Había una vez una
arepera en el centro que se la pasaba vacía. Uno que otro venía en la noche, y
ante el hambre que dan las rumbas y la soledad de la cuadra, entraba y comía. No
había mucho qué hacer. El nuevo dueño, mirando lo que ocurría, se figuró una
estrategia muy clara. Dos semanas después, había una arepera justo al lado de
la antigua. De ahí en adelante, la mayoría de la gente, conociendo la fama de la
vieja arepera, plenaba la nueva. Nuevas instalaciones, hornos, mostradores y
hasta una cajera muy linda. En “respuesta”, el ahora dueño de ambas areperas
comenzó a remodelar la vieja y, aprovechando las comillas, comenzó la “competencia”
entre ambos negocios. Al pasar el tiempo, las dos areperas estaban muy parejas
en eso de la venta de la comida y, claro, los ingresos por caja. Pronto hubo
grupos de fanáticos de cada uno de esos negocios que discutían por qué comer en
una y no en la otra. Muchos y muy apasionados llegaban a contar las historias
de cada local con entusiasmo, con vehemencia, y hasta con cierto compromiso.
Muchas veces se armaron tánganas en la que los clientes de una y de otra,
vestidos con franelitas y banderillas de distintos colores se amenazaban entre
ellos, se juraban liquidarse entre sí. Mientras pasaba el tiempo y los sucesos ya
mencionados, desde la azotea de ambos recintos (que era la misma —una sola
azotea—, por supuesto), el dueño de ambos negocios campaneaba su trago, como
todas las noches y con la misma sonrisa en los ojos, admirando cuán genio era
él y qué pendeja era la multitud que se escuchaba furiosa desde la altura de su
sillón.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
viernes, 18 de septiembre de 2015
Marionetas urbanas
Había una vez una
arepera en el centro que se la pasaba vacía. Uno que otro venía en la noche, y
ante el hambre que dan las rumbas y la soledad de la cuadra, entraba y comía. No
había mucho qué hacer. El nuevo dueño, mirando lo que ocurría, se figuró una
estrategia muy clara. Dos semanas después, había una arepera justo al lado de
la antigua. De ahí en adelante, la mayoría de la gente, conociendo la fama de la
vieja arepera, plenaba la nueva. Nuevas instalaciones, hornos, mostradores y
hasta una cajera muy linda. En “respuesta”, el ahora dueño de ambas areperas
comenzó a remodelar la vieja y, aprovechando las comillas, comenzó la “competencia”
entre ambos negocios. Al pasar el tiempo, las dos areperas estaban muy parejas
en eso de la venta de la comida y, claro, los ingresos por caja. Pronto hubo
grupos de fanáticos de cada uno de esos negocios que discutían por qué comer en
una y no en la otra. Muchos y muy apasionados llegaban a contar las historias
de cada local con entusiasmo, con vehemencia, y hasta con cierto compromiso.
Muchas veces se armaron tánganas en la que los clientes de una y de otra,
vestidos con franelitas y banderillas de distintos colores se amenazaban entre
ellos, se juraban liquidarse entre sí. Mientras pasaba el tiempo y los sucesos ya
mencionados, desde la azotea de ambos recintos (que era la misma —una sola
azotea—, por supuesto), el dueño de ambos negocios campaneaba su trago, como
todas las noches y con la misma sonrisa en los ojos, admirando cuán genio era
él y qué pendeja era la multitud que se escuchaba furiosa desde la altura de su
sillón.martes, 15 de septiembre de 2015
El hombre... una de vaqueros.
