Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
Mostrando entradas con la etiqueta prepararse. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta prepararse. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de julio de 2019

Tranquilo, que no duele

Tranquilo, que no me duele. Desde la cama te observo ir de aquí para allá, preocupado, angustiado por mi estado físico, pero debes tranquilizarte porque no me duele. No puedo hablarte para desmontar tus temores. Entiendo bien que mis aspecto no es el mejor en años, pero eso no es lo que me interesa ahora. Ahora me interesa que te tranquilices, que me acompañes bien, que compartamos estos momentos. Me interesa que te prepares y despiertes para aceptar lo que viene, tanto o mejor de lo que yo lo estoy haciendo… porque tú te quedas. Quiero que te sientes a mi lado, me tomes de la mano y estemos un buen rato en silencio, entre una y otra mirada de reconocimiento. Quiero que te alimentes a tus horas aunque no tengas tanto apetito. Quiero que intentes dormir para que recuperes tus fuerzas y vengas mañana a cuidarme. No quiero que seamos dos los enfermos: no te toca a ti. Quiero que limpiemos estos días de polvo y paja, de drama innecesario. Hoy estamos aquí, los dos, vivos, sintiendo este amor de emergencia, tan difícil de expresar en días normales, de salud, de aparente vida inagotable. Pero, qué se le va a hacer… Quisiera, si fuese posible, apagar el futuro de siempre, ese impulso tan dañino, la costosa irresponsabilidad que nos saca del presente, de la vida real, gratuita, al alcance de la mano, para trasladarnos a la incertidumbre de siempre, la que manda directo a la basura esas horas de hoy por las que luego rogaremos una prórroga. Es de noche. Te veo cansado. Vete a la casa.

martes, 30 de abril de 2019

¿Sorpresa? No te creo...

Todos los días muere gente o es asesinada. No dejan de cometerse crímenes en todos lados. Hay muchísimos rompimientos sentimentales cada día. No faltan las situaciones de aprieto de dinero, de lejanía, de nostalgia. Se me quedó la llave, no había pan, se fue la luz. No se si nos hemos enterado, pero no tenemos control sobre las cosas. Todavía no nos queda claro todavía que ese control sobre el entorno es una ilusión muy convincente de nuestra propia manufactura. Entonces, en medio de nuestro circo silencioso, de este acto de sueño crónico inducido, nos “sorprendemos” con lo que pueda ocurrir. Cada vez que surge algún inconveniente —no importa el tamaño—, nos llevamos las manos a la cabeza y lanzamos exclamaciones como si ese día —ni ningún otro— estaba destinado para que no ocurriese nada que no nos gustara, que no estuviese en el menú que preparamos… ¡Cada vez! Es curioso, pero hay algo en nuestras mentes que nos hace desajustarnos de cómo son las cosas y tratar de sostener, a ultranza, cómo queremos que sean el modelo correcto. Ignorar permanentemente la realidad de las cosas produce llagas y no hay duda de que en el lecho mortuorio, plagado de llagas, sí que nos vamos a llevar las manos a la cabeza… por última vez.