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lunes, 25 de enero de 2021

Las válvulas de la vida

Las válvulas, tal como las conocemos, son un mecanismo para regular los flujos, para liberar las presiones: el instrumento por excelencia para alcanzar el equilibrio… o al menos eso se supone. Mirando al espejo y por la ventana, podemos ver que aunque no lo sepamos, todos andamos en busca del equilibrio y pasamos toda la vida tratando de emparejar el aporte que deja cada día con el bulto de creencias que traemos del pasado. Al sentir hambre, uno come. Al sentir el peso en la vejiga y demás tripas circundantes, uno se levanta para ir al baño y equilibrarse para quedar como nuevo. Unos estudian, otros trabajan, otros se casan. A veces se torna confusa la cosa en eso de buscar equilibrios, y cuando las creencias son necias y autodestructivas, comenzamos a necesitar “mi propio espacio”, retiros, terapia. El alcohol, el café, la novia, la oficina y demás drogas están ahí como acomodo temporal, esperando a que entremos en crisis existencial para recibirnos. Trabajamos y estudiamos hasta necesitar vacaciones —o al menos la cervecita del viernes—; compramos un artículo hasta que necesitemos otro y otro; trabajamos en la meta establecida hasta necesitar otra meta distinta, porque nunca bastará, porque “hay que tener una ambición”. El entorno nos afecta la mente, y ésta al cuerpo, así que no pasará mucho tiempo para que llegue la alarma, la intranquilidad, la enfermedad, diseñada específicamente para entregarnos el ultimátum ante nuestra inconciencia incansable, repetida, reinventada cada vez bajo el disfraz de progreso.

martes, 8 de octubre de 2019

La válvula

Día con día, va subiendo la presión. El devenir de las horas no pinta nada fácil. La semana se va llenando de plomos en el ala hasta dejarnos agotados en el suelo. Es entonces cuando es hora de buscar, tal vez con la mano, a ciegas, la válvula que nos liberará del aprieto en el que nos metimos. Comienzan las excusas, desfilan las opciones de desfogue. Unos bailan, otros se embriagan, muchos salen corriendo a practicar su “hobby” de turno. Y de verdad se siente bien. Se siente como que estamos viviendo la vida como es debido, a fin de mes, con la quincena, de vacaciones. Pero mirando de lejos, solo parece un rebote monótono entre la tensión debida, normal y hasta soñada de ser adultos, y la dosis de locura necesaria para seguir ese trote. Como todo golpeteo, mientras más presión, más locura en respuesta. Por muy de moda que este zigzag haya estado en las últimas décadas, y por lo que se exhibe en las salas de hospital o en las gavetas de las medicinas, no hay nada que celebrar. Esta rutina no parece producir nada que merezca un premio. Nada cambia. Ya viene el lunes fastidioso… ya viene el viernes de gozadera, de liberación. Nada parece poderse visualizar más allá del estallido de la próxima válvula, del próximo escape, porque lo cierto es que la vida se tornó tan insoportable que necesita un alivio salvador obligatorio cada ciertos días.