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sábado, 4 de octubre de 2025

La otra Torre de Babel

Es la Torre de Babel enrevesada. En lugar de confundirse todos diciendo cosas en palabras distintas e inentendibles, es una en la que todos, fingiendo decir lo mismo, lo hacen con un entendimiento diverso que, aunque al principio parece que estuviesen de acuerdo, los hechos posteriores darán cuenta de que no es así. ¿Por qué digo “fingiendo”? Porque pasan lo años y ese fenómeno que al principio era inconsciente, pasa a ser instrumento voluntario del engaño y el autoengaño para sobrevivir, aunque sea entre espinas, en este mundo difícil. Así pues, cuando se habla de amor, de Dios, de libertad, entre muchos otros, cada quien tiene un diccionario distinto en su cabeza, un diccionario formado por creencias y por percepciones amañadas para evitar el dolor. Obviamente, este parapeto, esta caricatura, igual está predestinada a crear dolor a causa de su origen chueco. Como ven, aunque no es la misma Torre de Babel, genera el mismo desastre.

domingo, 16 de febrero de 2025

La creencia como instrumento

En este mundo material y de conceptos en que nos manejamos es imposible ver la realidad de cerca, por lo que la búsqueda de la verdad resulta una aventura infructuosa desde cualquiera de las perspectivas. Cuando jóvenes arrancamos con algunas teorías aparentemente sólidas que la experiencia y el aprendizaje va minando, terminando cada uno lejos de donde arrancó. La solución ante la imposibilidad de tocar la realidad con la mano son las creencias. Resulta cada vez más evidente que las creencias son el instrumento indicado para establecer una verdad usando nuestra voluntad y el grado de conciencia a la que podamos acceder. Eso sí: sin dramas ni escándalos. Las creencias tienen mala prensa porque se han restringido a la religión y a un sector de la política, sin tener en cuenta que cada conocimiento no comprobable por nosotros es una creencia. Esta vez no serían estorbos que impidan reflexionar. Por el contrario, nos servirán para establecer los temas y sus perspectivas con la mayor coherencia posible. Saber que manejamos creencias y no el conocimiento definitivo nos liberará de los dogmas autoimpuestos y nos permitirá mantener el oído, los ojos y el corazón abiertos al crecimiento personal serio y a perfeccionar, ¿por qué no?, cada una de nuestras creencias para seguir trabajando en el marco ético en el que queremos fluir, cada vez, con mayor tranquilidad y sintiendo que hemos hecho lo correcto.


domingo, 26 de enero de 2025

Horacio se fue en paz

Inmovilizado en su cama, me volteó a ver con dificultad y con cierto interés en que yo escuchara, Horacio me contó un chiste:

— Este era un tipo que tenía una dificultad: defecaba en sus pantalones cuando saludaba, cuando daba la mano. Fue a varias consultas médicas de las que salió bien en sus medidores físicos, siendo la recomendación final del médico visitar al psiquiatra. Seis meses después, encontrándose con su amigo de la infancia —quien conocía su problema— lo saludó dándole un apretón de manos. Su amigo, sorprendido, le dijo “¡Caramba! Veo que ya no tienes tu problema”, a lo que le contestó “Todavía me cago, lo que pasa es que ya no me importa”.

Me reí como como quien se ríe de un chiste contado por un enfermo terminal. Es como entrar en esa cueva llevado a juro, lanzado a ese rincón oscuro para intentar condescender con la persona postrada. Fue divagar al no saber qué es lo que pasa en la cabeza del otro y, sobre todo, por nuestra cabeza. Fue una pequeña vorágine entre practicar la compasión o la empatía, de seguir la corriente frívolamente o de hacer quién sabe qué cosa que debamos hacer en ese momento de desconcierto.

El recuerdo de ese momento tan embarazoso me persiguió varios días después del fallecimiento de Horacio, y no fue hasta una madrugada en la que no podía conciliar el sueño que entendí, aliviado, el mensaje de Horacio: me voy en paz.

viernes, 10 de enero de 2025

Expectativa mortal

La vida no es como uno quisiera y la distancia entre la realidad y nuestros deseos son los que producen el sufrimiento. Una expectativa es un peligro potencial que atraerá el dolor en cualquiera de sus formas. Ese atrevimiento de esperar de la realidad algo que no cuadra por ningún lado es un boleto a un viaje sin pronto regreso a un sitio donde el absurdo tendrá su oportunidad de florecer y ninguna de las situaciones que se produzcan allá tendrán fácil salida porque son el resultado de un enredo tras otro, de varios desvíos consecutivos del camino original ya olvidado. La única solución que se vislumbra es volver al camino original y aplicar el conocimiento adquirido —si fuese la afortunada consecuencia—. Pero sabemos que eso es tan difícil como dejar de defender nuestras equivocaciones. Sabemos que no sabemos cómo hacer para salir del lío sin que duela. Aquí se presentan las opciones para lidiar con el entuerto: seguir embriagados por el camino del alivio sucesivo o, en medio del dolor edificante, ir a la solución definitiva que comprende arrancarse de tajo el malentendido y caminar al fin el camino de la curación. Esta es una repetición insalubre.