del patriarcado decadente? ¿Será la culpa de los políticos, los ladrones, de los padres abandonadores, de las madres abnegadas, de la televisión, de los videojuegos, del celular nuevo? Cuando un político abusa del poder y se roba unos reales, se podría preguntar uno: ¿De qué familia salió? , ¿En qué vecindario se crio?, ¿En qué escuela se educó? ¿Serán los políticos de una especie nefasta totalmente distinta al resto de nosotros? Cuando ese malandro era más joven, ¿con quién jugaba, con quién conversaba, con quién tomaba un café o unas cervezas? Cuando el esbirro se enamoraba, ¿quién le prestaba atención? ¿Qué comida le hacía su mamá, su tía, su abuela? ¿Qué cariños le prodigaban? ¿Qué disciplina le aplicaban? ¿Será todo esto culpa del vecino, de las malas juntas, del maestro, del señor de la bodega? ¿Será culpa del dinero, de las novias, de los ricos, de los pobres? ¿Será culpa de la familia disfuncional? Si así fuere, ¿quién la puede convertir en funcional para que así deje de proliferar tanta rata que eventualmente afectará la vida de millones?