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domingo, 24 de abril de 2016

Amores del pasado

Zumbarse con ganas y los ojos cerrados. Soltar el sustento vital y lanzarse directo al espejismo. Enjabonarse con la sonrisa perenne, con la esperanza eterna sin mañana ni malicia. Perderse entre los colores inventados por uno mismo, por el buen deseo y sin consultar. “Toda una payasada”, piensa uno después del carajazo que hace despertar. “Qué imbécil fui… ¡esto no me pasa más nunca!”, replica uno a la vida que cree que tiene. El guayabo se parece más a una resaca que duele más arriba del estómago y que no pasa mañana. Aun así, e igualito que con el alcohol, el episodio se repetirá y hasta la experticia ganará uno en el camino, donde pisa, ahí abajo, donde se podrán recoger eventualmente la autoestima y la dignidad amortajadas por los locos proyectos en los que se invirtió todo el ahorrito emocional. Medio muerto y medio enterrado se pudo seguir adelante. Pero la esencia quedó. La supervivencia prevaleció, con todo y redundancia. El gusto no lo quita nadie, como dicen de lo bailao. Quién sabe si fue necesario tanto barullo, pero me agrada el producto más silencioso, de pocos faros, de extinguidos sobresaltos. Prefiero lo que quedó del doloroso tamizado de años de incertidumbre. Me voy a dormir.

jueves, 21 de abril de 2016

No soy experto, pero quiero hablar

No soy experto, pero quiero hablar. No quiero salir harto de información para poder salir y dar mi experta opinión. No quiero venir y lanzarte en la cara los años de estudio tesonero, de diplomas, de pehachedés y demás certificados para que te quedes callado y me escuches. Quiero decir lo que siento, lo que se me ocurre, sin tener que elaborar una tesis y escribir un libro en ese respecto. Quiero, más bien, mirar alrededor con atención y sacar mi propia conclusión. Necesito rayar en mi cuaderno, tomar mis propios números y establecer yo mismo los patrones, las tendencias. Quiero escuchar, aunque sea de mi propia manufactura, la causa de lo que veo, lo que produce nuestra situación de vida. Quiero, si fuese posible, desmentir a quienes se acercan con malabares aprendidos, con retorcijones verbales, con cristales y espejitos académicos a conquistar nuestra buena voluntad.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Te vas a morir

Te vas a morir. Y es mucho más: todos moriremos. Entonces dime, ¿qué vas a hacer? ¿Te vas a quedar ahí mirándome? ¿Te vas a quedar preso de tus miedos, de tus prejuicios, de tu historia? Que te mueras no es un problema; es solo el paso final de la bendición otorgada para deambular por el mundo. Si fuese un problema, tuviese solución... pero no la tiene. Puedes retrasarla, pero eso no la decarta. Deja ya de hacerte el pendejo, porque igual te vas a morir. No importas dónde te metas, porque llevas la muerte por dentro. Pero por dentro llevas también la vida. Por dentro llevas también la energía para sentir, para lograr, para sonreír. Siempre has tenido la opción para escoger, pero siendo honestos, con los ojos cerrados no es fácil. Así que levántate, acércate, acompáñame. Comienza a vivir manquesea desde ahora. No te lamentes. Agradece, más bien, la nueva oportunidad dada hoy.

Eres la fuente

Eres la fuente. Eres el origen. Eres eterno. Eres el flujo indetenible de ideas y flores que permanentemente nos beneficia con su existencia. No importa que se pretenda desechar lo que va de tu obra. No importa que traten de detenerte. Eres torrente porfiado, empecinado. Te miro con sonrisa y agradezco que estás cerca, y aunque sé que tu nube viajará, aprovecharé muy disimuladamente tenerte ahora sentado a mi lado.