El hombre, lanzando
manotazos de desesperación se quejaba de no poder respirar. Llegó un poco de
aire, de oxígeno, y se fue tranquilizando. Poco rato después, el hombre se dio cuenta
de que no podía moverse. La aflicción lo atacó, mientras se le despertaban las
extremidades. Después de un instante, el estómago le indicaba la necesidad de
alimentos. Entre la queja y el hambre, corrió detrás de su presa hasta
dominarla. Como mucho placer la desguazó y comió las partes más deliciosas. Dormía
el hombre su desayuno, cuando al despertar, se dio cuenta de que no podía ver
bien. Estaba oscuro. A rastras logró reunir unas ramas secas y con unas piedras
que le hicieron tropezar y caer, pudo hacer el fuego necesario para ver, para
combatir el frío, para calentar su comida. Yacía el hombre recostado en la
pared externa de su refugio, y mientras amanecía comenzó a ver la extensión de
la tierra donde vivía. Los árboles movidos por el viento, los ríos incansables
que le daría el agua para completar su sustento. Bajó el hombre de su colina y
comenzó a reconocer el vasto territorio; el olor a tierra mojada, a vegetación
viva. Después de pocos meses, ya todo le era familiar y se aburrió. Sentía que
necesitaba más que eso, pero no sabía qué cosa podría ser. 190 mil años después,
sigue aburrido. 190.000 todavía no sabe qué cosa sería esa que lo completaría.
190.000 se entretiene incansablemente hasta el día de su muerte.
sábado, 5 de septiembre de 2015
Mejor no hables
Hablas de ideas, pero no se te notan en tu caminar. Hablas de espiritualidad, pero eres todo un juez. Hablas de genialidades, pero no resuelves ni tus dificultades ni las de los demás. Hablas de lo experto que eres, pero se te ve trastabillar. Hablas de visión, pero no te veo caminar. Hablas de lo saludable, pero te estás muriendo. Hablas de un mejor ser humano, pero no das el paso. Hablas de la debilidad de los demás, pero no de las tuyas. Mejor no hables.
sábado, 1 de agosto de 2015
Hay señales
Hay
señales. Claro que sí. Hay señales en el aire, en el suelo, en el camino hecho
por otros. Hay señales en la ausencia, en la presencia que aparenta alegría o
monotonía. Hay señales en sus ojos gachos, en su sonrisa de años, en su
fastidio disfrazado. Hay señales que no dejan de avisar, te digo. Hay señales
en los días de sordo silencio que no dejan de gritarte cosas. Hay señales,
aunque no lo creas, hasta donde están prohibidas las señales. Por ello, no me
vengas ahora con que no viste nada, con que sentiste nada, con que no te dolió
nada antes de afrontar este abandono autoinfligido.
miércoles, 17 de junio de 2015
Oscura simetría
Y me
sigo agarrando, en medio del temor de niño, entre la necesidad de que haya una
fuerza superior que me controle, que controle al resto, y la libertad absoluta,
solitaria, triste, que brinda el libre albedrío no solicitado. Sigo encerrado
entre los barrotes de la no resolución, de la indefinición indefinida. Ejecuto cálculos,
llevo a cabo fórmulas, establezco aparentes tendencias que salen del saco de
vivencias que me entumece el espinazo, pero todo termina, cada vez, en un
sollozo ridículo que me avergüenza… cada vez. No hay respuestas. No hay, ni
siquiera, pistas que permanezcan a disposición por más de pocas noches. El frío
de la responsabilidad absoluta, el ardor de lo que ya no se pudo cambiar, la
amenaza constante de lo que no se podrá lograr en el futuro, sólo me hacen
agacharme y tomar entre mis manos temblorosas, el trapo omnipresente de la
hipocresía para aliviarme, para cobijarme de los punzones de quienes no me
aprueban. Y así me confundo entre ellos, entre los malos de mi película; me
mimetizo y me vuelvo uno de ellos, disponiéndome, en adelante, a destrozar a
cualquiera de los míos que pase por el pasaje de la emboscada, por el umbral
preciso donde hay que decidir qué coño hacer con esta vida.