domingo, 27 de marzo de 2016

Soy el genio

Soy el genio. Tú no. Yo soy el que saca conejos del sombrero. Yo invento a partir de mis ideas originales o de ideas ajenas, quién sabe; igual, la combinación es mía y es original. Puedo elevarme delante de quien sea y disertar con brillantez mientras doy vida a nuevas realidades. Aunque no me interesa el dinero como la prioridad que me gobierna, es muy sencillo saber que llegará solito, dentro de poco, a muy placenteras cantidades. Mientras, tejeré una organización. Ahora yo soy quien provee el ingreso a gente como tú. Ahora soy yo quien ve con agrado cómo se expande mi pequeño terreno a la hectárea inicial, a mi punto definitivo de partida. Aunque ahora reposo para recoger un poco la idea de todo esto, estoy cuadrando con la gente que me acompañará para armar el prototipo de lo mío y poner el mantel. Me encuentro haciendo malabares con objetos, con ideas, con conceptos, con argumentos, con criterios. Formulo hipótesis increíbles, llego a conclusiones insospechadas para la gente de la calle. No solamente conozco la manera en que actúa mi mente, sino que puedo dar fe de cómo trabaja la mente colectiva. Dado eso, no tengo duda de que puedo inducir acciones en ustedes apalancándome en los estímulos que tan fácilmente me dieron a conocer. Ya tengo logo, silla y ego bastante altos. Doy trabajo, hago favores, genero deudas morales. Atraigo miradas, simpatías y hasta admiración. Es estupendo todo desde un punto de vista… el mío. No faltan, claro, los envidiosos, a esos que no me llegan a los talones, a aquellos que solo saben recostarse de los árboles frondosos. Ya soy todo lo que podía ser. Ya tengo todo lo que podía tener. Ya sé todo lo que me ha interesado saber. Nada ha detenido mi surgimiento en el ámbito universal, y nada parece poder hacerlo. Solo tengo una pequeña objeción a todo lo construido, y es que siempre me parece que hablo solo, que mi audiencia anda en otra onda; que soy como esas maquinitas monederas elegantes, boyantes de tecnología, a las que les sacas un dulce pero que luego de obtenerlo te marchas y no la quieres ver hasta que te vuelven las ganas. A veces siento ese pequeño corrientazo que ya estoy eliminando, ese que me dice que soy solo una disfunción que floreció hasta más no poder.

viernes, 11 de marzo de 2016

Verte en bata de casa

Verte en bata de casa. Eso es lo que quiero. Quiero verte sin ganchos, sin pinturas, sin zarcillos. Si fuese posible, quisiera verte sin los atavíos acostumbrados en los sitios donde te me presentas. Necesito saber si brillas sin luces alrededor, si embriagas sin refuerzos, si despampanas de cerquita. Quiero verte sin zapatos, comiendo papitas o tirada en el piso, mirando mala TV. Muero por mirarte picar una cebolla, barrer con flojera, pasarle un trapo a tus propias regueras. Ya basta de concesiones, de créditos a plazos increíbles. Llegó el momento de ser sincera con tu admirador número uno. Te quejarás de la cola, del calor, de bañarte todos los días. Irás bajando lenta, temeraria y tortuosamente a mi nivel, a este tierrero en el suelo en el que todo se ve grande, a esta cochinada de jornada. Por último —y hasta como un favor lo aceptaría— quisiera saber de tu sudor, de tu saliva, de tu aliento de madrugada, cuando al fin me descubra a tu lado… al lado de alguien igual que yo, pero que ostente toda mi atención enfermiza.

domingo, 28 de febrero de 2016

La tortuga en el árbol, por supuesto.

Alguien dijo que había llegado un desconocido. Alguien más mencionó que sabías cosas que no sabíamos nosotros y que venías relucientemente ataviado. Como es natural, no me interesó. Pero siguieron diciéndolo hasta que la curiosidad me embargó y al final estuve cerca de ti por un rato para saber de qué se trataba toda aquel barullo a tu alrededor. Pero no. Nada de lo que pude ver, oír, sentir, me atrajo como a los otros. No pasó mucho tiempo sin sentir la presión de mis iguales por unirse a tu causa, a tus gustos, a tus necesidades. A mi pesar, luego de pocos años, comencé a ataviarme como tú, como ellos, que habían adoptado tus maneras con solo conocerte. Me acostumbré y fue inevitable, como con todas las costumbres, el dolor al tratar de separarse. Por eso seguí, para no sentir que fallaba en el intento. Pasaron más años y hasta de tu representante fungí; quien no te presentase sus respetos tenía la indiferencia asegurada. La vida siguió con esa piedra en el zapato convertida en simpatía insospechada, en piel de mi piel, en mí mismo. Pero en estas noches desperté sobresaltado, desconociendo todo lo que me rodeaba desde que llegaste; lamentando todo lo que mi flamante hipocresía me empujó a hacer. Me sentí el imbécil que parezco ser entre quienes conocieron al verdadero yo. Sentí con rabia que me embarqué en tu lógica, que traté de ser como tú por aclamación popular, y de repente, como no era tú, resultó que fallé. Ahora tengo arraigadas necesidades que no fueron mías y hasta camino como tú. Me siento como la tortuga montada en el árbol. Ahora soy incompetente según tus reglas, en el tipo que no fue capaz de tener el éxito mínimo que los demás esperaban de mí, en lugar de seguir siendo el ignorante resuelto y feliz que dicen que hubo en mí hace ya algún tiempo.

El camino inevitable

Lo inevitable de mi camino no escogido me somete tiernamente. Lo inexorable de mis opciones limitadas para volar me obliga a escarbar en el suelo, a buscar tesoros en otro sentido. Mi mirada, antes levantada al espacio desconocido, improbable, me empuja a mirar a los lados, a identificar el entorno, a conocer a mi semejante. Ahora siento que debo entrar al grupo, hacer equipo y organizarme como pueda, según veo, con quienes aparentan estar dormidos aún. Tal vez, y a pesar de lo duro que pueda ser, podamos hacer algo con esto tan duro que nos tocó vivir. Pero ese soy yo, el que piensa, el inteligente, el desenvuelto… Por otro lado están los otros, los que siempre he considerado adormecidos, quienes parecen ir siempre donde se les indica, quienes tildan de locos a los que se atreven. Ellos, los adormecidos, tejen en silencio; tejen algo que no puedo ver con mis ojos entrenados para lo complejo, para la grandeza invisible para ellos. Día a día, con el pasar de las horas, de los meses, de la vida, su prisión se nota menos estrecha. En medio del espacio asignado por sus dictadores, se forjan un pequeño castillo también invisible, que va creciendo y fortaleciéndose con el tiempo. El cansancio físico encuentra refugio en el nido ya casi terminado. He visto con ojos incrédulos cómo la vieja silla, la mecedora que cruje, dispara la mirada perdida que ya no se detiene en detalles importantes para mí, sino que se queda redondeando ideas desconocidas y terminan con una sonrisa. Atender al perro, acomodar las matas del patio, jugar con el pequeño de la casa o simplemente contemplar el atardecer se han convertido en el paseíto diario de su sabiduría silente, la que sin darme cuenta surgió delante de mis ojos y de la que ahora necesito tanto.

martes, 23 de febrero de 2016

Eso no sirve

Eso tiene algo raro. Eso, de alguna manera que no puedo etiquetar, no sirve. Lo he visto por un tiempo y entre argumentos y prestidigitaciones no vi que avanzase un centímetro, que ahorrase un segundo, que causase algún bienestar. Prefiero que no sigas explicándome porque mientras te explayas, sigo mirando la cosa y no cuadra nada. Es casi una revelación ver una contradicción en curso, un desfile de palabras por fuera de su propia pasarela. Me dices que soy tapado. Me dices que soy obtuso, que no tengo la amplitud necesaria para entender esa maravilla que me presentas. En mi defensa, debo decir que no necesito contener a la academia para saber cuándo algo no funciona. Esa vaina no funciona y así me saltes disfrazado de mago, no existe en mí la disyuntiva e creer o no creer.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Me gustaría descubrir...

Me gustaría saber que hay mucho más que esto. Me gustaría descubrir que no todo es esfuerzo que se pierde en la caja de una tienda. Me gustaría saborear algo más allá del despertador, de la ropa planchada, de la cola en la autopista o el apretón del tren. Sería lindo saber que estar diez horas en una oficina ajena o deambular pescando monedas por la calle no termina solo en cansancio, en hastío, en años evaporados sin legado. Sería decente saber que no nos consumiremos como un cigarro en la boca de un depresivo, esperando un futuro mejor que no llegará nunca. Sería espasmódico saber que hemos botado tantos días en pendejadas y lo vamos a pagar carísimo, cuando ya no se pueda recuperar sino el arrepentimiento. Sería espectacular ejercer la creatividad como medio de vida. Sería rico saber que el amor lubrica todo lo que no marcha fácil. Sería interesantísimo ejercer la equivocación sin tanto miramiento como medio de aprendizaje efectivo. Pero todo el escrito está en condicional y así se va a quedar, porque sería, según los que sí saben de éxito en pantalla, una equivocación despertar a tiempo.