martes, 28 de abril de 2015
Devuelve a ese carajito
Ahora tienes la oportunidad de deshacerte de esa molestia que representa esa criatura que, en resumen,
te amarga la vida. Dile adiós a esa “Bendición de Dios” que ahora te tiene las
ojeras florecidas y la paciencia agotada. Nuestro novísimo servicio te garantiza
que nadie se enterará de esa determinación. Todas esas vivencias serán borradas
de tu mente y la de tu familia y conocidos mediante un innovador Acelerador en
Retruque que nuestros técnicos ingeniosos parieron hace poco. Te invitamos a hacer
las cosas bien desde el principio, bien planificadas, dejando para el momento
adecuado los pasos importantes de tu vida. Ya basta de corredera, de gritadera,
de lloradera y trasnochos que no parecen valer la pena. Eso sí, por
experiencias anteriores muy frecuentes, Ud. deberá firmar la cláusula única contra
lloreríos, sacudidas contra el piso, cargos de conciencia y llamadera de gente
que no existe a las puertas de nuestra organización.
Llame ya… firme aquí.
domingo, 5 de abril de 2015
lunes, 23 de marzo de 2015
La Bestia que Golpea
Eres la bestia que golpea, que pellizca, que grita. Luego,
te refinas un poco, y amenazas con vehemencia, logrando el terror de quienes te
rodean. Eres el animal sobre valuado que tiene permiso para insultar. Te
reservas el derecho de argumentar, de manifestar criterio, bueno, de usar el
cerebro para algo distinto que no sea urdir castigo. Lees un par de libros y aprendes
a maltratar sin hablar, sin tocar. La indiferencia hacia quienes se atrevieron
a establecer compromiso es tu nuevo puñal. Eres la vergüenza de todo el que
pretende vivir en paz, rodeado de respeto. Eres una bestia incurable. Si fueses
pobre, estuvieses solo.domingo, 22 de febrero de 2015
Caramba, hermano
Caramba, hermano, dame luz para llegar a tu oscuridad. Bríndame una pista para aterrizar cerca de ti. Dame tú, hermano, en principio, la oportunidad de saberte, de apreciarte como bien mereces, y saber, de primerísima mano el camino que te mantiene cautivo en el infierno. Disculpa la invasión en tus predios, pero percibo que estás en peligro de perder tus oportunidades futuras de sonreír con ganas, de sonreír sin miedo. Disculpa mi miopía al solicitarte paso a tus ternuras temblorosas, a tus tesoros maltratados. Considera, por favor, lo limitadas que son mis persistencias, mis intenciones, mis disposiciones alienadas por los años de bienestar. Ayúdame a ayudarte, mi hermano, antes de caer de nuevo en la entretenida y superficial inconciencia del egoísmo.
viernes, 13 de febrero de 2015
Entre nos... Hereje.
Si
me escuchas, contesta. Si mejor te suena: “Por favor” ¿Eres tú quien me usa, o
soy yo quien te usa a ti? ¿Acaso tu nombre en mis labios debería tupir las
respuestas a mis hermanos y sus inquietudes? Si yo hago tu voluntad, ¿qué pasa
con la mía? Flaco albedrío, sospecho, gobierna mis decires. Dime, ¿tu voluntad
es tu responsabilidad? De ser así, la tentación de culparte por mis desatinos
se enciende de cuando en cuando, con el temor subyacente de estar orquestando
peligrosa payasada. ¿Qué pasa con quien está fuera de este compinchazgo? Les
hablo de ti, pero no me atienden ¿Cómo puede ser ignorada la verdad tan adrede,
incluso si se dice gritada? ¿Será culpa tuya, también, mi torpeza al
aproximarme y contarles tu historia, la mía? ¿Puede ser así? Yo, como
instrumento tuyo, como tu brazo ejecutor, sólo cumplo tus designios. No me
mandas tus mejores palabras. No me envías tus mejores frases; aquellas que
hacen comprender al instante tu presencia. Me paralizo al tratar de argumentar
a tu favor, de echar para afuera toda esa pasión por ti que pretende ser
constructiva. Creo que he descubierto una pared entre tú y yo, y hasta se me
ocurre que es por culpa tuya.
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